La carta a la iglesia de Esmirna

Al ángel de la iglesia de Esmirna escribe: Esto dice el Primero y el Último, el que estuvo muerto y revivió. 

Conozco tu tribulación y tu pobreza – aunque eres rico – y las calumnias de los que se llaman judíos sin serlo y son en realidad una sinagoga de Satanás.

No temas por lo que vas a sufrir: el diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis tentados, y sufriréis una tribulación de diez días. Manténte fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida. 

El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: el vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda.
” Ap 2, 8-11.

Vas a sufrir, pero no tengas miedo. Ese podría ser el resumen de esta carta, de por sí breve, dirigida a una comunidad que es rica aun siendo pobre. Rica para Dios, pobre para los hombres.

Es importante observar que, en una carta en la que se avisa de que el fiel va a sufrir, Jesús se identifica como el Señor de la Historia (el Primero y el Último, principio y fin de todo) y como el … Sigue leyendo

Matrimonio: o luchamos o perdemos

La rutina… Algo que es capaz de enfriar el amor a Dios si se lo permitimos, como decíamos en la entrada sobre la carta a la iglesia de Éfeso, y que también es un terrible enemigo del matrimonio.

Sé de casos de personas que se quedan más tiempo en el trabajo para no estar con sus cónyuges e hijos. Eso es patético. El caso disfrazado de piedad en el que el lugar de huida, en vez de ser el trabajo es la parroquia, no es menos lamentable. Es una rendición, aunque piensen que es libertad, que lo hacen por su familia o para servir a la parroquia. Es escapar, huir, de la responsabilidad adquirida en el momento del matrimonio. Y aquí no estamos para rendirnos como cobardes. El matrimonio no es una vocación de cobardes y pusilánimes. Es una vocación de luchadores. No me cansaré de decirlo: o luchamos todos los días o perdemos. No hay otra opción. Ninguna otra. O se lucha o se pierde.

Quizá el problema es no entender bien la rutina. No enfocarla adecuadamente. Porque rutina vamos a tener siempre. Pero … Sigue leyendo

La carta a la iglesia de Éfeso

El Apocalipsis es un libro riquísimo, lleno de significado. No se trata de un libro de catástrofes, sino de un relato sobre la victoria de Cristo y su Iglesia. No importa la persecución. No importan los esfuerzos del Enemigo. Cristo ha vencido. Eso no tiene marcha atrás.

El Apocalipsis también nos da algunas advertencias que, aunque estén en un escenario ubicado en el tiempo del apóstol Juan, son atemporales. Son válidas siempre.

Las cartas a las siete iglesias forman parte de esas advertencias. En ellas, Jesús indica lo que están haciendo bien, pero también en qué tienen que mejorar. Son consejos siempre actuales y que necesitamos tener siempre presentes.

Esta es la primera entrada de una serie en la que intentaré exponer el mensaje actual de esas cartas sin entrar en temas más teológicos que, aunque sean interesantes, harían demasiado largas las entradas. Comienzo con la carta a la iglesia de Éfeso (Ap 2, 1-7):

Al ángel de la iglesia de Éfeso, escribe: Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que camina entre los siete candeleros de oro.
Conozco tu conducta: tus fatigas y tu paciencia; y que no puedes soportar a Sigue leyendo

El condimento esencial de la vida

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Hay un ingrediente que hace que la comida que nos preparan nuestros seres más queridos nos sepa de forma especial. Seguro que más de uno ya sabe a qué me refiero. ¿O es que a nadie le han dicho que le habían preparado la comida con amor? Ciertamente, muchas veces preferimos ese plato de macarrones con amor preparados, por ejemplo, por nuestra madre, que una comida en un restaurante de lujo. Lo que es esa persona, su actitud, sus sentimientos hacia nosotros, van reflejados en lo que han preparado. Incluso inconscientemente.

¿Os imagináis lo que sería si en todas las facetas de nuestra vida, pusiéramos ese ingrediente esencial? Seguro que nuestra propia percepción de la realidad cambiaría drásticamente. Y, con toda probabilidad, la percepción que los demás tendrían mejoraría también. Eso sí, es vital no confundir amor con sentimentalismo. El amor tiene que ver con la voluntad.

Un gran ejemplo en el que fijarse es la Madre Teresa de Calcuta. En cada moribundo que atendió, en cada persona con la que trató, ponía su amor, el amor que había recibido de quien es Amor. … Sigue leyendo

10 puntos clave sobre la legítima defensa

Seguro que no he sido el único que, ante un católico que afirmaba la posibilidad de defenderse ante algún ataque, sea personal o a la sociedad en su conjunto, ha visto cómo incluso otros católicos se le echaban encima recordándole que hay que poner la otra mejilla. Bueno, pues por ese motivo me he decidido a resumir en 10 puntos la doctrina sobre la legítima defensa recogida en el Catecismo de la Iglesia Católica en sus epígrafes 2263-2267. Espero que contribuya a recordar una doctrina que parece a veces un poco olvidada:
  1. Se habla de la legítima defensa en el capítulo segundo: “Amarás al prójimo como a ti mismo“, en el artículo 5, sobre el quinto mandamiento: “No matarás“.
  2. Defenderse de alguien no implica que se produzca una excepción al mandamiento antes mencionado. No quiere decir que no se ame a esa persona. Ni siquiera que se desee provocarle daño o la muerte.
  3. Se basa en el amor a sí mismo, implícito en el mandamiento “amarás al prójimo como a ti mismo“.
  4. Si para neutralizar al agresor se hace necesario matarlo, no se es culpable de homicidio. En cualquier caso, hay que
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Cuatro años

Hoy, Ana y yo celebramos nada menos que nuestro cuarto aniversario de boda. Cuatro años ya. Echo la vista atrás y veo tantos momentos, positivos muchos y, por supuesto, negativos otros. No hay que ser tan ingenuo como para pensar que todo es “vivieron felices y comieron perdices” (aparte del hecho de que prefiero un buen chuletón a una perdiz). Las dificultades se entretejen siempre en nuestra vida. Siempre. Nunca podrás apartarte de ellas. Y ¿sabes? Es mejor que sea así. Son precisamente las dificultades las que te miden como persona. Son ellas las que te hacen madurar, las que te enseñan a vivir.

