Aprendiendo de los hijos a superarse

Aprendiendo de los hijos a superarseHay que reconocerlo: los hijos nos dan muchas valiosas lecciones. Solo hay que estar atento y ser humilde para aceptar recibir lecciones también de aquellos a quienes tenemos el derecho y la obligación de educar. De vez en cuando, conviene ponerse a la altura de los peques de la casa y ver el mundo desde esa nueva óptica.

No tengo ni idea de cuántas veces nos vemos limitados por nuestras propias ideas. Por nuestras propias fronteras. Es un poco como aquella fábula en la que un elefante había crecido desde pequeño atado a una estaca. Cuando ya creció y se convirtió en un animal enorme, fuerte e imponente, seguía atado a la misma pequeña estaca en el suelo. No le habría costado nada liberarse, pero estaba limitado a lo que había aprendido durante toda su vida: no puedes soltarte de la estaca. Así que ni lo intentaba. ¿Para qué?

¿No te has visto más de una vez en esa situación?

Y tienes ya unos cuantos años a las espaldas como para saber distinguir una estaca minúscula.

Pues imagínate un niño, sin más referencias que lo que te ve hacer a ti, lo que te oye decir a ti, lo que vive en su familia… Cada día, sobre todo cuando son muy pequeños, se enfrentan a auténticos retos. Nos pueden parecer simplezas, pero para él no lo son en absoluto. Gatear, coger cosas, empezar a hablar… Una vida de desafíos constantes y que le entrenarán para los desafíos del resto de su vida si le orientamos bien.

Una anécdota para que veas cómo, a la mínima, te llevas una lección por “listillo”. Mi hijo mayor estaba jugando con unos bloques de plástico a hacer construcciones. Llegó un punto en el que daba la sensación de que el edificio en cuestión se iba a desplomar. Estaba claramente desequilibrado, tenía que caerse. Y como buenos padres “sabelotodos”, se lo hicimos saber. Esa construcción se te va a caer, no puedes seguir poniendo bloques.

Él, por supuesto, no hizo caso. La construcción no se cayó. De hecho, quedó muy bonita.

Si solo hubiera sido en esta ocasión… Pero ha habido más. Le dices “no puedes”. Y luego él demuestra que sí que puede.

Y sí, a veces no consigue lo que se propone. Buena oportunidad para enseñarle el valor de aceptar las derrotas y volver a intentarlo, ¿no crees? Además, es algo que viene bien recordar de vez en cuando. Ya no a él, sino a mí, a ti… a todos. Que unas veces se gana y otras se pierde. Pero que perder una vez no implica perder siempre. Que hay que luchar por lo que uno cree que es correcto.

Que no sirve de nada quedarse sentado diciendo “no puedo”. Son dos palabras muy tóxicas, que no deberíamos decir tan a la ligera. Y mucho menos a los niños. Menos “no puedes” y más “vamos a intentarlo”.

Tenemos que guiarles, pero sin asfixiarles. Y, de paso, aprender de ellos.

 

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¿Tienes alguna anécdota de cómo tu hijo te ha enseñado a superarte? ¡Cuéntamelo en los comentarios!

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

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