El relativismo hace mella en la Compañía de Jesús

Leo en el diario El Mundo del 7 de Diciembre lo siguiente:

Un catedrático jesuita, a favor del preservativo

Juan Masiá: “Se puede usar como anticonceptivo para evitar embarazos no deseados y abortos”

Es jesuita, director de la cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia de Comillas y apoya el preservativo, el uso de embriones sobrantes de técnicas de fecundación in vitro y la clonación con fin terapéutico. En su libro Tertulias de Bioética. Manejar la vida, cuidar a las personas (Sal Terrae), Juan Masiá Clavel dice que “se puede usar el preservativo no sólo como prevención de un contagio, sino como anticonceptivo corriente, para evitar un embarazo no deseado y el consiguiente aborto”.

Y sigue: “Este tema no es cuestión de fe, ni moral, ni pecado. Es sólo sentido común, responsabilidad y buen humor. Hace mucho tiempo que la teología moral seria ha superado ese falso problema”.

Consciente de que va contra la doctrina de la Iglesia, dice que “a veces, hay que disentir en la Iglesia, no de la Iglesia, por fidelidad hacia la misma Iglesia”.

Fiel al Concilio Vaticano II, señala que “la concepción no es un instante, sino un proceso. Al final de la octava semana se forma el feto”. Por eso, Masiá rechaza la clonación reproductiva, pero “bendice” el uso de embriones sobrantes y de técnicas de clonación con finalidad no reproductiva.

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Bueno, antes de hacer una valoración moral, ni siquiera teológica de esta opinión, haré una valoración lógica. Y, para empezar, me centraré en esa frase: “La concepción no es un instante, sino un proceso. Al final de la octava semana se forma el feto.” Este buen hombre será todo lo catedrático que sea, pero se contradice a sí mismo en una frase tan breve. Vamos a ver, “al final de la octava semana se forma el feto” no está indicando un proceso, sino un instante. Antes no había feto, después sí. Pero indica que la concepción no es un instante, sino un proceso. ¿Qué quiere decir eso? ¿Que lo que había antes de la octava semana (por ejemplo, a 1 segundo de cumplir la octava semana) puede ser eliminado porque no llegaba a feto, y un segundo después ya no puede ser eliminado porque ya es feto? Seamos serios, eso es absurdo. Aunque sea catedrático y aunque sea jesuita, sigue siendo absurdo. Y, que yo sepa, en el Concilio Vaticano II no pone nada de que se puede matar a un ser humano que lleve menos de 8 semanas concebido. Porque un ser humano es humano desde el momento de la concepción. De ese pequeño embrión va a surgir, pongamos, un nuevo Einstein, una nueva Juana de Arco… Con el tiempo, claro. Pero el tiempo no convierte en humano algo que no lo era ya. Nunca he visto que una rana se convirtiera en humana con el tiempo. Ni he visto que, de la unión de un hombre y una mujer salga una rana. Así que a otro perro con ese hueso, que no cuela.

¿Embriones sobrantes? Creo que como religioso y como director de una cátedra de bioética debería saber que ningún ser humano es “sobrante”. Eso dice muy poco sobre él. Bueno, realmente dice mucho sobre él.

Habla de la teología moral “seria”. Y aquí nos encontramos con la falacia del verdadero escocés. Sí, esa que consiste en decir, por ejemplo, “ningún verdadero escocés comería huevos fritos”, y cosas similares. No es más que una forma de intentar justificar algo para lo que no tiene argumentos. Si alguien tiene curiosidad, el Mein Kampf está lleno de falacias de ese tipo: Todo buen alemán haría tal cosa, ningún auténtico germano permitiría tal otra cosa. Pues eso, para la teología moral “seria”, no hay problemas con el preservativo. Curiosamente, para la otra teología moral sí que lo hay. Y es curioso ver que un jesuita esté insinuando que la Congregación para la Doctrina de la Fe y otros órganos del Vaticano no saben teología moral “seria”. Por suerte, él sí, y está aquí para abrirnos los ojos a todos.

Y, precisamente porque el del preservativo es un tema de sentido común y responsabilidad, está la Iglesia en contra. Porque lo que hay que difundir es la responsabilidad de los propios actos, no pretender dar una falsa seguridad con algo que no es efectivo en el 20% de los casos. Si a eso le llama responsabilidad, también dice mucho sobre él. El ser humano no es un saco de hormonas incapaz de controlar sus instintos, sino una criatura que, de vez en cuando, piensa. Y, porque piensa y decide, tiene responsabilidad sobre los actos que realiza, porque todo acto tiene consecuencias, y eso es precisamente lo que se pretende enseñar desde la Iglesia.

De la misma forma, también dice mucho de él el título de su libro. Ese Manejar la vida no termina de sonarme a otra cosa que a manipular la vida, y que yo sepa un religioso no debería estar a favor de manipular nada, y mucho menos la vida de los seres humanos.

En lo que sí estoy de acuerdo es en disentir dentro de la Iglesia. Esa es la forma de avanzar de la teología (y de todas las ciencias). Pero lo mínimo es tener argumentos para apoyar las propias posturas, creo yo.

Por cierto, me parece lamentable que hable de buen humor en un tema que cuesta vidas. Pero eso ya es una opinión subjetiva.

¿Qué ha sido de la Compañía de Jesús que habría removido cielos y tierra para acabar con la injusticia criminal de “desechar” seres humanos “sobrantes”? ¿Tanto ha cambiado? ¿O sencillamente los medios sólo informan sobre lo que quieren para tratar de manipular en favor de una opinión? En fin, supongo que eso es ya cuestión de la Compañía y de los medios. Espero que este 2006, V Centenario del nacimiento de San Francisco Javier, sea un año en el que la Compañía se reorganice en busca de sus orígenes.

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

Jorge Sáez Criado
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