A estas alturas, Ana y yo podemos decir que, en este proyecto de comunión que Dios nos ha dado y que se llama matrimonio y paternidad, vamos pasando por los momentos complicados aprendiendo de ellos, asimilándolos en el todo de nuestra vida con la ayuda del Señor. Subir cuesta arriba ayuda a fortalecer las piernas.

En el matrimonio, ni las alegrías ni las tristezas son patrimonio exclusivo de uno de los dos. Se convierten en nuestras alegrías y en nuestras … Sigue leyendo

Un pequeño gran microrrelato

Hoy os dejo esta imagen en la que he añadido un microrrelato que escribí el día de Corpus Christi de hace tres años. Se la dedico a Carlos, mi párroco, a mi director espiritual, que en paz descanse, y a todos los sacerdotes que he ido conociendo a lo largo de mi vida y que, de una u otra manera, me han ido acercando cada vez más a Dios.

Cuando el sacerdote levantó la Hostia, Pasión y Resurrección se condensaron en un instante, los ángeles se quedaron fascinados observando y Dios decidió seguir derramando su amor a la humanidad“.… Sigue leyendo

El juicio, siempre presente

Estos días me he estado leyendo el libro “La última palabra es de Dios”, de Klemens Stock, S.I., acerca
del libro del Apocalipsis. Es, por cierto, una lectura muy interesante y útil para entender mejor el último libro de la Biblia.

En él ha habido una parte que me ha hecho reflexionar especialmente. Hay un momento en el que Dios juzga a los hombres. Y los juzga por las obras que han hecho (Ap 20, 12). Es decir, por la concordancia entre sus actos y los Mandamientos. Parece algo obvio, ¿verdad? Pero da que pensar.

En primer lugar, uno podría pensar: “Entonces, ¿dónde queda la fe? ¿Dónde queda lo de que se te juzgará por el amor?” Esto tiene una respuesta muy simple en la carta de Santiago, que tan poco suele gustar. Podéis echar un vistazo a St 1, 22-26 o a St 2, 14-26. Otro ejemplo es Mt 7, 21. La fe sin obras está muerta. No es real. No existe. De la misma manera el amor, si es real, se traduce en obras. Si las obras no le acompañan, ya puedes decir que sientes lo que creas que sientas. No es amor. Sin obras no hay ni Sigue leyendo

Muditos

En la Iglesia tenemos un grave problema de comunicación. Seguro que lo habéis oido una y mil veces. Yo, al menos, sí. Y es verdad. Pero el punto principal, el núcleo de ese problema, está en la cantidad de católicos que se vuelven como el famoso enanito de Blancanieves, muditos. Totalmente muditos. En cuanto hay que defender la fe, en cuanto hay que dar razón de ella, en cuanto hay que mostrar que se tiene fe, en cuanto hay que confrontar abusos litúrgicos… En esos momentos, de pronto, desaparece la comunicación.

En mi opinión hay varias causas para tan peculiar fenómeno:

1) No tener conciencia de formar parte de la Iglesia: ante un ataque a la Iglesia no se ve como si fuera también a uno mismo, sino hacia una etérea jerarquía, causa de todos los males posibles.

2) Catolicismo cultural: puede que  el sujeto en cuestión vaya a Misa todos los domingos y fiestas de guardar, pero lo hace por costumbre. Le gustan las Misas rápidas y entretenidas. Aparte de eso, cree en lo que se le antoja, si es que cree en algo (de lo que dice la Iglesia, me refiero).

3) Renuncia a Sigue leyendo

Despidiéndome de un amigo

El día 6 de julio de 2013 fallecía en Valladolid el padre Federico García Unquera, S.J., quien ha sido mi confesor y director espiritual durante años, hasta que, debido a la enfermedad, tuvo que ser trasladado a la casa que la Compañía tiene en Villagarcía de Campos, que tiene enfermería, para ser mejor atendido.

En la homilía de la Misa que los jesuitas celebraron ayer por su alma el sacerdote recalcó algo que, ciertamente, definía al padre Unquera: era un mediador de la misericordia divina. Pasaba horas y horas en el confesionario, siempre escuchando, siempre con buena cara, siempre ayudando, dando buenos consejos. Siempre. Incluso cuando necesitaba bastón para caminar, y lo hacía muy lentamente, él se empeñaba en ir a confesar. Aunque sus compañeros le dijeran que no estaba como para ir a confesar, él quería seguir desgastándose como mediador de la misericordia de Dios. Una anécdota que puede parecer nimia, pero que a mí me ayudó mucho fue que, un día, después de contarle mi ristra de pecados, le dije: “Pues estas son mis miserias.” Y el me respondió: “No, esas eran tus miserias.“. Quizá él me haya ayudado más que nadie a entender la … Sigue leyendo