La belleza del trabajo por la vida

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Si hacemos caso a algunas películas y otros elementos propagandísticos de quienes son favorables al negocio del aborto, los grupos provida serían una especie de cuatro locos que se plantan delante de los centros de eliminación de niños en edad prenatal (algunos los llaman “clínicas abortistas”, pero entiendo que en una clínica no se mata premeditadamente a ningún ser humano, así que no utilizaré esa denominación) a insultar y amenazar a quienes han tomado la decisión firme y voluntaria de eliminar a su hijo.

Pues bien, la realidad es muy diferente de todo ésto.

El hecho es que no son cuatros locos, sino mucha gente a los cuales les une un único objetivo: la vida. Salvar la vida de los más inocentes, de aquellos que no pueden elegir y a los que ni siquiera se les permite el derecho a llegar a desarrollarse para poder hacer alguna elección.

¿Sólo intentan salvar esas vidas? No, rotundamente. También salvan la vida de las madres, que en muchos casos van a esos campos de exterminio forzadas por circunstancias exteriores, por gente que prácticamente las obliga, por falta de recursos, en fin, porque se juntan muchas cosas en poco tiempo, y parece que es una montaña imposible de escalar. Y van con miedo y sin estar en absoluto seguras, y sin que nadie las diga hasta qué punto lo que las van a hacer va a cambiar sus vidas para siempre, hasta qué punto los traumas derivados del exterminio “voluntario” de su hijo van a hacerla sufrir lo indecible durante todo el resto de su vida.

Por supuesto, también luchan contra el intento de tratar la vida como si fuera una mercancía. El negocio del aborto mueve millones al año, y todos sabemos que los negocios con semejantes ganancias no atienden precisamente a la ética para seguir adelante. Y poner precio a eliminar una vida no es medicina precisamente, sino otra cosa muy distinta. Si tanto nos asquean quienes negocian con el traslado de inmigrantes, o con quienes obligan a niñas a prostituirse, no entiendo cómo la sociedad no muestra la misma repulsa y el mismo asco a quienes defienden el “derecho” de alguien a asesinar a un niño que ni siquiera puede llorar para quejarse, y el “derecho” de otros a enriquecerse con esos asesinatos. ¿Será porque matar niños es políticamente correcto hoy en día?

Igualmente, no van a los centros de exterminio precisamente a insultar, sino más bien a prestar apoyo y mostrar alternativas a las madres. A mostrarles que esa montaña ante la que se encuentran no es insalvable, sino que con esfuerzo y ayuda puede ser superada, y da muchas más alegrías que sufrimientos. Porque la vida siempre es motivo de alegría.

Esto alguien podría pensar: “Vale, cuentas todo ésto porque tú estás a favor de esos grupos, pero no tiene porqué ser cierto”. Bueno, si piensas eso, te propongo un par de cosas: puedes ir a las concentraciones que se vienen haciendo los días 11 de cada mes frente a los principales centros de exterminio de toda España, para ver un poco lo que ocurre en esos momentos. Luego, a lo mejor quieres ir a alguna más. Para más información, podéis contactar con Hay Alternativas.

Lo segundo que te propongo es informarte seriamente, buscar realmente toda la verdad detrás de quienes promueven esos centros y qué es lo que hacen los grupos provida. Como muestra, un botón: Aquí puedes leer una noticia que acabo de leer en Hazte Oír, donde se cuenta cómo los pro vida rescatan un niño de la muerte a las puertas de un centro abortista, y la actitud mostrada por los responsables del centro, que veían que el negocio se les estaba poniendo mal. Es digno de leerse, para ver la “ética” que tienen en esos centros.

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.