¿Cuáles son las raíces de la increencia? (Enviado por Car_men)

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No es fácil la respuesta, sociólogos la han apuntado como un hecho al menos de la sociedad occidental. El caso es que las personas se van distanciando de la religión por causas diferentes. Vamos a analizar un poco algunas posibles:

Fe en la ciencia:

Todos llevamos dentro la tendencia a verificar previamente y comprobar aquello que hemos de acoger o creer. Según un dogma científico el hombre sólo puede afirmar con sentido y responsabilidad aquello que puede ser objeto de comprobación. Todo intento de ir más allá de la ciencia es caer en el mundo de lo irreal. Por tanto no hay lugar para Dios, ni para lo Sagrado.

Pragmatismo difuso:

El hombre de hoy mira todo de una forma utilitaria. Sólo parece interesar el rendimiento y la eficacia. La mentalidad científico-positivista le ha hecho a la vez pragmático. Sólo le interesa lo funcional; no hay lugar para el sentido de lo último. Se vive lo inmediato, el presente. La religión por ello resulta superflua, no es operativa. ¿para qué sirve creer?

Pluralismo ideológico y religioso:

Ya no es fácil saber en qué hemos de creer. Hemos pasado a una situación donde coexisten toda clase de corrientes y posturas ante la vida; todas ellas con la pretensión de verdad, que parece normal relativizar el valor de todas ellas. Crece así el escepticismo y parece que no sea tan importante y absoluto lo que uno ha creído hasta ahora… Los mismos creyentes sienten en su interior el enfrentamiento de diferentes ideologías, corrientes y creencias. Todo se mezcla y como bien apuntaba Jorge, todo corre el riesgo de quedar relativizado.

Por otra parte, el tremendo poder de los medios de comunicación permiten conocer otras grandes tradiciones religiosas y comenzamos a pensar que todas son equiparables y que resulta indiferente a cuál se pertenezca. Podemos pensar que no hay una verdadera y caer en cierto indiferentismo, que no consiste, precisamente, en una igual estima y valoración de todas ellas, sino en una igual falta de estima.

Falta de coherencia institucional:

Lo comentaba en mi comentario anterior: Se ha puesto, y se pone en cuestión a las propias instituciones religiosas y sus formas de organización y expresión, a veces por tergiversar y ocultar el mensaje que deberían transmitir.

Hemos de añadir que, en algunos casos, se percibe una cierta distancia entre lo que predican las personas que forman parte de dichas instituciones y cómo lo viven. A veces se les acusa, y tal vez no sin razón, de estar vinculadas a determinados poderes políticos, económicos y culturales; y alejados de los más pobres, débiles o marginados. No ven en ellos un lugar de acogida y de libertad.

Muchos somos los que hemos caído en la increencia ¿Cómo hemos llegado a caer en ser depredados por ella?

Hay tantos caminos tal vez como personas, pero también podemos indicar algunos:

Muchos de nosotros nos hemos encontrado dentro de la religión sin habernos planteado nunca por qué creemos. Nos bautizaron, tomamos (nos llevaron) la primera comunión. El ambiente social así lo exigía y al no ser fruto de una decisión personal hoy también somos increyentes porque los tiempos así lo piden.

En otras ocasiones, el abandono de la vida de fe ha tenido origen en una crisis de orden moral; la fe ha sido durante muchos años un deber ético que dictaba normas claras y precisas; hoy tal vez con los cambios vertiginosos a los que esta sociedad ha quedado sometida no sirven, o bien parecen anticuadas y estrechas. La religión se presenta como un estorbo que impide vivir gozosamente y de forma intensa la experiencia humana (y también diría: vacía y sin sentido pleno).

Otra cuestión es la agresión ideológica a la que las personas inmersas en una religión, y especialmente hablo por la que me toca: el catolicismo, se encuentran sometidas. La religión se ve como algo que en una sociedad adulta y emancipada carece de todo interés y además no es propio de personas cultas y sobre todo progresistas (vil mentira). Se aprovecha cualquier ocasión para ridiculizar o pedir explicaciones de una forma pública a aquellos que se afirman creyentes y católicos.

