Compra-venta de niños

Vientre de alquilerLlevamos varios días viviendo una cierta saturación de noticias y comentarios sobre algo que han venido a llamar “gestación subrogada”. La idea, no nos engañemos, es precisamente conseguir que se hable de ello. Que se hable de forma favorable. Y, por supuesto, que quienes no estamos de acuerdo parezcamos unos monstruos sin corazón, bla, bla, bla.

Para quien no sepa de qué va el tema, se supone que esta “gestación subrogada” sería una forma de conseguir que una pareja que quiera tener un hijo biológico (y, por tanto, no quieren adoptar), pero por el motivo que sea no lo puedan (o quieran) tener ellos, lo tenga a base de implantar un óvulo fecundado en otra mujer. Por supuesto, con un contrato de por medio y una compensación económica, faltaría más. Y ampliable, si es que no va a ser lo normal, a la utilización de esperma y óvulos de donantes anónimos, lo que pervierte aún más si cabe esta historia.

Hablando claro: “gestación subrogada” no es más que un eufemismo para decir “compra-venta de niños”. Así de simple. Se trata de algo que convertiría a una mujer, por lo general con pocos recursos, en poco más que Sigue leyendo

¿Y mi tiempo?

“…y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida.” Liturgia del matrimonio.

¿Y mi tiempo?¿Dónde está el tiempo para mis cosas? Seguro que más de uno, en algún momento de su matrimonio, ha tenido como mínimo la tentación de mirar atrás y pensar en dónde se ha ido todo ese tiempo que antes tenía y llenaba con diversas aficiones. Más aún cuando vienen los hijos y tu vida se encuentra llena de cosas que hacer a todas horas del día.

Pues la respuesta es muy sencilla: tu tiempo ya no es tuyo. Es de tu cónyuge. Sí, así de simple y así de maravilloso.

El matrimonio es la entrega total del hombre a la mujer y viceversa. ¿O no recordamos que, en la liturgia del matrimonio, decimos literalmente “me entrego a ti”? No es una frase hecha. No es un simple deseo ni una opinión. No es algo que dependa del sentimiento del momento. Es una decisión formal tomada para Sigue leyendo

Errores

ErroresHe cometido muchos errores en mi vida. Muchos. Además, de distinta gravedad, desde nimiedades a temas mucho más serios. Y tengo que reconocer que, echando la vista atrás, me arrepiento de todos ellos. O, al menos, de los que puedo recordar. Y, en especial, de aquellos que hayan afectado a otra persona. Si pudiera volver atrás en el tiempo sabiendo lo que ahora sé, muchas cosas las haría de manera muy diferente, eso está claro.

Sin embargo, he oído más de una vez que alguien decía que no se arrepentía de nada de lo que había hecho en su vida. Eso me asusta. ¿De nada? Una vida da para cometer muchos errores. Y, desde luego, no somos perfectos, con lo que errores, habrá.

Tal como lo veo, si no te arrepientes de ninguno de ellos sólo hay dos opciones: o te crees que todo lo has hecho bien o te importan muy poco las personas que te rodean.

Todo bien sólo lo hace Dios. Pretender que no se ha hecho nada mal en la vida, nada de lo que habría que arrepentirse, es de una arrogancia apabullanteSigue leyendo

Inmadurez egoísta

Seguro que no soy el único que lo ha vivido o lo ha visto: estás en el confesionario, abriéndote al perdón de Dios, recibiendo consejo o, sencillamente, pidiéndole al sacerdote que rece por ti, y una señora (lo siento, pero siempre suele ser alguna señora) decide que ya llevas demasiado tiempo y empieza a aporrear la puerta o, incluso, la abre.

Es la misma mentalidad que subyace en la manía de hacer la misa lo más corta posible. Y, por supuesto, ya que hay que ir, que sea entretenido. Como el sacerdote tenga la osadía de alargarse un poco en la homilía o tenga un tono de voz un poco monótono, ya la hemos liado.

Parece como si la impaciencia se hubiera adueñado de nosotros en momentos en los que uno debería más bien maravillarse del milagro que es la misa o prepararse concienzudamente para una buena confesión. Son sólo dos ejemplos, pero creo que es fácil extrapolar a otras situaciones.

Inmadurez. Esa es la palabra clave. Da igual la edad del sujeto, esa forma de actuar revela inmadurez. No es capaz de entender que no es el centro del Universo, que unas veces uno tarda más … Sigue leyendo

Mi tiempo es oro

Hace ya bastantes años, en la universidad, teníamos que hacer una práctica en grupo. Los tres o cuatro (ahora no lo recuerdo bien) que formábamos el grupo en el que estaba yo nos habíamos reunido para ir haciéndola. En esto, uno de mis compañeros, al ver que no avanzábamos tan rápido como él habría deseado, decidió compartir con nosotros sus preocupaciones, porque “su tiempo era oro“.

“Mi tiempo es oro”, nos dijo. Inmediatamente pensé: “claro, y el mío, a ver qué se cree este”. Bueno, no recuerdo cómo siguió la cosa. Creo que, finalmente, la terminamos con éxito. Pero el punto importante es esa afirmación. Que, por cierto, es verdad.

Tenía toda la razón mi compañero. Pero le faltaba darse cuenta de que el tiempo de los demás era igual de valioso que el suyo. Y creo que, en el egoísmo que llevamos a cuestas todo el día, es una de las cosas que con más frecuencia olvidamos.

Llegar tarde a una cita sin un motivo real (yo recuerdo haber tenido que esperar hasta tres cuartos de hora alguna … Sigue leyendo

Busco un centro de gravedad permanente

“Busco un centro de gravedad permanente, que no varíe lo que ahora pienso de las cosas, de la gente”. En esta frase, Franco Battiato ha expresado, no sé si queriendo o no, el gran problema de la mentalidad simplona, sentimentalista, egoísta y nuevaerista que nos invade. Es un resumen muy, muy bueno.

