Cacemos algunos dragones

Los dragones pueden ser vencidosNo son raras las historias y las leyendas, tanto para niños como para adultos, en las que el héroe en cuestión debe enfrentarse a un dragón. Ya en su momento, el gran (en al menos dos sentidos) G. K. Chesterton dejó para la posteridad una cita que me parece un buen punto de partida:

“Los cuentos de hadas no dicen a los niños que los dragones existen. Los niños ya saben que los dragones existen. Los cuentos de hadas le dicen a los niños que los dragones pueden ser vencidos.”

Los niños ya saben que los dragones existen. Son perfectamente conscientes de que hay cosas malas e injustas. De que algunas personas se portan bien pero otras se portan mal.

No son ajenos al problema del mal. En absoluto.

En Occidente, el dragón representa de forma clara el mal. Podríamos hablar sobre hasta qué punto es positivo o negativo que se dé una cierta reivindicación de la figura del dragón, haciendo que se convierta en una especie de ser sabio y simpático, injustamente perseguido. Sin embargo, no es este el objetivo del artículo. Baste dejar claro que tradicionalmente el dragón ha representado el mal y que Sigue leyendo

El sentido de la mortificación cristiana

Mortificación cristianaComo en cada nueva Cuaresma, surgen voces (incluso de supuestos católicos) diciendo lo absurdo que es el ayuno, la penitencia, la mortificación en general. Curiosamente, las dietas o el machacarse en el gimnasio no se cuentan entre las mortificaciones absurdas. Pero bueno, ya se sabe cómo son estas cosas.

Hay por ahí quien piensa que es que la Iglesia tiene una guerra contra el cuerpo. Como si la Iglesia creyera que el cuerpo es algo malo. Y resulta que no es así en absoluto. Eso es propio de los gnósticos, no de los cristianos. Para mí fue muy triste una discusión que mantuve con alguien que se mostraba como católico y que se empeñaba en que el cuerpo no es más que una cárcel, saltándose alegremente el Magisterio y dando como “argumentos” citas de san Agustín mal entendidas y sacadas de contexto. Y no, el hombre es un alma encarnada. El cuerpo no es una máquina dirigida por el alma, sino que somos una unidad. De lo contrario, no creeríamos en la resurrección de la carne, ¿no? Nos quedaríamos contentos con que el alma pululara ella sola, incorpórea. Sin embargo, esa no es la doctrina católica. … Sigue leyendo

Principios líquidos

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Principios líquidosHace poco pudimos ver cómo cierto político de cierto partido del que se dice que es el mal menor afirmaba que tener principios inquebrantables te convierte en una opción inútil.

Una opción inútil. Tener principios inquebrantables, una opción inútil.

¿Qué tiene de útil una opción que nunca sabes cuáles son sus principios, que va a cambiar según cómo sople el viento?

El hecho de que se llamen principios debería darle una pista a este hombre sobre la tontería que ha soltado. No se trata de que en principio creo algo, pero luego, si no me gusta, cambio de creencias. Se trata de que son las bases de nuestro comportamiento, de nuestra forma de ser. Nuestros principios directores.

Por desgracia, esta visión de unos principios líquidos como el agua, que fluyen, que cambian, que no permanecen, no es algo único de este partido ni de este político. La sociedad entera está bañada en ese agua del relativismo. Todo da igual. Los principios no importan, porque no son principios. Sólo son construcciones que se pueden cambiar según convenga a la cobardía y al egoísmo de cada uno.

Ante esta lamentable constatación, la respuesta cristiana sobresale con una belleza inconmensurable. … Sigue leyendo

Cómo ser provocador

Cómo ser provocadorEl otro día volvía a casa escuchando una canción de Tino Casal, Billy Boy, sobre un personaje que se vestía y se peinaba buscando provocación. En ese momento se me pasó por la cabeza algo que ayer, al escuchar el evangelio en Misa, he visto confirmado.