Otras veces se da un deslizamiento hacia la increencia por dejación y por falta de cultivo de la fe, por superficialidad (tan de moda hoy día) o por cansancio. La persona se aliena en la sociedad del consumo, en el gozo fácil e inmediato y se pierde la capacidad de comunicarse con la plenitud de su creador, con lo Transcendente. La vida diaria se alimenta de otras fuentes y otros impulsos…. (Se va vaciando lentamente….).

No se puede ser creyente al margen del fenómeno de la increencia. ¿Cómo nos afecta a los creyentes la increencia que nos rodea?

Hay una falta general de apoyo psicológico para la actitud de fe. Primero la religión no suscita ningún eco, los creyentes nos escondemos temerosos de que se sepan nuestras creencias. Predicar en el desierto lleva el peligro de que uno mismo se convenza de que no hay nada que decir, puesto que a nadie le interesa.

Además la increencia está plagada de armas racionales con las que desmonta los mecanismos del ejercicio psicológico y sociológico de la fe. De ahí cuando hablaba en mi primer comentario de la valentía y la firmeza que ha de tener un creyente. Valentía para aportar también argumentos en contra y firmeza para resistir al contagio de las actitudes tan frecuentes hoy día. A falta de una firme convicción nos conformamos con las ideas de los demás, vamos en “manada” como los animales, vamos alienados de nuestra propia conciencia y nuestra propia dignidad como personas. Por desgracia los mismos creyentes adoptamos dos posturas de refugio: primero hacemos apología del anonimato de la fe y ejercemos nuestra religión de una forma clandestina, como si no pudiéramos confesarla públicamente y como si estuviéramos en países donde se nos persigue con la fuerza; sintiéndonos atacados, desfasados y acorralados, con el temor de ser vistos como anticuados, rancios o poco “progres”; como antes decía, poco a poco renunciamos al anuncio explícito de la fe y encima nos apuntamos a la denuncia de la inadecuación de las instituciones. (¿Dónde ha quedado la valentía de Jesús cuando decía lo que pensaba aún sabiendo el peligro que corría? ¿Y nosotros nos llamamos cristianos?….)

Y nos sentimos cercados, en estado de sitio permanente, amenazados por la ola de creciente increencia. Algunos nos agrupamos en grupos casi clandestinos como un “rebaño atacado“, y nos sentimos víctimas y es difícil no caer entonces en una actitud de condena de los otros, de autosatisfacción nuestra, y crear un foso insalvable entre los demás y nosotros (¿dónde queda el prójimo entonces?, ¿dónde el enriquecimiento de unos en/con otros?)

Otros adoptamos una actitud de nostalgia de tiempos pasados y adoptamos una actitud defensiva con un cierto acompleja miento de nuestro tesoro: nuestra fe. Es tentador entonces poner un acento excesivo en el fortalecimiento de la instituciones y en la defensa de un código doctrinal seguro y de un cumplimiento más riguroso de la práctica religiosa (¿Dónde hallamos entonces a Jesús cuando defendía al hombre siempre por encima de la ley de los ritos de las normas?) Es fácil entonces en esa actitud de refugio condenar interiormente a los otros y creernos superiores ante los demás (¿dónde la humildad del maestro que lava los pies a sus discípulos?).

Finalmente otros tratan de adaptar sus creencias a los criterios del mundo moderno para recuperar audiencia y prestigio. Se configuran su religión desde ideologías diferentes, rebajando las exigencias de la propia fe hasta conseguir metas mundanas concretas. (Esta página del Evangelio me gusta…. me la quedo. Esta me exige, no me gusta, la arranco…; esta sí…, esta no…. ¡Lamentable!)

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

Jorge Sáez Criado
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