La belleza de la liturgia

Creo que cada día aprecio más la belleza de la liturgia. Porque la liturgia tiene una belleza propia. Cada gesto, cada palabra tiene un sentido profundo. Y recalco la palabra “profundo”. Se trata nada menos que de hacer palpable de alguna forma el misterio de Dios encarnado. Si nos fijamos, por ejemplo, en la liturgia de la Misa, todo va orientado hacia la Consagración, el momento central, en el que el Hijo se hace presente en las especies del pan y el vino.

No hay nada dejado al azar en la liturgia. Nada. Todo está ahí por un motivo. Por eso, cuando alguien se inventa algo, empobrece la liturgia y su belleza. Se va acercando al nivel de espectáculo para satisfacer al público en lugar de ser un encuentro con lo sagrado.

Esto es una peculiar plaga que nos encontramos en no pocas iglesias. Y sí, la culpa recae tanto en el sacerdote como en el feligrés. En el sacerdote porque cede a la tentación de que, si no hace la Misa (como ejemplo litúrgico) más entretenida, no va a aparecer nadie por allí. ¿Dónde está la confianza en Dios y en la Iglesia?

Pero también tiene su parte de culpa el fiel que se dedica a buscar la Misa más entretenida en lugar de tratar de entender lo que vive en ella y sumergirse en ese encuentro con la divinidad. No ve la Misa más que como un entretenimiento.

Una liturgia bien hecha te eleva. Aquí no voy a entrar en la absurda discusión de que si mejor la forma ordinaria o la extraordinaria. Esa discusión es un sinsentido. Ambas formas son igualmente válidas. Cada uno puede tener sus gustos personales. Como ya he dicho en otras ocasiones, me encantaría poder asistir a la Misa en forma extraordinaria, porque tiene que ser impresionante. Pero la forma ordinaria cumpliendo lo que se debe cumplir y haciendo las cosas bien también lo es. Y, si te dejas implicar en ella, la liturgia desplegará sus encantos ante ti. Verás el sentido de lo que se hace y llegarás al punto de no entender cómo quizá antes preferías las versiones con inventos litúrgicos.

La liturgia atrapa tu corazón y lo lleva a cotas desde las que poder encontrarse con el Señor. Pero de verdad, no desde el barniz de sentimentalismo que a veces parece querer impregnarlo todo. Eso no es más que falsedad. Algo facilón que sirva de placebo a quien busca un Dios a medida de sus gustos.

Os recomiendo, la próxima vez que vayáis a Misa, que un poco antes os centréis y os hagáis conscientes de lo que vais a vivir allí. Prestad atención a todo, a cada palabra, a cada gesto. Veréis cosas en las que antes ni os habíais fijado. Daos cuenta de cómo todo apunta hacia ese momento en el que Jesús se hace presente en el altar, en las manos del sacerdote. Como en la Última Cena. Sed conscientes de lo que vivís y lo viviréis de verdad.

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.