Confirmaciones

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Hoy a las 12 de la mañana se han celebrado en nuestra parroquia las confirmaciones de 23 jóvenes. Entre ellos estaban esos dos buenos amigos de los que he hablado alguna vez. Y he tenido el honor, el privilegio, de ser el padrino de ella. Un privilegio inmerecido. Una responsabilidad que seguramente me quede grande, pero que trataré de asumir lo mejor que pueda.

El momento de la Confirmación es muy especial. Se trata del momento en el que, por nuestra propia voluntad, decidimos seguir adelante junto a Cristo, ser sus testigos, no avergonzarnos de la Cruz. Quizás no seamos muy conscientes de lo que es en el momento en el que lo hacemos (de adolescentes no somos conscientes de muchas cosas). Pero, precisamente, el ver a estos dos amigos confirmando su fe a su edad creo que ha hecho pensar a más de uno. Porque no se suele ver. Lo normal es confirmarse de adolescentes e ir olvidando el compromiso adquirido en el momento en el que le decimos sí a Cristo. Mantenemos los dones del Espíritu escondidos, apartados, como si no existieran. Ni nos damos cuenta de que están ahí. Ver y acompañar a dos personas que son plenamente conscientes de lo que están haciendo y de que quieren hacerlo es ver al Espíritu Santo actuar. Han llegado a la Confirmación siendo ya testigos de Cristo. Un testimonio de vida, de querer llevar una vida coherente con el tesoro que han encontrado.

Yo mismo, cuando me confirmaron, no tenía muy claro lo que estaba haciendo. Sabía que tenía que ser importante, por todo lo que se movilizaba y porque había tenido que prepararme durante dos años. Pero realmente ha sido hace no muchos años cuando he tomado conciencia de lo que hice en ese momento. El Espíritu tiene paciencia, y en mi caso esperó pacientemente a que terminara de buscar por donde no era hasta llegar a donde tenía que haber mirado desde el principio. Quizás, eso espero, los adolescentes que hoy se han confirmado y que tampoco tenían muy claro lo que hacían, también lleguen a darse cuenta de ello y se conviertan en auténticos testigos de Cristo. Dios lo quiera.

Ahora llega para ellos el principio de una vida plenamente cristiana. Los padrinos tenemos que estar ahí para ayudarles en ese camino, porque no es fácil y menos hoy en día. Hoy se nos exige un testimonio claro y firme, ya que el medio en el que nos movemos ya no es que se haya secularizado, es que ha llegado a ser, en muchos casos, anticatólico. Y ese testimonio no se nos exige como una carga, como una orden impuesta a la fuerza por alguna autoridad. Ese testimonio nos lo exige la decisión de querer seguir a Cristo. De querer llevar nuestra propia cruz sin miedo, sin avergonzarnos de ella. O luchamos por la coherencia de la vida en Cristo, o habremos olvidado lo que prometimos en nuestra Confirmación.

Al Espíritu no se le puede contener, y si vivimos en Él, se notará. Transformará nuestra vida y la de los que tengamos alrededor por la fuerza imparable del Amor.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

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