El motor de la vida

A veces, creo que todos lo sabemos por experiencia, las cosas se ponen especialmente cuesta arriba. Si se trata de una racha más o menos breve, la pasamos con cierta soltura. Pero cuando empieza a alargarse en el tiempo, llega a suponer un auténtico desafío para el aguante y la paciencia de quien lo está pasando.

En esos momentos, no suele valer de mucho que te den consejos prefabricados, de los que tanto abundan por ahí. Si lo pasas mal, lo pasas mal por muchas palabras bienintencionadas que te digan. Sí, es bueno que te acompañen, que no te sientas solo, que te ayuden en lo posible. Pero la batalla es tuya, no te la pueden quitar.

Puede ser un sufrimiento o un malestar de cualquier tipo, que vaya haciendo mella poco a poco. No tiene siquiera por qué ser algo brutal, con que sea algo que se repita continuamente, durante mucho tiempo, ya puede destrozarte moral e incluso físicamente. Y no digamos si eso que se repite es algo brutal.

Conozco a un matrimonio excepcional, que desean con toda su alma ser padres. Y que todos sus embarazos han acabado en aborto espontáneo. Ese es un tipo de sufrimiento que sobrepasa todas las categorías. Sin embargo, son una bendición para todos los que les conocemos. No están amargados, ni les está aplastando el dolor. Tienen un secreto que no es ningún secreto: una fe a prueba de bombas. Y eso se les nota, es un auténtico placer tenerlos cerca. Transmiten una alegría, una bondad, una paz especial.

Lo único que da la capacidad de seguir adelante con alegría, sin desesperar, sin amargarse aunque recibamos golpe tras golpe, es la confianza en Dios. La seguridad de que, pase lo que pase, Dios está detrás, en su Providencia. Como dice Pablo, a quien ama a Dios todo le sirve para su bien. Incluso el misterio del mal.

Si no tenemos confianza en Dios, si sólo tenemos nuestras fuerzas, es seguro que acabaremos claudicando. No tenemos fuerzas ilimitadas. Por muy resistente que creas ser, caerás si estás solo. Irremediablemente.

Sólo Dios puede sacar bien incluso del mal. Él es la roca estable, el punto de referencia al que agarrarse y desde el que ver todo lo demás. Sólo Él puede mantener el corazón sano, curar sus heridas una y otra vez. Sólo Él.

Sólo Dios.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

Jorge Sáez Criado
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