El evangelio de ayer nos dice que debemos ser la sal de la tierra y la luz del mundo (cf. Mt 5, 13-16). Y yo me pregunto: ¿hay, hoy por hoy, alguna manera de ser luz del mundo sin ser provocador? Ojo, no necesariamente buscando la provocación, como Billy Boy, sino por la forma en la que debemos comportarnos para ser coherentes con nuestra fe. Me da la sensación de que, por no provocar, por pasar inadvertidos, por escondernos, por cobardía pura y simple, hemos ido rebajando más y más el nivel hasta convertir la fe en un aditivo tan light que no sirve para nada al que lo tome.

Sí, la provocación conlleva que se enfaden con el provocador. Y ahora llegará algún buenista diciendo que … Sigue leyendo

Los pequeños pecados importan más de lo que piensas

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Buen PastorSiendo puristas, creo que no podríamos decir que existan los pecados pequeños. Todo pecado es una ofensa a Dios, así que pequeños no son. Pero sí que es verdad que los hay mortales, que suponen una separación de Dios, una pérdida de la gracia, y veniales, que no llegan a separarnos de Dios.

Pero entonces, ¿qué problema tiene cometer pecados veniales?

De primeras, que si alguien no le da importancia a los pecados veniales es porque le falta mucho amor a Cristo. Igual que si alguien insulta día sí y día también a otra persona demuestra que no le quiere, no darle importancia a esta clase de pecados porque, total, no le mandan al infierno, sólo muestran que, en realidad, le da igual.

Por otra parte, acumular pecados veniales nos acerca a cometer pecados mortales. Nos insensibiliza y nos predispone al ir debilitando la gracia.

Seguro que a alguien le parecerá exagerado, pero no lo es en absoluto. ¿No dice Nuestro Señor que el que es fiel en lo poco también lo es en lo mucho?  (cf. Mt. 25, 21). ¿Y no dice también el popular refrán que el diablo reside en los detalles? Es precisamente … Sigue leyendo

El que obra el mal odia la luz

El que obra el mal odia la luz“La causa de la condenación es ésta: Que la luz ha venido al mundo y los hombres han amado más las tinieblas que la luz. Sus obras eran malas. Todo el que obra el mal odia la luz; y no viene a la luz para que no vean vituperadas sus obras.” (Jn 3, 19-20)

San Juan nos muestra la verdadera causa de la condenación: que los que hacen el mal siguen haciendo el mal incluso cuando saben que lo es. Distinguiendo el mal del bien eligen obrar el mal, y por ello reciben las consecuencias de sus actos. Es más, San Juan también indica que quien obra el mal y persevera en él no se acerca al bien para que no se pongan en evidencia ni sus obras ni él. Para poner un ejemplo, sería similar a cuando uno empieza a mentir sobre algo y, después, sigue mintiendo sobre todo lo relacionado, ya que no quiere que le descubran. Quien obra el mal no quiere reconocer que está haciendo el mal, y por ello se esconde de la luz, ya que en la luz no hay lugar para las tinieblas.

Los hombres aman más las tinieblas que la … Sigue leyendo

La Epifanía del Señor

Epifanía del SeñorHoy hemos celebrado la Epifanía del Señor. Epifanía es una de esas palabras que vienen del griego y que todos los años por estas fechas se nos recuerda lo que quiere decir. Y cuyo significado tendemos a olvidar rápidamente, al menos en parte.

Epifanía significa manifestación. Se trata de la manifestación del Señor a todos los pueblos de la Tierra. Jesús había nacido como judío, como el Mesías de Israel. Pero quiere dejar claro desde el principio que no ha venido sólo por ellos, sino que está aquí para todos. Y se manifiesta a los Reyes en representación de los pueblos gentiles. Reyes que le reconocen y le ofrecen regalos como verdadero Dios, verdadero Rey y verdadero Hombre.

