Elecciones

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Ya no queda nada para que tengamos que volver a acudir a las urnas para elegir (dentro de lo posible, que tampoco es gran cosa) a nuestros representantes municipales y autonómicos. Y, para variar, me gustaría decir un par de cosas. Total, es gratis.

En primer lugar, lo de siempre: la gran mayoría de partidos políticos, descartados. Me rijo, por supuesto, por los principios no negociables que, en su momento, ya enunció Benedicto XVI.

Por supuesto, me baso en la loca idea de que tenemos la obligación de votar en conciencia. Es decir, nada de inventar excusas con el mal menor de protagonista ni pamplinas similares. El mayor problema que tenemos los católicos en política no son los partidos hostiles a nuestra fe, sino que no votamos de acuerdo con nuestra fe. Ese es el problema. Preferimos entrar en cálculos, miedos y complejos absurdos, cuando no en votar por la fuerza de la costumbre, sin pensar siquiera en la trayectoria de nuestro partido favorito.

Pero ojo, que aquí hay para todos. Uno de los partidos que más ha dado que hablar es VOX. Se le presenta ahora como un baluarte en contra del aborto. El problema que tiene, y el motivo por el que desconfío profundamente de ellos, es que han tenido que votar para decidir si estaban en contra del aborto o no. Y lo que se establece con una votación se puede cambiar con otra. Lo siento, pero para mí no es suficiente garantía.

Quedan otros partidos, sí. Que también tendrán sus cosas que revisar. Hay alguno por ahí cuyo programa parece más una carta a los Reyes Magos que un programa político. Incluso, si la memoria no me traiciona, recuerdo  que en otras elecciones decían que el programa realmente se haría después, entre todos. Vamos a ver,  ¿cómo quieren que se vote a alguien que no sabe ni lo que va a hacer? ¿Cómo se puede presentar alguien de esa manera a unas elecciones? Por lo menos, cuidar los detalles. Pisar el suelo. No irse a la utopía, sino centrarse en cosas concretas.

De las elecciones europeas me queda también el recuerdo del fracaso de Impulso Social, la coalición entre AES, CTC y FyV. Me pareció lamentable lo escaso del apoyo que tuvo. Para estas elecciones han preferido buscarse la vida por separado, y es normal. Me parece bien, no lo critico. Pero espero que hayan analizado qué falló en esa coalición. Por qué alguien que vota, por ejemplo, a CTC luego no vota a Impulso Social. Es para pensarlo, la verdad. ¿Son más importantes las particularidades de cada partido que la búsqueda de esos principios mencionados antes? Por favor, un poco de unión en lo importante sería muy de agradecer. Y no lo digo por los partidos, que hicieron el esfuerzo de unirse, sino por los votantes, que fueron incapaces de mirar más allá.

En fin, cosas a tener en cuenta, cosas a mejorar… Lo único que pido es que nos dejemos de tonterías y votemos según esos principios no negociables. Sin pensar en nada más que en ser fiel a lo que creemos. Recordando que la economía no lo es todo. Y que el miedo a “los otros” no debería definir nuestra existencia.

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.