La carta a la iglesia de Pérgamo

Al ángel de la iglesia de Pérgamo escribe: Esto dice el que tiene la espada aguda de dos filos. Sé dónde vives: donde está el trono de Satanás. Eres fiel a mi nombre y no has renegado de mi fe, ni siquiera en los días de Antipas, mi testigo fiel, que fue muerto entre vosotros, ahí donde habita Satanás.

Pero tengo alguna cosa contra ti: mantienes ahí algunos que sostienen la doctrina de Balaán, que enseñaba a Balaq a poner tropiezos a los hijos de Israel para que comieran carnes inmoladas a los ídolos y fornicaran. Así tú también mantienes algunos que sostienen la doctrina de los nicolaítas. 

Arrepiéntete, pues; si no, iré pronto a ti y lucharé contra ésos con la espada de mi boca. El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: al vencedor le daré maná escondido; y le daré también una piedrecita blanca, y, grabado en la piedrecita, un nombre nuevo que nadie conoce, sino el que lo recibe.” Ap 2, 12-17.

Creo que esta es una advertencia muy importante. Como las demás, totalmente atemporal, haciendo referencia a un problema siempre presente pero contra el que hay que luchar.

El Señor reconoce que la iglesia de Pérgamo se ha mantenido fiel a la sana doctrina, a Su fe. Incluso en los malos tiempos, tiempos de persecución, se han mantenido firmes.

Sin embargo, esa iglesia tolera en su seno doctrinas extrañas a la fe del Señor. Doctrinas que la corrompen y corrompen a los fieles. No es algo aceptable. La fidelidad al Señor debe ser total y completa. Hay que ser fiel a Su palabra, espada de dos filos.

La iglesia de Pérgamo es, pues, exhortada a actuar: arrepentirse de aceptar que una doctrina extraña campe a sus anchas entre sus fieles e intervenir para que esos gnósticos se conviertan. De lo contrario, el mismo Señor actuará contra ellos, y su palabra sólo podrá ser de condena.

A quien renuncie a esas doctrinas, finalmente, les promete el alimento de Su pueblo y la salvación.

Esto debería hacernos pensar sobre las desviaciones doctrinales que hoy soporta nuestra Iglesia. No nos es válido dejarlo correr, como si no pasara nada. Desviarse de la doctrina de la Iglesia es desviarse de la doctrina del Señor. No se puede caer en la trampa buenista del “bueno, él sabrá” ni en una desidia pasota. Tenemos responsabilidades para con nuestros hermanos en la fe. Y más aún quienes tienen autoridad. Nuestro deber es buscar la salvación también del prójimo. Y, para ello, es necesario mostrarle el camino correcto. No hacerlo implica acomodarse, en un ejercicio de egoísmo que lleva a la autocomplacencia.

Declinar esa responsabilidad es colaborar con quienes propagan esas desviaciones. Y eso nos hace sus cómplices. Como si las difundiéramos nosotros mismos. Y, como he dicho anteriormente, si se tiene autoridad, más aún.

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.