José Antonio Marina y sus peculiares ideas

Ya escribí anteriormente sobre la extraña idea que tenía José Antonio Marina del cristianismo, según su libro “¿Por qué soy cristiano?”, en el que curiosamente demuestra no ser cristiano y no tener ni idea de lo que quiere decir eso. Por eso no me sorprendió demasiado encontrarme en el diario de un padre objetor la opinión que tiene el susodicho escritor sobre la educación de los niños. Básicamente, para él es el Estado quien tiene que educar la conciencia de los hijos. La familia tiene un papel totalmente secundario. Y, por supuesto, el Estado tiene que dar una educación laicista y relativista.

Pues bien, este individuo parece que no se cansa de demostrar su ignorancia. Lo triste es que haya quien le haga caso y vea sus sandeces totalitarias como algo aceptable.

Si el Estado pretende educar la conciencia de mis hijos a su imagen y semejanza, tendrá que pasar por encima de mi cadáver. Porque si algo demuestra el Estado continuamente es que no sólo no tiene, sino que ni sabe lo que es tener conciencia. Por mal que lo pueda hacer yo, seguro que lo hago infinitamente mejor que el “todopoderoso Estado”.

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

4 Respuestas

  1. Anonymous

    Qué interesante autorretrato de Jorge; es magnífico saber a qué gente evitar. Fer

  2. Pues sí, ya ves. Si te gusta que laven el cerebro a tus hijos no puedes evitar a Marina. Ánimo y a ello.

  3. Anonymous

    Me parece una opinion sin validez ni objeccion jose antonio marina es un gran filosofo un amante del tango y de la danza clasica y solo por eso no desmerece oirle

  4. Seguro que el que a Marina le guste el tango hace que pretender que el Estado tiene que educar a su imagen y semejanza a mis hijos sea mucho más lógico. Vamos, está claro. Siempre y cuando la idea sea educarles para bailar.