Busco un centro de gravedad permanente

“Busco un centro de gravedad permanente, que no varíe lo que ahora pienso de las cosas, de la gente”. En esta frase, Franco Battiato ha expresado, no sé si queriendo o no, el gran problema de la mentalidad simplona, sentimentalista, egoísta y nuevaerista que nos invade. Es un resumen muy, muy bueno.

Todos buscamos un centro de gravedad permanente, un punto de referencia, un centro de coordenadas. Algo que nos indique si vamos en la dirección correcta o hacia dónde encaminarnos cuando no estamos seguros. Algo a lo que hacer referencia para poder decir si algo está bien o está mal, porque el relativismo, sencillamente, es imposible de mantener coherentemente. Necesitamos ontológicamente encontrar nuestro punto, nuestra situación, en un sistema de coordenadas. Y, por eso, necesitamos encontrar ese punto a partir del cual todo cobra sentido.

Ahora bien, encontrar ese punto de referencia puede implicar algo muy serio: nada menos que el darse cuenta de que todo lo que pienso, todas mis supuestas verdades, no son ciertas. Darse cuenta de que tengo que cambiar, quizá radicalmente.

Eso no nos gusta, así que hacemos trampa y nos montamos un centro de gravedad a nuestra medida. En realidad, muchas veces buscamos esto, un centro de gravedad permanente (porque sí, queremos que sea permanente, necesitamos que lo sea, que no sea algo que un día puede estar ahí y al día siguiente ya no) pero que no me haga cambiar. Es decir, que nos justifique. Que nos confirme que no estamos equivocados.

Pero, ¿qué ocurre? Pues que, dado que sólo Dios puede ser ese punto de referencia inmutable, nos encontramos con tres posibilidades:

  • Dejamos que Dios ilumine nuestra vida y cambiamos tal como requiera.
  • Negamos a ese Dios.
  • Domesticamos a ese Dios para que diga lo que queremos.

Sólo una de esas es la correcta. El problema es que es más cómodo elegir cualquiera de las otras dos y eso implica poner nuestro punto de referencia en nosotros mismos. Esa forma de ponernos en un lugar que no nos corresponde nos deshumaniza, porque si el punto de referencia soy yo, tú sólo eres algo en relación a mí. Es decir, por mucho que lo quiera disfrazar de humanismo o de lo que me dé la gana, al quitar a Dios como punto de referencia elimino toda la base para reconocer al otro como igual a mí.

Os dejo con Battiato…

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.