En la intimidad con el escritor

En la intimidad con el escritorEn una entrada anterior dejaba caer que la escritura es una forma de comunicación diferida entre el escritor y el lector. Pero no entraba en un detalle quizá sobrecogedor: el acto de leer es un acto de una tremenda, fantástica y, por qué no decirlo, liberadora intimidad con el escritor.

¿Cómo no iba a serlo? Durante horas, en ocasiones muchas horas, el lector desconecta de su realidad para introducirse de lleno en la realidad subcreada por el autor. Todo ese tiempo, el lector vive en la cabeza del autor, por decirlo de alguna manera. Esto es liberador. ¿A nadie más que a mí le ha ocurrido tener un día malo, pero malo malo, y que el acto de ponerse a leer un libro te saque de raíz de tus problemas, haciéndote desconectar de ellos para luego volver con mejor actitud? Porque a mí sí me ha pasado. Con no poca frecuencia.

El escritor te presta un mundo en el que perderte durante un tiempo y eso lo hace liberador, pero es tan íntimo como entrar en el pensamiento de otra persona y darse un paseo por él. Un paseo en el que le das un cheque en blanco para que te lleve a las partes que quiera de su mundo y para contarte una historia.

Es un acto tan profundamente íntimo que tú, lector, suspendes tu realidad por el escritor. ¿En qué otra ocasión harías algo así? ¿Por quién lo harías? Apartas a un lado lo que conoces del mundo y abres la mente a la subcreación del escritor, con sus reglas y características que, en ocasiones, no tienen mucho que ver con las del mundo real. Y las aceptas de buen grado. Las haces tuyas durante todo el tiempo en el que recorres esos mares de tinta que se convierten en una realidad alternativa en tu mente. Vives ese nuevo universo, subcreado por el escritor para ti y que es, en parte, diferente al universo que, con el mismo libro, se genera en la mente de otro lector.

Un universo que no se acaba cuando cierras el libro. Porque, si te has preocupado por los personajes, la preocupación sigue. Si te has alegrado con ellos, la alegría sigue. ¿Son reales o son sólo fantasía? Son lo bastante reales como para instalarse en tu vida y querer saber de ellos. Recordarlos de vez en cuando y sonreír, y desear volver a leer el libro en el que aparecían. E, incluso, hablar de ellos a otras personas. ¿A quién no le ha ocurrido que se ha encontrado con un libro que le ha encantado y, cada vez que tiene oportunidad, habla de él o del autor y lo recomienda? A mí, al menos, sí que me pasa. Si echáis un vistazo a mi cuenta de goodreads, podréis ver los libros que me han apasionado. También podéis ver algunos en la pestaña goodreads de mi página de facebook. Por cierto, si te gusta la lectura no puedo dejar de recomendarte goodreads.

El escritor, por medio de sus personajes, logra hacer que el tiempo pase más rápido, que te vayas más tarde a dormir (sólo un capítulo más y lo dejo. Sí, seguro), que te alegres, que te entristezcas, que te asustes, que te preocupes, que quieras vivir en su mundo, que quieras mantener ese mundo pegado a ti incluso cuando se ha acabado el libro. Te mantiene en vilo por unos personajes que no existen, pero a los que acabas amando u odiando y que, dentro de ti, llegan a estar vivos, mezclándose en cierta forma tu pensamiento con el del escritor.

La relación entre lector y escritor no es algo aséptico y lejano. Es una relación íntima e intensa. O, al menos, así debería ser, ya que eso significaría que el escritor ha hecho muy bien su trabajo.

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.