Lo prometido es deuda

Y, como lo prometido es deuda, voy a tratar de hacer un pequeño paralelismo entre los métodos de manipulación nazis y los que se usan ahora mismo. Me voy a centrar en el uso de la propaganda, dejando un poco de lado los demás, tales como el uso de la violencia (digamos que Pablo Iglesias no fue precisamente un santo. La verdad es que asusta que Zapatero diga que ese hombre estaría orgulloso del PSOE, da mucho que pensar.), o la forma de llegar al poder tanto de los unos como de los otros.

Por supuesto, no trato de demostrar que tenemos un gobierno nazi, eso es absurdo. Tan sólo trato de demostrar (y creo que lo hago) que utilizan los mismos métodos (en parte, los nazis utilizaban alguno más sutil) para imponer sus ideas.

Entonces, ¿por qué he elegido el nazismo? Muy sencillo: Porque lo conozco bastante mejor que otros regímenes que también han utilizado estos métodos, tales como el comunismo o cualquier otro régimen totalitario.

Teniendo esto claro, empecemos:

La propaganda consiste en una acción sistemática reiterada, que puede ser efectuada de diversos medios, para lograr convencer a la opinión pública (es decir, a las masas), para promover una cierta ideología, presentando una versión tergiversada de la realidad, que se ve troceada y seleccionada para ofrecer tan sólo aquellas partes que puedan interesar a los objetivos del que realiza la propaganda. Para lograr estos objetivos se busca siempre apelar a las emociones del pueblo, para evitar que razonen sobre lo que se les indica (en cuyo caso verían que no es tan racional como parece), sino que lo acepten porque sus emociones se lo piden.

Es evidente que en los discursos de Zapatero (cuando digo Zapatero me refiero al gobierno.) siempre apela a la emoción. No da, por ejemplo, razones jurídicas para apoyar el “matrimonio” homosexual (más que nada, porque no las hay), sino que insiste en que no se hace daño a nadie (que es falso, porque hace daño a los niños, al permitirles su adopción, y a la propia estructura del Estado, al manipular el concepto de matrimonio y familia), y en que sencillamente se están ampliando derechos.

Vemos que parece muy loable… hasta que te paras a pensar en ello. Pero si sólo te dejas llevar por las emociones, en ese momento te parece algo totalmente correcto. Y más aún si el que lo escucha no tiene ni idea ni de leyes, ni de filosofía, ni de biología, ni de psicología. Es decir, si es el pueblo llano, las masas, a quienes todos los regímenes totalitarios han tratado de llevarse para ellos. ¿Por qué? Muy sencillo. Por mucho que algunos individuos se paren a pensar sobre lo que se les dice, si consigues que la masa se movilice hacia un lado o hacia otro, es imparable (o casi). Una masa de gente no tiene conciencia, no tiene pensamiento. Se rigen por una especie de conciencia colectiva, mucho más influenciable emocionalmente que un individuo. Eso se puede ver en muchas manifestaciones, huelgas, etc. Incluso, en conciertos. Yo mismo era de los que no veía ningún problema en el matrimonio homosexual. Por suerte, tengo una extraña tendencia a racionalizarlo todo, con lo que acabé dándome cuenta de que era un error llamarlo matrimonio.

Así, la propaganda nunca se dirige a individuos, sino a las masas. Vimos lo bien que le funcionó al partido nazi, con lo que estaremos de acuerdo en su importancia y en que no es ninguna tontería lo de las masas.

Decía Hitler: “La gran masa cede ante todo al poder de la oratoria. Todos los grandes movimientos son reacciones populares, son erupciones volcánicas de pasiones humanas y emociones afectivas aleccionadas, ora por la diosa cruel de la miseria, ora por la antorcha de la palabra lanzada en el seno de las masas – pero jamás por el almíbar de literatos estetas y héroes de salón.

Queda claro.

Sigamos. Algo en lo que hizo especial hincapié la propaganda nazi fue en el cambio de sentido de las palabras. Buscaron que palabras como fanático o racista tuvieran un sentido positivo en lugar de negativo. También trataron de hacer ver como humanitario acabar con los enfermos y los disminuidos, así como utilizar las armas más salvajes para acabar cuanto antes con los enemigos (así les ahorran sufrimientos, decía Hitler).

Podemos ver una similitud con la obsesión de ¿nuestro? gobierno por la eutanasia. Insisten en hacerlo ver como algo humanitario, y apelan a los sentimientos de los demás para convencer de que es humanitario asesinar a alguien que sufre.

