La batalla del lenguaje

No creo que haya sorprendido a nadie el fallo del Tribunal Constitucional. Pretender equiparar la unión homosexual al matrimonio no va contra nuestra Constitución. Tampoco habrá sorprendido que ese presidente que, supuestamente, nos representa a todos, haya deducido que, dado que esa ley no es anticonstitucional, no la toca para nada. Cómo ha deducido eso es un misterio, ya que de lo uno no se deriva lo otro. Pero no podemos sorprendernos: si la hubieran querido derogar, yo creo que un Gobierno con mayoría absoluta no habría tenido mucho problema en el caso, claro está, de haberlo querido. Igual que con el aborto. Si no hay voluntad de cambiar las cosas, no se cambian. Sólo que el PP, para intentar disimular hacia los católicos que, increíblemente, sigue engañando, hace el paripé de recurrir al TC. Y, como sabemos que en España los poderes están separados… ¿verdad? ¿Quedará mucho hasta que se reconozca la unión civil entre tres personas, como en Brasil?

Bueno, nada nuevo bajo el sol. No voy a analizar el tema, porque ya hay lugares donde se hace mucho mejor. En lo que me quiero centrar es en que, incluso en medios religiosos, hay quien se empeña en llamar a esto “matrimonio homosexual“. A veces, tienen el detalle de poner “matrimonio” entre comillas. Pues bien, esto es precisamente hacer el juego a quienes quieren deformar el significado del matrimonio. ¿A que si pongo “círculo” cuadrado, por mucho que ponga entrecomillada la palabra “círculo”, sigue siendo un absurdo? Pues con el matrimonio homosexual pasa lo mismo. Son palabras que se anulan la una a la otra, porque tal cosa es imposible.

No podemos caer en el buenismo de aceptar lo que se nos imponga como borreguitos. Si algo no tiene sentido no lo tiene, y punto. ¿Quieren regular las uniones homosexuales? Que no la pongan un nombre que no tiene nada que ver con ese tipo de unión. Ya que se empeñan en no escuchar a la Iglesia, al menos que sigan la lógica más elemental de no llamar igual a lo que no es ni parecido. Y nosotros, no usemos una expresión que es, de por sí, absurda. De lo contrario, estaremos colaborando con la deformación del significado del matrimonio. A ver si lo entendemos de una vez.

El grave problema de aceptar este tipo de expresiones está en que el lenguaje configura el pensamiento. Si nos acostumbramos a hablar del “matrimonio homosexual”, al final lo que estamos haciendo, querámoslo o no, es aceptar y promover ese significado.

No deberíamos dejar de lado la batalla del lenguaje. En ella nos lleva delantera el mundo. Pero nunca es tarde para espabilar de una vez.

Algunos enlaces:
Nota de la Conferencia Episcopal tras la sentencia del TC.
Ya sólo queda la eutanasia, la poligamia y la persecución de los cristianos.
Tres ideas sobre el TC, el PP y los españoles.
Gaymonio: mis derechos no dependen de mayorías. A ver si os entra en la cabeza ya.
Lo peor no es la Constitución de 1978, sino la total desmovilización política de los católicos (I).
Lo peor no es la Constitución de 1978, sino la total desmovilización política de los católicos (II).
Lo peor no es la Constitución de 1978, sino la total desmovilización política de los católicos (y III).
Yo no lo llamaré matrimonio.
Un padre y una madre, editorial del P. Federico Lombardi.

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.