El documental “El lado oscuro del Código Da Vinci”

En el número de Alba correspondiente a la semana del 19 al 25 de mayo se podía adquirir el documental “El lado oscuro del Código Da Vinci”, en el cual se muestran parte de los errores garrafales del susodicho libro (mostrarlos todos llevaría bastante más de la hora que dura, más o menos), además de ofrecer testimonios de personajes como César Vidal y otros, expertos en literatura, historia, arte y religión.

Hasta ahí la cosa va bien.

Sin embargo, ¡qué cosas!, ayer en un relativamente conocido blog vi que se refería al documental como “propaganda católica”, de una forma indudablemente despectiva. No diré cuál es el blog en cuestión por dos motivos: no darle publicidad y por el tema de que se dice el pecado, pero no el pecador.

Cierto es que no entré a responder a los comentarios que había en la página, porque no me suele gustar entrar en una discusión en el terreno de aquel con quien discuta si no voy a poder continuar la argumentación por falta de tiempo. Vamos, por pura prudencia. Pero lo que sí que voy a hacer va a ser apuntar aquí una breve nota sobre esa afirmación.

Curiosamente, el muchacho afirma que vio un poco del documental y que ya se dió cuenta de que todo era una maniobra de propaganda católica del grupo Intereconomía. No puedo resistirme a preguntarme si también pensará que los católicos estamos metidos en una confabulación a nivel mundial para desprestigiar a Dan Brown, que trae la salvación, y de paso para dominar el mundo (ya que estamos…).

En primer lugar, es curioso que para hacer propaganda católica se dé el testimonio de César Vidal, que es protestante. De momento, parece que se hace un pequeño cacao de confesiones religiosas.

Por otro lado, habría que recordarle que negar la validez del testimonio de unos expertos por causa de su religión es una falacia. Se reduce al típico: “¿y qué van a decir, si son cristianos?”, tratando de obviar que también son expertos en historia, en religión, en arte… y que probablemente tengan un criterio mucho más documentado que el suyo o el mío. Pero, reconozcámoslo, es muy fácil caer en las falacias de este tipo cuando no hay argumentos. En el mundillo de la lógica se conocen como falacias ad hominem circunstanciales porque utilizan las circunstancias de las personas para tratar de desprestigiar sus argumentos.

Y por último, ya que el tema tampoco merece mucha importancia, es el empleo del término propaganda de forma despectiva. Curiosamente, al hacer eso, él mismo ha hecho propaganda. Recordemos lo que quiere decir propaganda: “Toda acción organizada para difundir una opinión, una religión, una doctrina, etc.” (Diccionario minilarousse ilustrado). Es decir, él, al difundir de una forma organizada la opinión de que se estaba ante una oscura operación de propaganda estaba haciendo propaganda de sus ideas. ¡Qué fatalidad!

Además, a poco observador que se sea, uno se da cuenta de que el concepto de propaganda es un concepto neutro, no tiene valoración moral por sí mismo. Lo cual hace que la propaganda pueda responder a fines buenos o a fines malos. Un buen ejemplo es la propaganda de guerra, donde se echa mano de todo lo que se pueda para hundir la moral del enemigo. La propaganda con un fin malo suele echar mano precisamente de falacias y de insultos (la verdad no se suele llevar demasiado bien con el mal), mientras que la propaganda con fines positivos suele más bien utilizar argumentos y hechos, presentados de una forma más o menos atractiva. Normalmente, por lo que yo he podido ver, la propaganda católica tiene una saludable tendencia a utilizar argumentos y hechos, normalmente respondidos con insultos, falacias y burlas. De hecho, eso suele indicar precisamente que vamos por el buen camino, cuando no hay argumentos para rebatir lo que se ofrece, y se tira al camino del “difama, que algo queda”.

¿Es propaganda el documental? Hombre, no digo que no. Su idea es difundir una opinión (que, además, es verdad): el código Da Vinci es un increíble cúmulo de errores y blasfemias que hace un ataque directo al cristianismo en general y al catolicismo en particular. Y eso no es fruto de una mente paranoica que ve conspiraciones en todos los sitios, sino más bien de alguien que ha leído el libro. De hecho, ese libro también hace propaganda. Concretamente de una antigua herejía gnóstica que negaba la divinidad de Cristo, etc, etc. Vamos, lo de siempre. Para variar en estas cosas, al igual que con el “evangelio” de Judas, originalidad 0.

En fin, la recomendación de siempre: la mejor arma ante estas cosas es estar formados e informados.

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

Jorge Sáez Criado
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