Igualmente, al empeñarse en utilizar el término “matrimonio” en las uniones homosexuales buscan un cambio de significado, de forma que “matrimonio” deje de significar lo que significa, sino que pase a ser una especie de cajón de sastre donde tenga cabida toda unión afectiva. Porque esa es la supuesta razón que dan para llamarlo matrimonio: Es que se quieren, y como no pueden casarse tal como es el matrimonio, pues cambiamos el significado de matrimonio. Pues no, eso no es un matrimonio, por mucho que se empeñen. El matrimonio es una cosa, y una unión homosexual es otra. Ojo, que no estoy juzgando. No digo ni que sea mejor ni peor. Sólo digo lo que es obvio, es decir, que es radicalmente distinto.

Pero se empeñan en presentárnoslo como igual. ¿Por qué? Porque al llamarlo de la misma forma resulta más fácil de aceptar para la gente. Es un término que ya está instaurado, al contrario que si lo llamasen de otra manera. Sólo tienen que insistir en usar ese término una y otra vez refiriéndose a una unión homosexual para que, al final, buena parte de la población lo use igual.

Eugenesia. Esto es, la selección de embriones para elegir el “mejor”, es decir, el que se adapte a unas ciertas cualidades. Esto ya lo hacían los nazis, y la gente se escandalizaba. Y ahora ya se empieza a querer fabricar niños para obtener órganos para curar a otros, seleccionar embriones (es decir, niños) para quedarse con el que más nos guste (ya se sabe, el rubito, con ojos azules, que no tenga ninguna enfermedad de ningún tipo), desechando (es decir, matando) a los demás candidatos. Es decir, matar a un niño porque puede que salga enfermo. ¿Los enfermos no tienen derecho a la vida? ¿Se trata de tener un hijo o de comprarse una mascota?

Control de los medios de comunicación. La propaganda puede realizarse en cualquier medio de comunicación. Hitler lo hizo. ¿Y el gobierno? Pues ahí tenemos a TVE, Tele5, Canal+, el País, la SER, grupo PRISA en general. Tener el control de la mayoría de los medios de comunicación (o, como poco, que sean afines al gobierno) da una gran ventaja: La homogeneidad. Se ve el mismo mensaje en distintos medios, y da mayor sensación de ser real, por simple repetición. Y, como son minoritarios los medios que ofrecen otra cara de la realidad, a esa masa que se ha “informado” en los medios controlados le da la sensación de que están dando una visión totalmente falsa de la noticia, de la que tan bien les ha informado, por ejemplo, El País.

Hitler utilizaba también el cine para la propaganda. ¿Y nuestro gobierno? ¿Recordamos la película sobre ese suicida, “Mar adentro”? ¿Recordamos el apoyo que le dieron desde el gobierno?

La manipulación propagandística tiene una serie de principios:

Principio de simplicidad: El mensaje debe ser sencillo, breve y claro, para que todos puedan asimilarlo sin tener que razonarlo. Así, suelen utilizarse eslóganes y frases cortas y de estructura muy sencilla, tales como “el matrimonio homosexual no daña a nadie”, “estamos ampliando derechos”, “trabajamos por la libertad y la dignidad de los españoles”, “la Iglesia se opone al gobierno”, “hacemos política progresista”, etc…

Principio de la espoleta: Se utilizan los miedos y sentimientos de la gente. Hitler utilizó la derrota en la Primera Guerra Mundial. Zapatero utiliza los atentados del 11M y sus víctimas. O utilizar el argumento del miedo: Si votáis a estos otros, volverá la dictadura. Incluso, explotar los sentimientos de los homosexuales para utilizarlos como “arma dialéctica”.

Principio de la simpatía: No se argumenta, sino que se combaten las opiniones contrarios apelando a los sentimientos. No se argumenta porque no hay argumentos, sencillamente. La salida es la de siempre: Si te piden explicaciones, sal por la tangente diciendo que no se hace daño a nadie, que son derechos y que se quieren. Ni un solo argumento, ni un solo razonamiento. Siempre apelaciones a los sentimientos (lo cual, dicho sea de paso, es un tipo de falacia lógica).

Principio de síntesis: Dar prioridad a la intuición antes que a la razón. Conecta con todo lo anterior, se busca que el pueblo no razone, sino que acepte las cosas porque siente que son correctas, dando la sensación de que se ha demostrado la tesis, cuando realmente no se ha demostrado nada. Vamos, el debate del estado de la nación, o cuando dicen que ya se sabe quiénes han sido los responsables del 11M, sin ni siquiera dejar que la comisión llegue a una plena investigación.

Principio de la sorpresa: Es decir, que una verdad a medias suele ser más eficaz que una mentira descarada. Esto se le da bastante mal a este gobierno, tiende a mentir descaradamente y por eso es tan fácil pillarle, si te paras a pensar un poco.

