Democracia al estilo etarra

Pues sí, tras ese mazazo a la democracia y al bien común que supone que se excarcele a un criminal, a un asesino, a un terrorista (y a los que vengan detrás siguiendo el mismo ejemplo), ese garante de las libertades, ese rey de la democracia, ese hombre de paz que es Otegui va y dice “sin Navarra no queremos nada”.

¡Qué gran muestra de democracia! ¡Eso sí que es escuchar al pueblo! La pequeña pega es que el pueblo al que escucha se reduce a sus coleguillas enamorados del asesinato, la extorsión y la violencia. Pero bueno, pueblo es, al fin y al cabo. ¿Qué más da que pretenda, a base de chantajes y violencia anexionarse una comunidad autónoma a un país que sólo existe en el mundo de las piruletas (y en la imaginación de cuatro lechuguinos que se creen la propaganda nazionalista sin tomarse la molestia de estudiar la Historia)? ¿Qué más da que se vulneren las libertades y los derechos de los navarros? Eso no importa, porque Otegui, el emperador de las Tierras Vascas, quiere para su imperio Navarra. Su pueblo, el de las boinas, las capuchas y las pistolas, quiere Navarra. Y él, como buen demócrata, escucha al pueblo.

Y de paso, zETAp escucha a su pueblo, que parece coincidir con el de Otegui. Así que se lleven tan bien, los dos escuchan a los mismos y se escuchan entre ellos. ¿Será eso una muestra más de la Alianza de Civilizaciones Terroristas?

Que nadie se lleve a engaño, ni nadie se sorprenda. El nacionalismo nunca, jamás, se queda en su propio triste terruño mirándose el ombligo y diciendo “¡qué buenos y qué diferentes somos, y qué opresores son los demás!”. Aunque pretendan dar la sensación de que se quedarán así, no es cierto. Todos los nacionalismos aspiran al imperialismo, a dominar a los demás, porque se basan en su superioridad. El nacionalismo vasco (empiezan anexionándose Navarra, parte de Francia, parte de Castilla y León, y luego ya veremos), el nacionalismo catalán (esos imaginarios países catalanes), el nacionalismo de Hitler (que, desde luego, no se quedó en Alemania, sino que empezó a anexionarse más y más territorios), etc. Eso es el nacionalismo, un monstruo imperialista. Y, curiosamente, tiende a asociarse al socialismo. Podemos poner los mismos ejemplos: nacionalsocialismo (abreviado: nazismo), PSC+ERC, PSE+HB,… La Historia ofrece todos los ejemplos que hagan falta, sólo hay que saber escucharla, y tener un mínimo interés por no cometer los mismos errores.

En el imperialismo tenemos la clave para distinguir lo que es amor a la patria de lo que es nacionalismo. El amor a la patria no pretende imponer nada a nadie. No pretende expandirse por otros territorios. El nacionalismo sí.

Un par de citas sobre el nacionalismo:

“El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad.” Albert Einstein.
“El nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando”. Pío Baroja.

A la expresión de Pío Baroja yo añadiría que también se cura leyendo la Historia y pensando más en global en lugar de reducirnos a nuestro terruño inmediato. Hoy en día, cuando está claro que la mejor forma de afrontar el futuro es estar unidos, es absurdo, por no decir ridículo, que unos pocos pretendan imponer divisiones y fragmentaciones aleatorias, según sus propias fantasías psicodélicas.

¡Rebelión cívica ya! ¡zETAp, dimisión!

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

Jorge Sáez Criado
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