Catequesis

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Estas son fechas, como todos los años, de ir apuntando a los niños a catequesis. Pero este año, tras darle muchas vueltas, ponerlo muchas veces en oración y pedir opiniones, he decidido pedir a mi párroco que, si es posible, no cuente conmigo como catequista.

¿Por qué? No se trata de que como catequista sea especialmente desastroso (que bien pudiera ser). Ni se trata de que haya decidido abandonar la fe católica ante ideologías tan interesantes, lógicas y bien estructuradas (nótese que lo digo de forma totalmente irónica) como la ideología de género, el buenismo, etc. Se trata, sencillamente, de que, en breve, nacerá mi hija. Cuidaré de mi mujer (y ella cuidará de mí, espero), de nuestros hijos, seguiré escribiendo, seguiremos luchando por salir adelante con la fotografía y seguiré con mi trabajo habitual. Todo eso suma demasiado tiempo. Y la vida no me da para todo. Bueno, si consiguiera vivir sin dormir, sí que me daría para algo más. Pero me temo que, por el momento, aunque duermo bastante poco, hay que recortar por algún sitio. Así que, si hay suficientes catequistas, que espero que sí, este año espero “librar”. No renuncio a ser catequista, ni siquiera este curso si es necesario. Pero lo primero es mi familia.

Sin embargo, quiero aprovechar para reseñar algunos puntos que me parecen de especial importancia para la catequesis. Son sólo unos pocos, sacados a vuelapluma, algunos de los cuales yo mismo no he cumplido particularmente bien, pero que me parecen vitales a tenor de la experiencia y de haber leído testimonios de padres y catequistas.

  • La catequesis lleva a conocer a Cristo y a su Iglesia. Conocer a veces implica memorizar, implica aprender, implica oración… No tiene sentido rechazar alguno de esos puntos para, supuestamente, facilitar las cosas. Lo barato sale caro. La catequesis light lleva a cristianos sin formar. Y eso crea una masa católica fácilmente manipulable. Conocer a Cristo y a la Iglesia, su esposa, es tratarlos y aprender sobre ellos. Las dos cosas.
  • Es muy importante que los sacerdotes responsables conozcan a los catequistas. No se puede poner al primero que pasa como catequista, aunque tenga muy buena voluntad, porque luego nos encontramos catequistas que no van a misa (o van pero no la entienden), que se oponen a la doctrina de la Iglesia, que no son, en una palabra, un ejemplo claro, un guía para los chicos. Eso no es aceptable.
  • Importante también que los catequistas tengan una buena formación doctrinal. Los niños te van a discutir. Te van a comentar lo que oyen, lo que les enseñan y lo que no entienden. Por lo menos, algunos lo van a hacer. Tienes que ser capaz de explicar mínimamente la doctrina de la Iglesia de forma que la puedan entender ellos. Si algo no lo sabes, procura ser sincero y enterarte cuanto antes, para poder responder.
  • Los niños no son tontos y la misa no es un juego. Si la presentas “bajo mínimos”, bajo mínimos la entenderán. Acércales al misterio de la Redención vivido en la misa. Son perfectamente capaces de entrar en él, igual que ha ocurrido durante dos milenios. Seguramente, son más capaces que los adultos.
  • Esto no depende de los catequistas, pero lo suyo sería que la catequesis empezara y continuara en casa. Los padres deben ser los que le introduzcan en la fe, los que le mantengan en ella y refuercen el esfuerzo de los catequistas. Los padres se tienen que implicar. Por poner un ejemplo, si el catequista explica que en la consagración debemos arrodillarnos para adorar a Cristo Eucaristía y sus padres insisten en no arrodillarse pudiendo hacerlo sin problemas, ahí hay una discrepancia que el niño, por lo general, resolverá a favor de sus padres. El esfuerzo del catequista habrá sido eliminado de un plumazo.
  • Ten una exquisita puntualidad y exígela. No se trata de un pasatiempo ni de una guardería para que los padres dejen un rato a los niños. La catequesis es algo muy serio que debe ser visto con el máximo respeto, empezando por los propios catequistas.
  • Prepárate la catequesis. Cada año es diferente, cada niño es diferente y cada año eres diferente. Por mucho que creas que sabes de sobra como para dar catequesis dos años seguidos sin consultar el Catecismo, por mucho que creas que la inspiración surgirá, prepárate la catequesis. Si surge la inspiración, genial. Si, examinándola, no es una distracción o una ilusión y es conforme a la doctrina, aprovéchala. En cualquier caso, ten un guión. Es necesario que sepas qué vais a tratar en cada sesión y que lo mantengas. Cualquier contenido, expresado de forma ordenada, lógica y coherente, es más fácil de interiorizar que si lo que se ve un día no tiene nada que ver con lo del día anterior o, peor aún, en un mismo día cambias de tema sin ninguna solución de continuidad.
  • No esperes ver frutos. Sí, así, como suena. Lo más probable es que no los veas. Quizá nunca. Quizá los haya o quizá no. Es más, quizá haya frutos que se echen a perder. No te desesperes por ello. Tú con la catequesis plantas una semilla. Mientras está en tu mano, la cuidas todo lo que puedas. Pero si arraiga, hasta qué punto lo haga, y si florecerá o no no depende de ti. Olvídate de la vanagloria y céntrate tan sólo en hacerlo lo mejor que puedas. El esfuerzo no lo haces por ti, lo haces por Dios y para Dios.
  • Sé coherente con tu fe. Vital. Sencillamente vital. Creo que no hace falta explicarlo en absoluto.

Bueno, mejor será que pare ya o esto se hará demasiado largo. En cualquier caso, espero que estas líneas puedan servir de alguna utilidad.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

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