Compromiso con la verdad

Creo firmemente que el escritor, por el mero hecho de serlo, tiene un irrenunciable compromiso con la verdad. Un escritor nunca, nunca, debe mentir al lector. Eso, ojo, no quiere decir que no pueda inventarse un mundo entero con sus propias reglas, sus propios personajes y su propia forma de actuar. Pero siempre tiene que ser coherente con su contexto. Siempre. De lo contrario, el escritor estará mintiendo al lector.

En el caso de la novela histórica es muy sencillo. Si vamos a contar una historia emplazada en la Edad Media, tenemos que basarnos en el contexto real de cómo era la Edad Media en el lugar en cuestión. No es de recibo quedarse con todos los tópicos posibles y soltarlos uno tras otro. Y los personajes, aunque sean totalmente inventados, tienen que ser coherentes con ese contexto. Tienen que pensar con las coordenadas de ese momento. Un error común al tratar temas de historia es juzgar los acontecimientos pasados con los criterios presentes. Y ese error se lleva a las novelas por quienes no han “hecho la tarea”. Y muchas veces cuelan, porque el que lo lee asume que le están contando la verdad porque es “novela histórica”. Craso error.

De la misma manera, si se trata de una novela cuya acción transcurre en el tiempo actual, el contexto base para la coherencia de los personajes y, por tanto, de toda la novela es la situación actual.

En fantasía, ciencia ficción, ucronías, utopías, distopías, etc ya el contexto es diferente: somos nosotros como escritores los que ponemos las reglas. Pueden ser totalmente distintas de lo que conozcamos o pueden basarse en un espacio-tiempo real pero modificado. En estos casos, las reglas tienen que ser coherentes entre ellas y, por supuesto, los personajes también. Otra cosa es que haya algunas reglas desconocidas por los personajes que haya que ir descubriendo.

Como dice (más o menos, cito de memoria) Brent Weeks, “el lector, al ponerse a leer una novela, está dispuesto a aceptar una cierta suspensión de la realidad“. Es cierto, como lectores sabemos que, sobre todo en ciertos géneros, podemos aceptar como realista algo totalmente extraño. Pero también es cierto que, cuando vemos algo como incongruente, ya no seguimos la lectura con tantas ganas.

A mí, especialmente me rechinan los tópicos en la novela histórica. Por eso dejé de leer “libros de templarios”. Acabé tan harto de tópicos esoteristas y conspiracionistas que llegué a aborrecer ese tipo de libros. Incluyo, cómo no, “El código Da Vinci” y sus imitaciones. Los pobres templarios tienen que estar revolviéndose en sus tumbas ante esa absurda manipulación de su memoria.

email

Entradas relacionadas

Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

Jorge Sáez Criado
Últimas publicaciones de