Pero ¿están a favor o no?

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Un autobús está recorriendo las calles de Madrid mostrando la verdad del aborto. ¿Cuál es esa realidad? Ni más ni menos que un niño destrozado por el terrible crimen de haber sido concebido.

Por mi parte, me alegro de tal iniciativa. Ya va siendo hora de que dejemos de hacer el idiota ocultando la realidad del aborto para hacerlo más digerible. Que quizá haya métodos mejores, es probable. Pero lo que tengo claro es que eso hay que mostrárselo a la sociedad y decirles bien claro: “tú apoyas esto al votar a esa gente” o “tú vas a hacerle eso a tu hijo“. Pero bueno, de ello ya hablé en su momento y no es plan de volver a insistir en el tema.

Ahora, lo que me gustaría analizar mínimamente es la reacción que han tenido algunos. Por un lado están los supuestamente provida que siguen insistiendo en que no hay que mostrar la realidad del aborto. En fin, a mí siempre me han dicho que más vale una imagen que mil palabras. Digo yo … Sigue leyendo

Sujetándose en la Cruz

Hace algún tiempo, recuerdo que le hablé a mis chicos de catequesis de la foto que acompaña a esta entrada, diciéndoles que era una de mis fotos favoritas de Juan Pablo II, ya que en ella se veía cómo se sujetaba en la Cruz.

Ellos me contestaron que claro, que si no se sujetaba se caía. Se referían al aspecto puramente físico, pero dieron en el clavo sin querer.

En la vida siempre habrá algún momento en el que nos tengamos que enfrentar al dolor, al sufrimiento, a la incertidumbre, al miedo. Nadie puede escapar de eso. Nadie.

Sin embargo, el cristiano tiene una ventaja: puede mirar a la Cruz. Puede agarrarse a ella en el momento de su sufrimiento. Puede darse cuenta de que su dolor no tiene por qué ser inútil. Que Dios mismo quiso compartir esa realidad tan humana hasta el límite: la muerte. Y una muerte de humillación y oprobio, tras haber sido torturado física y psicológicamente.

El misterio del mal puede llevarnos a pensar que Dios nos ha abandonado. Pero la fe nos hace … Sigue leyendo

La carta a la iglesia de Pérgamo

Al ángel de la iglesia de Pérgamo escribe: Esto dice el que tiene la espada aguda de dos filos. Sé dónde vives: donde está el trono de Satanás. Eres fiel a mi nombre y no has renegado de mi fe, ni siquiera en los días de Antipas, mi testigo fiel, que fue muerto entre vosotros, ahí donde habita Satanás.

Pero tengo alguna cosa contra ti: mantienes ahí algunos que sostienen la doctrina de Balaán, que enseñaba a Balaq a poner tropiezos a los hijos de Israel para que comieran carnes inmoladas a los ídolos y fornicaran. Así tú también mantienes algunos que sostienen la doctrina de los nicolaítas. 

Arrepiéntete, pues; si no, iré pronto a ti y lucharé contra ésos con la espada de mi boca. El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: al vencedor le daré maná escondido; y le daré también una piedrecita blanca, y, grabado en la piedrecita, un nombre nuevo que nadie conoce, sino el que lo recibe.” Ap 2, 12-17.

Creo que esta es una advertencia muy importante. Como las demás, totalmente atemporal, haciendo referencia a un problema siempre presente pero contra el que hay que luchar.… Sigue leyendo

Instalándose en la verdad

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Nuestra casa. Nuestro centro de operaciones básico para la vida. Uno compra o alquila un lugar para vivir y, desde ese momento, ese lugar se convierte en el centro de sus movimientos. Sale de ahí para sus actividades diarias y vuelve para descansar. Es su hogar.

La verdad tendría que convertirse, de la misma manera, en nuestro hogar. Deberíamos instalarnos en ella como nos instalamos en nuestra casa: para quedarnos. Con sentido de permanencia.

Por otra parte, igual que, en cierto modo, también nuestro hogar se instala en nosotros, en nuestra mente, y lo asumimos como algo que forma parte de nosotros, la verdad tiene que instalarse en nosotros. Tenemos que dejar que se instale para que configure e impregne toda nuestra vida.

En la entrada “Compromiso con la verdad” hablaba de que un escritor tiene un compromiso con la verdad que tiene que cumplir. Pero hay que ir más allá. Creo que una persona sólo se empieza a realizar como tal cuando tiene un compromiso con la verdad. Un compromiso real y serio. Y este compromiso, por su naturaleza, es de por vida.

La carta a la iglesia de Éfeso

El Apocalipsis es un libro riquísimo, lleno de significado. No se trata de un libro de catástrofes, sino de un relato sobre la victoria de Cristo y su Iglesia. No importa la persecución. No importan los esfuerzos del Enemigo. Cristo ha vencido. Eso no tiene marcha atrás.

El Apocalipsis también nos da algunas advertencias que, aunque estén en un escenario ubicado en el tiempo del apóstol Juan, son atemporales. Son válidas siempre.

Las cartas a las siete iglesias forman parte de esas advertencias. En ellas, Jesús indica lo que están haciendo bien, pero también en qué tienen que mejorar. Son consejos siempre actuales y que necesitamos tener siempre presentes.

Esta es la primera entrada de una serie en la que intentaré exponer el mensaje actual de esas cartas sin entrar en temas más teológicos que, aunque sean interesantes, harían demasiado largas las entradas. Comienzo con la carta a la iglesia de Éfeso (Ap 2, 1-7):

Al ángel de la iglesia de Éfeso, escribe: Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que camina entre los siete candeleros de oro.
Conozco tu conducta: tus fatigas y tu paciencia; y que no puedes soportar a Sigue leyendo

Soy un dogmático impenitente. Y tú también.

