Contra la pobreza

Hoy, 2 de Julio, hemos ver en la televisión un gran concierto para recaudar dinero contra la pobreza en África y para pedir al G8 ese 0.7% tan justo para que esos países puedan salir de la pobreza en la que los hacemos vivir. Hemos visto grandes cantantes unidos por esta noble causa, en un acto que se repite cada 20 años.

Sin embargo, lo que no se ve es el día a día. Toda la gente que lucha cada día para que esos países tengan agua, una educación, una vida. Esos misioneros, por ejemplo, cuya única ambición es luchar por sus hermanos, ayudarles con lo mejor que tienen: su propia vida. En días como hoy parece que es en los únicos momentos en los que se hace algo. Pero es un día a día, una lucha constante. Un concierto cada 20 años no sirce de nada si no hay gente dispuesta a ir allí, a sufrir con ellos, a compartir su vida con ellos a cada momento; si no hay organismos como Cáritas, Manos Unidas, Entreculturas, etc. que organicen las ayudas que llegan para elaborar proyectos de desarrollo.

Claro que podemos exigir a los gobiernos que ayuden a los países necesitados. Es más, debemos exigir a los gobiernos que ayuden a arreglar la situación de injusticia que ellos mismos se encargan de mantener. Y no sólo al G8, sino a todos. Pero el cambio debe empezar en nosotros mismos, en una opción individual, en un “yo quiero ayudar” dicho con convicción por un individuo que toma esa decisión libremente, en un ver al prójimo como si fuera uno mismo. Es más, debemos ver al desfavorecido como imagen de Dios. No necesitan que los compadezcamos, necesitan nuestra caridad, es decir, nuestro amor, nuestra solidaridad. Y, desde luego, no cada 20 años, sino cada día, como tantas organizaciones, entre ellas muchas de la Iglesia, que no se hacen ninguna o casi ninguna publicidad y que son las que realmente mueven las cosas para que vayan cambiando.

Que aprendamos a ver a los demás como la imagen del Dios que nos conoce desde el principio. Que la limosna, la ayuda que prestemos, no sea para acallar nuestras conciencias, sino una muestra de amor fraternal.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

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