La obediencia de la fe

Artículo publicado en el número 1002 del año XXXIV de la revista Sembrar, revista quincenal diocesana de Burgos, correspondiente al período del 27 de abril al 10 de mayo de 2014. Podéis leer la revista entera en este enlace.

La obediencia de la fe

La obediencia es una virtud que, últimamente, aparece cada vez más denostada, como si obedecer fuera propio de sujetos sin personalidad, sin capacidad de decidir por sí mismos. Sin embargo, es justo lo contrario. Es quizá la virtud más necesaria en la Iglesia. Y debería ser la más evidente, ya que la misma fe lleva a ella.

 

San Ignacio de Loyola dijo que “la llave del cielo es la obediencia, así como la inobediencia lo hizo y hace perder”. Este gran santo nos dejó indicado también en sus Ejercicios Espirituales que “debemos tener ánimo aparejado y pronto para obedecer en todo a la vera esposa de Cristo nuestro Señor, que es la nuestra santa madre Iglesia jerárquica” y que “debemos siempre tener, para en todo acertar, que lo blanco que yo veo creer que es negro, si la Iglesia jerárquica así lo determina; creyendo que entre Cristo nuestro Señor, esposo, y la Iglesia, su esposa, es el mismo Espíritu que nos gobierna y rige para la salud de nuestras ánimas. Porque por el mismo Espíritu y Señor nuestro, que dio los diez mandamientos, es regida y gobernada nuestra santa madre Iglesia”.

 

Ese último punto debería hacernos pensar, porque nos da la clave de la obediencia. Prácticamente, Ignacio nos dice aquí que si no obedecemos a la Iglesia es que no creemos realmente en ella. Y es que la fe implica necesariamente la obediencia. Si creemos que fue el mismo Cristo quien instituyó la Iglesia, que su Espíritu la dirige, que es su cuerpo místico y su esposa, ¿no es el Magisterio de la Iglesia también Magisterio de Cristo? Desobedecer a la Iglesia ¿no es desobedecer a quien la guía? ¿Sería acaso posible, por tanto, creer en la Iglesia sin creer a la Iglesia?

 

No es válido, por tanto, andar eligiendo: “esto me gusta, obedezco; esto no, no obedezco”. Se obedece a la Iglesia como se obedecería al mismo Cristo, ya que es su mismo Espíritu el que gobierna la Iglesia. No hay vuelta de hoja. La fe implica la obediencia. Y, si no hay obediencia, no hay fe.

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.