Principio de repetición: El mensaje debe repetirse constantemente para que cale en la conciencia colectiva. Guarda relación con el control de los medios de comunicación que hemos visto antes.

Principio de saturación: Que el oyente sólo vea como verdadero el mensaje ofrecido en la propaganda, al encontrarlo por todas partes. Lo mismo digo respecto a los medios de comunicación.

Principio de dosificación: Que el mensaje se siga oyendo de vez en cuando, aunque el contexto no tenga mucho que ver. Por ejemplo, intercalado en series de humor (tipo “7 vidas” o “Aquí no hay quien viva”).

Principio de orquestación: Cambiar el formato del mensaje según el medio en el que se difunde. No es lo mismo dar un discurso hablado que publicar un artículo en un periódico. Cada medio tiene su propio estilo, que se tiene que aprovechar para hacer llegar el mensaje de forma adecuada.

Junto a estos principios se dan una serie de técnicas para la manipulación propagandística, tanto en el nazismo como en el gobierno:

Estereotipos y tópicos: Etiquetar a las personas. Por ejemplo, etiquetar a los judíos como subhumanos en el caso del nazismo. O etiquetar a los católicos como casposos, antiprogresistas, intolerantes, fascistas. Identificar a los sacerdotes, obispos, etc. con inquisidores. Etiquetar a todo el que se oponga a su ideología como fascista intolerante.

Sustitución de palabras: Se trata de sustituir palabras y cambiar sus significados. Ya hemos hablado de la palabra “matrimonio”. Sin embargo, también se da con palabras como libertad, tolerancia, democracia, que parece como si fueran propias de los partidos autodenominados “de izquierdas”, cuando no es así. Igualmente, cuando hablan de una ley como si ya estuviera aprobada, cuando lo único aprobado es un proyecto de ley, o cuando tratan de identificar Europa con el Tratado para la Constitución Europea. Así, si estás en contra de ese Tratado, estarías en contra de Europa, algo totalmente falso.

Selección: Seleccionar los hechos, para mostrar únicamente los favorables a la ideología del propagandista, además de tergiversarlos si hace falta. Por ejemplo, vender la II República como un remanso de paz, libertad, democracia, cuando no fue realmente nada de eso. Hablar de los muertos del bando de los republicanos, pero olvidar a los muertos del bando de los nacionales. Recordar una y otra vez la guerra de Irak, pero no decir nada de la guerra del Golfo, con Felipe González. Recordar el Prestige, pero no el petrolero que también tocó con Felipe González. Ídem con el submarino nuclear, el Tireless, que también estuvo por aquí con Zapatero. Y podríamos seguir, y seguir, y seguir…

Repetición: Repetir con frecuencia los eslóganes, para que los oyentes interioricen el mensaje. De esto ya hemos hablado anteriormente.

Señalar un enemigo: Al señalar un enemigo se busca traspasar la propia responsabilidad a los demás, para aparecer libre de culpas. Hitler identificó un enemigo interno y otro externo (refiriéndonos a Alemania). El interno eran los judíos, y el externo los países aliados, que decía que envidiaban a Alemania. En el caso que nos ocupa, también tenemos enemigos internos y externos (¡qué casualidad!). El externo es Estados Unidos, que como se ha podido ver, suele ser el malo en las historias para no dormir del gobierno. Uno de los internos es la Iglesia. ¿Cuántas veces habrán salido Zapatero, de la Vega, Zerolo, quejándose de que la Iglesia decía tal o cuál cosa? ¿Cuántas veces han insistido en que la manifestación del 18J es cosa de los católicos, cuando no ha sido convocada por la Iglesia, sino por laicos que no están de acuerdo con la política del gobierno? Sólo falta que culpen a la Iglesia de que no llueva más, o de que llueva donde ya hay agua. Otro es el PP, como no podía ser de otra forma. Y otro, por sorprendente que parezca, es Franco. Sí, lo estáis leyendo bien. Ahora se dedican a quitar estatuas de Franco, hacer homenajes a asesinos del bando republicano (Carrillo), en fin, a tratar de cambiar la historia (otro terrible enemigo, muy persistente) para ganar una guerra que terminó hace ya mucho tiempo, y que lo mejor que se puede hacer es recordarla perfectamente para no volver a caer en los mismos errores.

Apelación a la autoridad: Se incide en “recordar” frecuentemente a la gente que quien manda es el gobierno, que, según ellos, representa a la mayoría de españoles. No sea que a alguien le dé por pensar que en una democracia el pueblo tiene algo que decir al respecto del gobierno. Se utiliza la democracia para ir recortando democracia, cosa que también hizo el régimen nazi. Se empieza exigiendo obediencia por encima de las propias convicciones religiosas y de conciencia, y se acaba diciendo “esto se hace porque lo digo yo”.

