Comunión en la boca, comunión en la mano

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Una de las polémicas más habituales dentro de la Iglesia es la de que si es mejor recibir la comunión en la boca o en la mano.

Bien, es preciso saber que ambas formas son válidas. Yo, particularmente, prefiero recibir la comunión en la boca. ¿Por qué? Sin ánimo de polemizar, estas son mis razones. Para empezar, no me veo digno en absoluto de tocar el Cuerpo de Cristo. No es sólo que no me vea, sino que no lo soy. Y, además, está el grave problema de que las formas sueltan pequeñas partículas de pan, incluso aunque se tenga mucho cuidado. Y ese pan, una vez consagrado, es Cristo. Es decir, recibiendo la comunión en la mano corro el peligro de dejar en mis manos restos de partículas de las formas que no sé dónde van a ir a parar. Lo que quiere decir que tengo en mis manos el Cuerpo de Cristo y puede que acabe en el suelo al moverlas, o en cualquier sitio perdido. Yo no me quiero arriesgar a eso.

Pero bien, es una manera aceptada por la Santa Sede. El problema es que, muchas veces, las cosas no se hacen como deberían. Y me refiero en esta ocasión a los sacerdotes y a los ministros extraordinarios de la comunión.

Hay un documento que es una joyita, la Instrucción Redemptionis Sacramentum, en el que la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos nos indica algunos abusos litúrgicos y cómo se deben hacer las cosas correctamente, recordándonos que es nuestro deber (de todos y cada uno de los católicos) que se tenga el debido respeto a la Eucaristía y se cumpla adecuadamente la Liturgia.

En ese documento se indica, por ejemplo (las negritas son mías): “[92.] Aunque todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca,[178] si el que va a comulgar quiere recibir en la mano el Sacramento, en los lugares donde la Conferencia de Obispos lo haya permitido, con la confirmación de la Sede Apostólica, se le debe administrar la sagrada hostia. Sin embargo, póngase especial cuidado en que el comulgante consuma inmediatamente la hostia, delante del ministro, y ninguno se aleje teniendo en la mano las especies eucarísticas. Si existe peligro de profanación, no se distribuya a los fieles la Comunión en la mano.[179]

¿Alguna vez habéis visto que se tenga cuidado en este punto? Yo, muy pocas. Y al sacerdote que lo tenía se le llamaba, a sus espaldas, exagerado. Pues es un deber de quien da la comunión. Un deber que, tristemente, no se cumple.

Y otro punto: “[93.] La bandeja para la Comunión de los fieles se debe mantener, para evitar el peligro de que caiga la hostia sagrada o algún fragmento.[180]

¿Pone que, según las preferencias, se puede o no mantener? Oye, pues no. Pone que se debe mantener. Sin embargo, no lo veo cumplir en muchos sitios. Vale, quizá hay veces que no se puede. Pero tenemos que reconocer que ya que pone claramente “se debe mantener” y que aporta una gran ventaja, habría que hacer un mínimo esfuerzo para cumplirlo.

¡Qué bonito sería que se hicieran bien las cosas!

Por cierto, sobre la desaparición progresiva de reclinatorios incluso en los bancos de las iglesias, ha surgido una iniciativa para tratar de recuperar los reclinatorios para comulgar, con la idea de facilitar que los fieles que lo deseen puedan comulgar de rodillas. Más información aquí: Reclinatorios para comulgar.

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.