Todos buscamos un centro de gravedad permanente, un punto de referencia, un centro de coordenadas. Algo que nos indique si vamos en la dirección correcta o hacia dónde encaminarnos cuando no estamos seguros. Algo a lo que hacer referencia para poder decir si algo está bien o está mal, porque el relativismo, sencillamente, es imposible de mantener coherentemente. Necesitamos ontológicamente encontrar nuestro punto, nuestra situación, en un sistema de coordenadas. Y, por eso, necesitamos encontrar ese punto a partir del cual todo cobra sentido.

Ahora bien, encontrar ese punto de referencia puede implicar algo muy serio: nada menos que el darse cuenta de que todo lo que pienso, todas mis supuestas verdades, no son ciertas. Darse cuenta de que tengo que cambiar, quizá radicalmente.

Eso no nos gusta, así que hacemos trampa y nos montamos un centro de gravedad a nuestra medida. En realidad, muchas … Sigue leyendo

Discernimiento

Podríamos decir que el discernimiento es el proceso por el cual uno decide qué camino tomar, qué hacer en un momento dado. ¿Cuál es mi vocación? ¿Debería aceptar ese trabajo?

No es un proceso fácil. Al menos, no necesariamente. San Ignacio de Loyola hizo discernimiento durante más de un mes para decidir si las casas de la Compañía de Jesús tendrían rentas o no. Y hablamos de un maestro de espiritualidad de primer orden.

Está claro que un católico siempre busca elegir según la voluntad de Dios. Eso tiene una serie de implicaciones, la primera de las cuales es que no se puede elegir entre algo bueno y algo malo. Eso es absurdo. Tenemos que elegir siempre el bien. O, como mínimo, lo indiferente. Pero nunca lo malo.

Pero también implica tener una cierta relación con Dios. Tratarle. Conocer cómo el Espíritu actúa en el alma, y también cómo lo hace “el enemigo de natura humana”. Y eso lleva tiempo, como lleva tiempo para dos enamorados conocerse. Tratarse todos los días, hablar, adorar…

Hay quien tiene la capacidad de discernimiento de una ameba: lo que me gusta lo interpreto como si viniera del Espíritu Santo … Sigue leyendo

Respetar o no respetar, he ahí la cuestión

Vivimos en una sociedad blandengue, que no soporta que le lleven la contraria porque es incapaz de defender sus ideas (o su falta de ideas) de una manera racional. De ahí el retorcido uso del concepto de tolerancia, tal como vimos hace unos días.

Muy relacionado con la tolerancia se encuentra otro de los grandes tópicos utilizados para intentar acallar a todo aquel que no tenga ganas de comulgar con ruedas de molino: el respeto.

En principio, el respeto es algo bueno. Eso no lo pongo en duda. Tengo que respetar al prójimo. ¿Por qué? Bueno, aquí esta sociedad descreída tiene un problema. ¿En qué basar ese respeto? ¿En normas y leyes puramente convencionales, que pueden cambiar según el gusto del gobernante del momento? No, ese respeto no sirve para nada. Es como decir que no existe. La única base verdaderamente estable para poder respetar a todo ser humano, independientemente de su edad o de sus actos, se encuentra, ¡oh, sorpresa!, en su filiación divina. Yo tengo que respetar al prójimo porque es tan hijo de Dios como yo. Porque es otro yo. Este concepto, ya por sí mismo, choca con el egoísmo que configura … Sigue leyendo

Seguimos con la Guerra de las Galaxias

Sí que es verdad que la Guerra de las Galaxias hace gala de un cierto panteísmo, con todo eso de “La Fuerza” que nos rodea. Pero eso no hace que no tenga cosas interesantes en las que nos podamos fijar.

Por cierto, si alguien no ha visto las películas y no quiere que le destripe parte de ellas, mejor que no siga leyendo. El que avisa no es traidor.

Yo diría que el protagonista absoluto de las dos trilogías es Darth Vader. Es, como ya adelanté en la anterior entrada, un personaje muy especial. No es un malo absoluto, aunque pueda parecerlo al principio, sino que se ve que tiene algo más detrás de esa máscara. Interesante detalle, por cierto, cómo mientras está en el lado oscuro permanece con la máscara puesta, pero cuando se “convierte” se la quitan. Luke, en ese momento, pasa a ver la realidad de ese hombre, con sus miserias pero también con sus grandezas.

La historia de Darth Vader, de Anakyn Skywalker, es una historia de amor. De amor y … Sigue leyendo

Hoy va de malos

Creo que a todos nos ha pasado estar viendo una película (o leyendo un libro) y darnos cuenta de que el personaje que mejor nos cae es, precisamente, el malo.

La foto que acompaña a esta entrada no es casual. Para mí, Darth Vader es el arquetipo de malo atrayente. Es posible que toda una generación piense de forma parecida sobre esto.

Y, a la vez, Luke Skywalker, sobre todo al principio, me parece un sujeto tremendamente soso. Sin vida, sin personalidad. Eso sí, luego mejora.

Pero ahí no acaba la cosa. Hay una multitud de películas en las que el “bueno” es más bien un antihéroe. Parece como que se desdibujan las fronteras entre el bien y el mal. ¿Por qué es así?
Bien, pienso que un punto muy importante, yo diría que vital, es que nos podemos identificar más con uno de estos malos que con un bueno que nunca, nunca, nunca rompe un plato. Y esto es así porque se parecen mucho más a alguien real que ese tipo de buenos. Una persona real tiene conflictos internos, tiene dudas, a veces se comporta mal, incluso a sabiendas. Pero lo que distingue al bueno … Sigue leyendo

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