Exageraciones: Se utilizan exageraciones tanto para descalificar a los “enemigos” como para afianzar sus tesis. Por ejemplo, ese impresionante aumento que dieron en el número de homosexuales en España, que se demostró que había sido multiplicado, si mal no recuerdo, por 10. O al hablar de la aplastante victoria del “Sí” en el referéndum de la Constitución Europea, cuando lo aplastante fue la abstención.

Un punto en el que no llegan a coincidir plenamente, pero básicamente es lo mismo es en el tema de la religión. El nazismo buscó la sustitución del cristianismo por un nuevo paganismo, controlado por las SS. En cambio, este gobierno más bien trata de abolir la religión (como corresponde al marxismo). Sustituirla no por un paganismo, sino por un laicismo, un nacional laicismo en el que no quepa la religión. Así la intenta eliminar de la enseñanza, del ámbito público, y de cualquier lugar donde haya algo que pueda recordar a ella. Es normal, no conviene que haya alguien que hable de paz, libertad, tolerancia, y sea de una forma distinta al mensaje propagandístico.

¿Cuál es la conclusión? La conclusión no es que el PSOE y el NSDAP son lo mismo, desde luego. Ni que nuestro gobierno es nazi. La conclusión es que no hay nada nuevo bajo el sol. Que están utilizando la propaganda tal como la utilizaba el régimen nazi (o el comunista, o cualquier régimen totalitario), para imponer sus ideas sin razonar nada, utilizando los sentimientos del pueblo al que deberían representar para mantenerse en el poder.

Bibliografía.
ECHAZARRETA CARRIÓN, Julián; y LÓPEZ GARCÍA, Guillermo: “Manipulación de las masas y propaganda en la Alemania nazi”, Actas del V Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea, Valencia, 2000.

GARCÍA PRADA, José María: “Los mundos posibles en relación con otros modos discursivos”, separata de Estudios Filosóficos, Nº144 Vol. L, 2001.

HITLER, Adolf: “Mi lucha”.

LUMSDEN, Robin: “Historia Secreta de las SS”, La esfera de los libros, Madrid, 2003.

RODERO ANTÓN, Emma: “Concepto y técnicas de la propaganda y su aplicación al nazismo”, Actas del III Congreso Internacional Cultura y Medios de Comunicación,
Publicaciones Universidad Pontificia, Salamanca, 2000.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

Jorge Sáez Criado
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Una respuesta

  1. Mi respuesta ha sido:

    Estimado Carlos:

    No hay de qué, no se preocupe. Una cosa, si quiere tutearme, por mí no hay ningún inconveniente. Lo digo porque puede hacer más fluida la conversación, a mí a veces me cuesta hablar sin tutear, porque no tengo mucha costumbre, así que, si no le importa, no tenga ninguna duda. Si prefiere que sigamos tratándonos de usted, tampoco tengo ningún problema, aunque a lo mejor alguna vez se me escapa el “tú”. Espero que me comprenda.

    Por supuesto, no me incomoda en absoluto seguir el debate, aunque seguramente no pueda siempre contestar tan rápido, ya que me conecto desde el trabajo y, claro, no tengo todo el tiempo que quisiera. Pero en la medida de lo posible procuraré contestar siempre, nunca he rechazado un debate en el que se usen argumentos. Como ya habrá podido comprobar, una de mis pasiones (no hace mucho descubierta, por cierto) es la lógica y la filosofía del lenguaje, así que me gusta hacer uso de él.

    Acepto las disculpas, no se preocupe. Entiendo que en una discusión a veces uno se exalta un poco y dice cosas poco adecuadas, yo el primero. Sin embargo, sí que preferiría evitar términos de ese tipo, ya que dan la sensación de querer imponer un punto de vista en lugar de argumentarlo (todos hemos visto algún discurso político, ¿verdad?). Muchas gracias por sus disculpas.

    ¿Otro informático? Si es que somos multitud… 😉 Es curioso que tantos informáticos tengamos esas tendencias hacia la filosofía, teología (al menos en mi caso), y ese tipo de cosas. ¿Será por algo en concreto o sencillamente porque se nos fríe el cerebro con las listas enlazadas?

    Con total sinceridad, muchas gracias.

    Un saludo,

    Jorge.

    P.D.: ¿Le importa que publique el correo que me acaba de enviar? Así quitamos esa sensación que podría tener alguien que leyera los comentarios de que había insultos. Por supuesto, esperaré su aprobación, ya que este correo es más personal que de respuesta a un mensaje del blog.
    —-
    Desde aquí aprovecho para reiterar mi agradecimiento a Carlos, que como se puede ver, me ha dado permiso para publicar el mensaje que me envió.