San Tarsicio

San TarsicioSan Tarsicio es uno de los que duermen en las catacumbas de San Calixto. Se le llama mártir de la Eucaristía, y no es en vano. Murió apedreado por otros niños mientras llevaba la Eucaristía a otros cristianos que habían sido hechos prisioneros en tiempos del emperador Valeriano. Estos niños se fijaron en que Tarsicio llevaba algo importante y quisieron quitárselo. Él defendió al Señor Sacramentado hasta el último momento sin dudarlo.

Una vez más, un niño es quien nos da ejemplo de coherencia, de lealtad y de amor a Cristo. Jesús nos dejó el enorme regalo de la Eucaristía. Nos dio a sí mismo, y en cada consagración vuelve a hacerse presente como en la Última Cena. Pero qué poco conscientes somos de ello.

Este ejemplo debe interpelarnos. Debe servirnos para que nos preguntemos, tanto laicos como sacerdotes: ¿me tomo en serio la Eucaristía? ¿Me doy realmente cuenta de que en ese pedacito de pan está Cristo? ¿Sería capaz de proteger ese pedacito de pan, tal como hizo San Tarsicio?

Y, por extensión, ¿me tomo la Santa Misa en serio? Como sacerdote, ¿convierto la Misa en un espectáculo o respeto la liturgia? ¿Introduzco a los Sigue leyendo

No somos inmortales

ReconciliaciónHay veces en la vida en las que sufres una sacudida tal que parece que todo se va a desmoronar. Hay momentos en los que recibes la peor de las noticias: la muerte de alguien cercano. Y siempre es de improviso. Da igual que haya sido por algún accidente o por una larga enfermedad, nunca te lo esperas.

Y, por eso, a veces dejamos cosas a medias, asuntos sin resolver, palabras sin decir, abrazos sin dar.

El hecho es que tenemos la tendencia a vivir como si fueramos inmortales. No solo tú o yo, sino todo aquel con el que nos relacionamos. Vivimos en la seguridad, absurda seguridad, de que habrá un mañana. De que podrás volver a hablar con esa persona. De que siempre podrás acudir a ella.

Pero la realidad es dura: puede que no haya un mañana para ti, para mí, para esa persona a la que has herido, para esa persona a la que no la dices todo lo que deberías que la quieres.

Y es que ciertas cosas tendemos a dejarlas para más tarde. Total, mañana le vuelvo a ver, ¿verdad? O, si no, al día siguiente. Pero tenemos que aprender … Sigue leyendo