¡Qué le vamos a hacer, así es la vida! Muchos nos acusan a los creyentes de dogmáticos, como acusándonos de no tener pensamiento propio. El único problema (un muy serio problema) es que, si supieran lo que es un dogma, se darían cuenta de que ellos también son dogmáticos. Y también en el mismo sentido en el que lo usan.

¿Qué es un dogma? Un dogma no es más que un principio, un axioma. Algo que se toma como base para un sistema, sea científico, sea religioso, sea filosófico… Ya, decir axioma queda más bonito. Pero, para el caso, es lo mismo. Si yo afirmo que uno más uno son cuatro, me salto alegremente axiomas matemáticos. Soy muy libre de decirlo, pero no estoy haciendo matemáticas. De la misma manera, si yo afirmo que Cristo no es Dios, me salto un axioma católico. Un dogma. Soy muy libre de decirlo, pero no estoy profesando la fe católica. Así pues, tan dogmático es el católico como el matemático cuando se empeñan en defender que las bases de la fe católica o de las matemáticas son las que son y no otras.

Responsabilidades en el aborto

Al hilo de la entrada “Aborto y criminalización“, una amiga me llamó la atención sobre la responsabilidad que podía tener el padre. Así que voy a ampliar un poco lo dicho en esa entrada.

En primer lugar, debe quedar claro que la mayor responsabilidad, la vital, la primera, es de la madre. Es ella la que va al abortorio, la que permite que descuarticen a su hijo. Sin embargo, la cosa no queda ahí. Hay más responsabilidades.

  • El padre que se desentiende del niño que ha engendrado o que, directamente, también quiere eliminar.

 

  • El médico que decide que el dinero es más importante que la vida de un niño y que su deber de salvar vidas, y se presta al asesinato de niños en estado prenatal.

 

 

  • El médico cobarde o ideológicamente carcomido, que le da a una madre la opción de matar a su hijo como si fuera la solución a algo.

 

 

  • El político que degrada las leyes y las fuerza para que permitan matar impunemente a los seres humanos más indefensos.

 

 

  • El votante que pone su confianza en esos políticos.

 

 

  • El educador o divulgador que
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Aborto y criminalización

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Hace unos días, el diputado Carlos Salvador propuso que fuera obligatorio mostrar una ecografía a las madres antes de abortar para tomar una decisión con toda la información. Y, como no podía ser de otra manera, ningún partido apoyó al diputado. Las reacciones fueron las previsibles, pero hay una que me llama la atención: la de decir que es un intento de criminalizar a las mujeres.

Hombre, pues digo yo que alguien que decide matar a su hijo puede ser tratado de criminal, ¿no? Si lo hiciera unos meses más tarde, esa persona iría a la cárcel. Si lo hace antes, casi se la trata de heroína. Los posibles atenuantes, si los hubiera, no deben hacernos perder de vista la terrible gravedad del aborto. Y no se hace ningún favor a la verdad ocultándolo. Una mujer que decide matar a su hijo debe tener claro que eso es un homicidio y que ella es culpable de ello. Y debería tener consecuencias penales, por supuesto, porque matar a alguien no debería salirle gratis a nadie.

Eso, por supuesto, no exime de que esa persona pueda recibir ayuda psicológica y se pueda redimir. Pero, insisto, ocultar … Sigue leyendo

10 puntos clave sobre la legítima defensa

Seguro que no he sido el único que, ante un católico que afirmaba la posibilidad de defenderse ante algún ataque, sea personal o a la sociedad en su conjunto, ha visto cómo incluso otros católicos se le echaban encima recordándole que hay que poner la otra mejilla. Bueno, pues por ese motivo me he decidido a resumir en 10 puntos la doctrina sobre la legítima defensa recogida en el Catecismo de la Iglesia Católica en sus epígrafes 2263-2267. Espero que contribuya a recordar una doctrina que parece a veces un poco olvidada:
  1. Se habla de la legítima defensa en el capítulo segundo: “Amarás al prójimo como a ti mismo“, en el artículo 5, sobre el quinto mandamiento: “No matarás“.
  2. Defenderse de alguien no implica que se produzca una excepción al mandamiento antes mencionado. No quiere decir que no se ame a esa persona. Ni siquiera que se desee provocarle daño o la muerte.
  3. Se basa en el amor a sí mismo, implícito en el mandamiento “amarás al prójimo como a ti mismo“.
  4. Si para neutralizar al agresor se hace necesario matarlo, no se es culpable de homicidio. En cualquier caso, hay que
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Compromiso con la verdad

Creo firmemente que el escritor, por el mero hecho de serlo, tiene un irrenunciable compromiso con la verdad. Un escritor nunca, nunca, debe mentir al lector. Eso, ojo, no quiere decir que no pueda inventarse un mundo entero con sus propias reglas, sus propios personajes y su propia forma de actuar. Pero siempre tiene que ser coherente con su contexto. Siempre. De lo contrario, el escritor estará mintiendo al lector.

En el caso de la novela histórica es muy sencillo. Si vamos a contar una historia emplazada en la Edad Media, tenemos que basarnos en el contexto real de cómo era la Edad Media en el lugar en cuestión. No es de recibo quedarse con todos los tópicos posibles y soltarlos uno tras otro. Y los personajes, aunque sean totalmente inventados, tienen que ser coherentes con ese contexto. Tienen que pensar con las coordenadas de ese momento. Un error común al tratar temas de historia es juzgar los acontecimientos pasados con los criterios presentes. Y ese error se lleva a las novelas por quienes no han “hecho la tarea”. Y muchas veces cuelan, porque el que lo lee asume que le están contando la verdad porque es “novela … Sigue leyendo