La carta a la iglesia de Esmirna

Al ángel de la iglesia de Esmirna escribe: Esto dice el Primero y el Último, el que estuvo muerto y revivió. 

Conozco tu tribulación y tu pobreza – aunque eres rico – y las calumnias de los que se llaman judíos sin serlo y son en realidad una sinagoga de Satanás.

No temas por lo que vas a sufrir: el diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis tentados, y sufriréis una tribulación de diez días. Manténte fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida. 

El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: el vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda.
” Ap 2, 8-11.

Vas a sufrir, pero no tengas miedo. Ese podría ser el resumen de esta carta, de por sí breve, dirigida a una comunidad que es rica aun siendo pobre. Rica para Dios, pobre para los hombres.

Es importante observar que, en una carta en la que se avisa de que el fiel va a sufrir, Jesús se identifica como el Señor de la Historia (el Primero y el Último, principio y fin de todo) y como el gran vencedor de la muerte. Nos está diciendo ya sólo con esa línea que no debemos tener miedo. Que debemos confiar en Él porque nada escapa a su control. Ni siquiera la muerte. Por eso puede prometer a quien persevere la vida eterna.

El cristiano no puede acomodarse en los criterios del mundo, porque no son los suyos. Estamos en el mundo, pero no somos del mundo. Y el mundo no acepta a quienes “se salen del guión”. Desde los insultos a la violencia física, los cristianos siempre hemos sido rechazados por quienes están seducidos por él. Y, no lo podemos dudar, es una situación que puede desgastar mucho, hasta el punto de llegar a abandonar y unirse al rebaño para que los demás borregos te reconozcan como uno de ellos.

El sentirse reconocido es una fuerza que no se puede desdeñar. El tema es tener claro quién es lo bastante importante como para que te importe su reconocimiento. Para un cristiano, Dios definitivamente tiene que ocupar ese lugar. Conocedores de que Dios nos ama, nosotros queremos corresponder a ese amor con su mismo amor, que Él nos dio primero. Pero eso implica esfuerzo, fe, dedicación. Y, a veces, implica soledad. Implica que te miren mal, que se rían de ti. No es algo que se pueda hacer automáticamente. Es ir contracorriente.

Pues bien, Jesús, el Primero y el Último, deja bien claro el premio de quien corra esta carrera con perseverancia: aunque muera, vivirá. La muerte primera no será más que un acceso a la Vida con mayúscula, al encuentro cara a cara con Dios, a la participación de la vida divina.

No es una mala oferta, ¿no?

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

Jorge Sáez Criado
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