Ante la renuncia de un gigante

Mi primera impresión ha sido de incredulidad. “¿Cómo que renuncia? Nada, seguro que alguno de estos expertos en religión de los periódicos la ha vuelto a pifiar.” Luego he leído la noticia en un portal especializado, y ya me he dado cuenta de que era verdad. Benedicto XVI decide renunciar al pontificado.

Me queda una cierta sensación de orfandad, como si un abuelo muy querido me dijera que ya no puede estar conmigo. Por supuesto de sorpresa, porque ni en sueños pensaba que tal cosa fuera a ocurrir. Y de gratitud. De mucha gratitud. Porque ha sido un auténtico gigante hasta el final. Hasta llegar a tener la humildad de pedir perdón por sus defectos y de renunciar al pontificado después de evaluar su estado y ponerlo todo en oración.

Porque eso no lo podemos dudar: Benedicto XVI lo ha orado. Es absurdo compararle con el “aguante” hasta la muerte de Juan Pablo II. A cada uno se le pidió una cosa. A Benedicto XVI el Espíritu le ha dado a entender que, ahora, su papel está en la oración de una forma más retirada. Seguro que le ha costado tomar la decisión. Pero ahí está, con humildad, aceptando los caminos que el Señor le pone delante sin preguntarse “pero ahora, ¿dónde me llevas?”. Ver a un gigante con esa humildad es sobrecogedor.

Ahora empieza el circo mediático. Los que aprovechan para tirar basura a la Iglesia y a Benedicto XVI, las quinielas de cardenales que no suelen acertar casi nunca, los especiales una y otra vez sobre los cónclaves… De paso, unos cuantos también aprovechan para desempolvar pintorescas profecías sobre el fin de los tiempos. Incluso mensajes de una supuesta aparición de la que no voy a hacer publicidad en la que parece ser que la Virgen no consideraría Papa a Juan Pablo I porque duró poco tiempo. Ya ves, para Dios sí fue Papa pero para la Virgen no. Todo porque, con Benedicto XVI, ya no salían las cuentas del número de papas antes del fin. Vaya insensatez. Pensar que hay quienes siguen creyéndoselo a pies juntillas. De todo hay.

Debemos confiar en el Espíritu Santo, que guía la barca de Pedro. Debemos rezar por Benedicto XVI y por el cónclave, para que salga elegido el mejor Papa posible para los tiempos que corren.

Se podría decir mucho y siempre sería poco. Sólo voy a añadir dos cosas más:

¡Gracias, Señor, por el Papa Benedicto XVI!
¡Gracias, Santo Padre, por su pontificado!

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.