Las obras muestran nuestra fe

Las lecturas de ayer, domingo, son enormemente provechosas. Por un lado, el profeta Isaías nos indica cómo será el mesianismo de Cristo, reflejado en el siervo de Yahvé. En la segunda lectura, el apóstol Santiago nos deja claro que la fe sin obras está muerta. Y en el Evangelio, vemos a Jesús preguntando “¿quién dice la gente que soy?”, además de imprecando a Pedro por no querer aceptar el mesianismo de Jesús.

Estas lecturas dan para mucho. Ahora me quiero parar especialmente en la segunda lectura. Otro día me centro en el Evangelio. ¡Cuánto habremos oído decir que lo único que importa es la fe! Y viene nada menos que el apóstol Santiago y nos dice que, si no hay obras, no hay fe que valga. No podemos tener una fe desencarnada. Si realmente creemos lo que decimos creer, lo haremos vida. Si no lo hacemos vida, no nos lo creemos. Es así de sencillo. Y hacerlo vida, ojo, no es en el contexto de retiros espirituales ni nada de eso. Hacerlo vida ahí tampoco tiene mucho mérito y acabaría siendo también una fe desencarnada. Hay que hacerlo vida en cada una de nuestras acciones, en cada momento de nuestra vida. Cuando trabajamos, cuando descansamos, cuando estamos con nuestra familia, cuando hablamos con ese que nos cae tan mal… Las obras realmente muestran nuestra fe.

Echemos un vistazo a este país antes llamado España. Supuestamente, es un país mayoritariamente católico. Eso dicen las estadísticas. Sin embargo, sólo tenemos que ver un poco de la historia reciente para darnos cuenta de que algo falla. ¿No resulta incoherente un país mayoritariamente católico aceptando alegremente, por ejemplo, políticos a cada cual más abortista? ¿No resulta incoherente un país católico en el que no creo que haya muchos que se den cuenta realmente de lo que está ocurriendo en cada Misa? Este país no es católico. Es la conclusión lógica, porque las obras están hablando.

Creo que fue san Francisco de Asís quien dijo algo así como “hay que predicar siempre, y a veces incluso con la palabra”. No nos vendría mal aplicárnoslo, yo el primero.

No quiero terminar la entrada sin hacerme eco de unas palabras de mi párroco en su homilía: un verdadero católico es aquél que sabe lo que dice cuando habla de su fe y la hace vida. Por ello, el Santo Padre ha convocado el Año de la Fe, que comenzará en breve (el 12 de octubre), para que profundicemos en nuestra fe.

Tenemos una fe hermosa, coherente, lógica, trascendente, inmanente, completa. Una fe que nos lleva a la salvación. Dios quiera que, durante el Año de la Fe, seamos capaces de conocerla y vivirla cada vez más.

email

Entradas relacionadas

Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

Jorge Sáez Criado
Últimas publicaciones de