Funerales de canonización

Hace no mucho, Monseñor Francisco Pérez González escribió un artículo sobre la celebración de los funerales. En él habla brevemente sobre esos funerales (demasiado frecuentes) que más parecen ceremonias de canonización del difunto, en los que se afirma explícitamente que el finado ya está viendo a Dios cara a cara. Parece que todos al morir ya fueramos de cabeza al Cielo.

Es triste asistir a estos funerales. Cuando oigo alguna expresión parecida, no puedo evitar añadir mentalmente “o no”. Porque resulta que no hay una única posibilidad, aunque parece que eso se olvide en los funerales. De hecho, hay otras dos posibilidades. Y no podemos saber a priori en cuál de ellas estará el difunto.

Como pequeña nota, ayer escuché de labios de alguien que había estudiado teología católica que el purgatorio no es dogma de fe. ¡Toma ya! Encima decía que creía que sí, pero lo había mirado y no lo es. Me pregunto entonces por qué el Catecismo afirma que existe, así como los Concilios de Florencia y Trento. Desde luego, si eso es lo que dice algún que otro teólogo, no me extraña que la gente esté como está, totalmente despistada en los funerales, pensando que el difunto ya está en el Cielo.

Es necesario rezar por los difuntos. Ya lo he dicho más veces y no me voy a cansar de repetirlo. Es necesario. Es necesario que los sacerdotes digan la verdad, también en los funerales, y animen a la gente a rezar por los difuntos para que puedan ver pronto a Dios cara a cara, en lugar de afirmar tan felizmente que ya están en el Cielo. Eso también es muy necesario. No podemos caer en el buenismo.

Del artículo antes mencionado, me gustaría recalcar este párrafo:

El purgatorio existe, gracias a Dios. Y digo «gracias a Dios» pues no pocos vamos a necesitarlo, si por la misericordia de Dios morimos en su amistad pero aún necesitados de purificación. «Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación [son las «benditas almas del purgatorio»], sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo» (Catecismo, nº 1030). Es algo que se entiende muy bien, si se explica adecuadamente, pues todos somos conscientes de que, en nuestro estado actual, tenemos muchos apegos, vicios, etc. que nos separan de Dios y que necesitamos purificar para entrar verdaderamente en el cielo. Dios mismo tendrá que quitarnos nuestros harapos y ponernos el vestido de fiesta necesario para el banquete eterno.

Gracias a Dios, existe el purgatorio.

Enlaces:
La celebración de los funerales.
Catecismo.
Purgatorio (corazones.org).
Purgatorio (Para Salvarte, de Jorge Loring, S.I.).
Dogmas referidos a Dios consumador.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

Una respuesta

  1. Elvira me manda este comentario por correo electrónico, ya que por algún motivo no se ha guardado desde el blog. Muchas gracias, Elvira.

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    Totalmente de acuerdo. Tengo una amiga que en el funeral de su padre subió al ambón a decir, que sí, que su padre había sido muy bueno, pero que por favor rezaran por él; no fuera a suceder que estuviera en el purgatorio.
    Lo dijo porque parecía por la homilia y por los pésames de los amigos que ya estaba en el cielo. cada vez nos decimos más unos a otros que el difunto está en el cielo.