Pero no es la única vez que Dios se manifiesta. Toda la historia de la salvación es la historia de la manifestación de Dios a los hombres para su salvación. Porque no podemos olvidar el motivo por el que ocurre esta Epifanía (lo hemos leído en la primera lectura): “Pues mira cómo la oscuridad cubre la tierra, y espesa nube a los pueblos, mas sobre ti amanece Yahvé y su gloria sobre ti aparece.” (Is 60, 2). … Sigue leyendo

Sólo Dios es bueno

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Sólo Dios es bueno«No hay nadie bueno más que Dios» (Mc 10, 18). Así responde Jesús al joven rico que se le acercó en una ocasión. Dios es el único en el que se cumple la bondad absoluta.

La bondad es un fruto del Espíritu Santo. Dado que lo bueno es aquello que acerca a Dios, la bondad no será otra cosa que la cualidad de buscar acercar a los demás a Dios. La inclinación a ocuparse de los demás. Y eso se traduce en actos. Será bueno un acto que acerque a Dios, que ayude a crecer a la otra persona. Será malo un acto que aleje de Dios.

Esto, que parece muy sencillo, en ocasiones no lo es. De un tiempo a esta parte parece haberse puesto de moda ser dulce, hasta llegar a un punto en el que puede hablarse de un exceso de dulzura, un buenismo que, en muchas ocasiones, más que buscar acercar al otro a Dios lo que pretende es no involucrarse, ponerse una fachada de bondad y misericordia mientras se esconde miedo, vergüenza y cobardía.

La bondad y el Sigue leyendo

He combatido el noble combate

«He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe» (2 Tim 4, 7).

He combatido el noble combateOjalá en mi lecho de muerte pueda decir, como Pablo en la segunda carta a Timoteo, que he combatido el noble combate. Es preciosa y llena de significado la forma que tiene de relacionar la fe con el combate. Porque no se nos puede olvidar que la fe tiene una enorme relación con la lucha. La vida de fe es lucha. Mantenerse coherente en medio del mundo, agarrarse a Dios ante las tentaciones y las dificultades de todo tipo, saber que te verán como un bicho raro y seguir adelante es lucha. Y es muy dura.

¿Acaso no has tenido nunca esa sensación de estar en guerra? La primera, en tu propio interior, contra el pecado. Siempre asistido por la gracia divina, pero también dependiendo de tu respuesta a esa gracia. Una respuesta que no siempre es tan satisfactoria como debería ser, ¿verdad? Cada vez, una pequeña (o no tan pequeña) batalla. Una carrera, como también dice Pablo, en la que no hay que detenerse. En la que, al caer, no hay que quedarse en el suelo sino levantarse … Sigue leyendo

A la sombra del sicomoro

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«Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.» (Lc 19, 4).

A la sombra del sicomoroEl relato de Zaqueo (Lc 19, 1-10) es de una gran belleza. Nos habla de alguien como tú y como yo. Un pecador. Zaqueo. Un personaje rico, jefe de recaudadores de impuestos de Roma. No se trataba de un personaje querido.

Sin embargo, Zaqueo no era alguien tan acomodado como podría parecer. Había oído hablar, sin duda, de Jesús. Y le había picado la curiosidad. Tenía interés, el suficiente como para arriesgarse a hacer el ridículo de forma clamorosa subiéndose a un sicomoro para poder ver a ese Jesús que, de alguna manera, le había llamado. Aunque fuera sólo por esa curiosidad, por ese querer saber quién era esa persona tan especial.

Y, gracias a esa falta de respetos humanos, a no tener miedo a hacer el ridículo para encontrar a Jesús, la salvación llegó a Zaqueo, haciéndole dar un cambio radical.

Mientras personas como Zaqueo se suben a su sicomoro particular buscando a Jesús, otros tenemos tendencia a quedarnos a la sombra del sicomoro. Demasiadas veces nos puede el miedo, la pereza, el creer que ya conocemos … Sigue leyendo

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