Consolar al diccionario

publicado en: Breves, Breves: lenguaje | 0

Consolar al diccionarioEsta entrada viene a ser de queja pura y dura. Llamémosla “entrada protesta”. Me vais a permitir que despotrique un poco porque, de verdad, es tremendo. Y, como escritor, duele. Es que, cada vez, parece que hay menos interés en saber hablar bien en el propio idioma, y es muy, muy triste. Al oír cosas como que algo, más que ayudar, “desayuda” o las típicas horribles traducciones literales (o directamente adaptaciones) de palabras inglesas, te dan ganas de abrazar con cariño un diccionario para consolarlo. No pocas veces se trata de vagancia para pensar unida a desconocimiento de vocabulario suficiente, quizá por falta de lectura.

No podemos, además, perder de vista que el lenguaje también influye en el pensamiento. Al fin y al cabo, pensamos con palabras. Lo vemos con claridad en el infumable invento de la ideología de género que, montado en el caballo de la corrección política, consigue que la gente vea como normal utilizar expresiones que rebasan de lejos el límite del ridículo como “todos y todas los y las amigos y amigas”, o las todavía más lamentables “amig@s, amigxs, amig/s”. Expresiones, por cierto, que se ven incluso en algunas editoriales de cuyo nombre no quiero acordarme. Cada vez que veo algo como lo último me dan ganas de preguntar cómo se pronuncia ese engendro.

Y ese engendro es el que nos venden como normal desde altas instancias políticas. Tenemos al primer ministro de Canadá, Trudeau, soltando perlas como que, en vez de usar “mankind” (humanidad) es mejor usar “peoplekind” (¿gentidad?). Según parece, usar incluso partículas que puedan denotar un mínimo carácter masculino (“man”) está mal visto.

Como en España, donde Irene Montero nos ha hablado de portavoces y portavozas, dejando claro que tiene tanto conocimiento y tan alta capacidad como la que habló de “miembros y miembras”.

Una manipulación del lenguaje burda, sí, pero que va calando y está hasta en la sopa. Incluso en los libros de Gerónimo Stilton te encuentras con el “amigos y amigas roedores”. Que digo yo que, ya que nos ponemos, tendría que ser “amigos y amigas roedores y roedoras”.

Y cuando te lo encuentras en la Iglesia duele todavía más. Por querer demostrar que somos más inclusivos que nadie, empezamos con los religiosos y las religiosas, los niños y las niñas, los feligreses y las feligresas, y acabamos (y acabamas) haciendo el ridículo (y la ridícula).

En fin, lectores y lectoras, amigos y amigas, gente y genta que me aguantáis con benevolencia (y benevolencio), gracias por permitirme este pequeño momento (y momenta) de desahogo.

Y, por favor, usad bien el idioma. No cuesta nada y queda de miedo.

email

Entradas relacionadas

Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

Jorge Sáez Criado
Últimas publicaciones de

Dejar una opinión