Blandengues

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León cobardeSomos unos auténticos blandengues. Hoy por hoy, los católicos españoles somos, en una inmensa mayoría (gracias a Dios, no todos), una masa fofa, insípida, tibia, con un catolicismo que, como mucho, se muestra únicamente al estar en compañía de otros católicos. O en las Redes Sociales, siempre que no haya posibilidad de que alguien nos mire mal.

Oye, ¿y así vamos a cambiar el mundo? ¿No se supone que tendríamos que estar intentando que ya en este mundo se viviera el Reino de Dios? ¿Y eso se hace escondiendo la cabeza?

Nos hemos dejado domesticar. Nos hemos dedicado a aceptar cómo es el mundo y se nos ha olvidado que deberíamos ser inconformistas, ir contra corriente y luchar por cambiar las cosas. Pero claro, como me dijo alguien una vez, “aceptando cómo son las cosas se vive más feliz”. Por supuesto. Ya he oído antes lo de que la ignorancia es la felicidad. Pero no me vale.

Vemos cómo nuestros hermanos perseguidos son decapitados, las mujeres violadas, vendidas como esclavas. Vemos cómo tienen que huir dejándolo todo atrás. Y todo por no apostatar. Por no aceptar seguir el Islam.

¿Y nosotros? Embobados en una versión megaedulcorada del cristianismo y con un pánico atroz a  ser coherentes. A que se nos vea hablando de Cristo. A que se nos reconozca como católicos. Somos unos auténticos camaleones: junto a otros católicos somos de lo más ferviente que hay. Pero rodeados de sujetos que se dedican a mentir sobre la Iglesia y a difamar a sacerdotes, cerramos el pico o, peor aún, reímos sus gracias.

Ellos mueren por no abandonar su fe. Nosotros la abandonamos todos los días. ¡Si hasta votamos a partidos abortistas como si eso fuera algo correcto! Que, por cierto, dentro de poco habrá elecciones otra vez. Ya veremos los resultados. Una vez más, las disquisiciones sobre males menores para justificar elegir el mal. Para que la conciencia, tan pesada ella, no dé demasiado la lata.

Pero nos escudamos en la aceptación. En que tenemos que ser como la levadura, que no se nos vea pero se nos note. El problema es que ni se nos nota ni se nos ve.

¿Hay algo de valor todavía en nuestros corazones? ¿Vamos a dedicarnos a callar y aceptar? ¿O a que se nos note, aunque nos miren mal, aunque se rían de nosotros, aunque nos insulten?

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.