Bueno, a ver si nos tranquilizamos

En el poco tiempo que lleva el Papa Francisco, ya ha dado tiempo a todo tipo de reacciones. Por un lado, las de siempre, las que cabía esperar. Que si apoyó la dictadura argentina, que si misógino… Payasadas que le caen siempre al que sea el Papa, nada nuevo bajo el sol. De hecho, es buena señal que se den estos ataques.

Sin embargo, esas no son las reacciones que me preocupan, sino más bien el fuego amigo. Porque tan peligroso es que haya ataques tan burdos como los que acabo de mencionar como el exceso de apasionamiento de otros. De todo he leído, encumbrándole como el paradigma de todo lo mejor. Y eso es peligroso porque todos tenemos defectos. Todos. No debemos divinizar a nadie ni exagerar las cosas.

El Papa es humilde. Claro que sí. Pero también lo es Benedicto XVI. Y lo fue Juan Pablo II. Y Juan Pablo I. Etc. Francisco tiene otro estilo, claro que sí. Se ve de forma quizá más clara. Pero la esencia no ha cambiado. ¿O creemos que es el único realmente preocupado por los pobres? Es lamentable ver tantos comentarios insistiendo en esa “nueva humildad” y que así se va a renovar la Iglesia, como si hasta ahora sólo nos hubiéramos preocupado de los ricos. Peor aún cuando vienen de personas que alabaron la humildad de Benedicto XVI y, ahora, prácticamente dan a entender que se comportó como una especie de emperador mientras Francisco es humilde “de verdad”.

Lamentable es que haya quien se empeñe en destrozar el Concilio Vaticano II según sus propias interpretaciones, dando a entender que ahora es cuando se va a empezar a cumplir de verdad porque no rezó en latín y unas cuantas cosas más. Da la sensación de que, quien eso escribe, realmente no conoce el Concilio. Bueno, lo conoce como lo conocen los Küng y compañía.

Lamentable es que se exageren algunos acontecimientos como si fueran señales divinas irrefutables. He llegado a leer la insinuación de que la famosa gaviota que se posó en la chimenea de la Capilla Sixtina era el Espíritu Santo. ¡Por favor! ¿Qué nos hemos bebido? También se han hecho famosas las anécdotas de un sujeto que había ido a esperar el resultado del cónclave con una pancarta que ponía Francisco I Papa y de otro que estaba esperando, rezando, arrodillado, vestido de saco. De este, algunos han llegado a decir que era el mismo san Francisco de Asís (¡toma ya!). En fin, no dudo de la existencia de las señales divinas. Pero sí que dudo de quienes dan mayor protagonismo a la señal que a lo señalado. Y eso si son realmente señales, que habría que verlo.

En fin, a ver si pasa el tiempo y se calman las aguas, porque ahora mismo parece como si algunos pensaran que la Iglesia realmente comienza en este momento, con este Papa, cuando llevamos más de 2000 años de singladura y nunca, en ningún momento, el Espíritu Santo ha dejado de gobernar esta barca.

Que el Señor de fuerzas a nuestro Sumo Pontífice Francisco para guiar la Iglesia según Su voluntad.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

2 Respuestas

  1. ANDREA

    MUY BIEN DICHO TODO, ESTOY TOTALMENTE DE ACUERDO CON TODO LO QUE HAS DICHO.

  2. Anonymous

    También concuerdo con lo que dices.