Desprecio activo

Tengo que dar mi pésame a los catalanes por tener que aguantar en los medios a gente como la que no duda en decir en su periódico que “la Iglesia merece desprecio activo” por utilizar su derecho a la libertad de expresión. Se puede leer la noticia, entre otros muchos sitios, en Libertad Digital. Semejante muestra de “fascismo activo” es la que hace a la gente perder la confianza en quienes dicen representarlos. Sin embargo, en el Evangelio de este día 1 de Noviembre, hemos podido oír algo muy interesante perfectamente aplicable a este caso: Las bienaventuranzas. He aquí el texto.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5, 1-12a)

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:

«Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos los que lloran,
porque ellos serán consolados.

Dichosos los sufridos,
porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»

Todo es importante, pero lo que he puesto en negrita es lo vital en este caso. Alguien que lea eso, ¿en serio va a pensar que se puede detener a la Iglesia con “desprecio activo”? En el Evangelio está claro: El siervo no es mayor que su señor. Si a Él le persiguieron, a sus seguidores también se los perseguirá. Pero Jesús nos dice que si se nos persigue por su causa (que, no lo olvidemos, es la causa del amor incondicional al prójimo), debemos sentirnos dichosos, felices. Por tanto, ¿nos va a detener una muestra de odio? Si estos elementos nos odian, será porque estamos haciendo algo bien, ¿no? De lo contrario, todo serían alabanzas y parabienes. Pero cuando personajes aficionados a la dictadura y a imponer su criterio alientan al desprecio a la Iglesia, por lo menos para mí está claro cuál es el bando en el que quiero estar. ¿Nos persiguen? Que nos persigan. ¿Nos odian? Que nos odien. Eso ya ha ocurrido, y seguirá ocurriendo. Pero sólo una cosa está clara: Mientras un solo cristiano esté vivo, dará testimonio de la verdad, y la verdad traerá la libertad. No nos asustan las persecuciones, no deben asustarnos. Tienen más miedo quienes nos persiguen que los perseguidos, porque los que nos persiguen se mueven por el odio, mientras que nosotros buscamos el amor y el bien de todos, incluso de los perseguidores. Y eso nos da una fuerza y unas ganas de seguir adelante que ellos no conocen.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

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