La obediencia según San Ignacio de Loyola

Una de las virtudes en las que más insiste San Ignacio de Loyola es la de la obediencia. En sus reglas “para el sentido verdadero que en la Iglesia militante debemos tener” indica:

Primera regla: “Depuesto todo juicio, debemos tener ánimo aparejado y pronto para obedecer en todo a la vera esposa de Cristo nuestro Señor, que es la nuestra santa madre Iglesia jerárquica.

Decimotercera regla: “Debemos siempre tener, para en todo acertar, que lo blanco que yo veo creer que es negro, si la Iglesia jerárquica así lo determina; creyendo que entre Cristo nuestro Señor, esposo, y la Iglesia, su esposa, es el mismo Espíritu que nos gobierna y rige para la salud de nuestras ánimas. Porque por el mismo Espíritu y Señor nuestro, que dio los diez mandamientos, es regida y gobernada nuestra santa madre Iglesia.

Palabras fuertes, ¿eh? Prácticamente, en la decimotercera regla está dejando caer que, si no obedecemos a la Iglesia es que no creemos realmente en ella. Y hay que obedecer en todo. No vale andar eligiendo: “esto me gusta, obedezco; esto no, no obedezco”. Se obedece a la Iglesia como se obedecería al mismo Cristo, ya que es su mismo Espíritu el que gobierna la Iglesia.

Pero aún hay más, en sus cartas y en las Constituciones. Otras pocas citas:

Para saber presidir a otros y regirlos, es necesario primero salir buen maestro de obedecer.
La llave del cielo es la obediencia, así como la inobediencia lo hizo y hace perder.
Es prudencia verdadera no se fiar de su propia prudencia, y en especial en las cosas propias (donde no son los hombres comúnmente buenos jueces por la pasión).
La vera obediencia no mire a quién se hace, mas por quién se hace, y si se hace por solo nuestro Criador y Señor, el mismo Señor de todos se obedece.

Llave del cielo“, nada menos. Y, al obedecer, hay que hacerlo como si fuera al mismo Cristo. Ahí queda eso. A lo mejor tenemos que hacer un examen de conciencia serio mirando a ver si realmente obedecemos así. Porque sospecho que no es el caso.

Ahora recuerdo a jesuitas como Masiá. ¿Qué parte de todo esto, que el fundador de la Compañía de Jesús nos dejó escrito, no entienden? Porque creo que está muy claro. Pero no sólo es un tema de los jesuitas, aunque resulta más sangrante debido a que el propio Ignacio quería que en la Compañía resaltara de un modo especial la obediencia. Es algo para toda la Iglesia. Las palabras de Ignacio no se quedan sólo en el ambiente jesuítico. Son para todos. Universales. Igual que sus Ejercicios Espirituales.

Si creemos en la Iglesia, como decimos en el Credo, tenemos que creer a la Iglesia. Y creer a la Iglesia implica obedecerla como madre y maestra. Y como esposa de Cristo. Si no, no creemos al propio Cristo, que es su cabeza y la impulsa con su Espíritu.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

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