Los jesuítas reclaman una Iglesia más democrática

Con ese título (o similar) me he encontrado la noticia en todos los periódicos a los que he podido echar mano. Se puede leer, por ejemplo, en ABC.

Por supuesto, para comprobar la veracidad de la noticia he ido a las fuentes y me he leído el Editorial de la revista Mensajero. Y, al leerlo, se me han ido ocurriendo ciertas cosas:

– Pone: “En primer lugar, anhelamos una comunidad eclesial regida por el principio de la igualdad de todos sus miembros, varones y mujeres, clérigos o laicos. Lo que no significa que no haya en ella diversidad de servicios, ministerios, funciones, carismas y vocaciones. Pero todos ellos orientados a hacer realidad la misma misión de Cristo. Que la Iglesia se parezca cada vez menos a una entidad administrativa. Que no se ocupe tanto en detectar desviaciones y errores como de fomentar y tutelar la vida plural que la misma fe suscita. Que no excluya a nadie en función del género o de los sacramentos“.

Bien, a este respecto, de acuerdo con matizaciones: Las tres primeras frases no me dicen nada, ya que eso es lo que ya hay. Yo, como laico, tengo mis derechos y mis obligaciones. Un sacerdote tiene los suyos, que son más restrictivos (porque ellos mismos han elegido ese camino). Etc. No sé si lo habré entendido mal, espero que lo aclaren.

Que la Iglesia no se parezca a una entidad administrativa. También lo tendrían que aclarar, porque yo no veo esa entidad administrativa por ninguna parte. Obviamente, alguna administración tiene que haber, ya que la Iglesia es muy extensa y tiene que haber un mínimo de organización. Pero eso no debe ser eliminado.

Que no se ocupe de detectar desviaciones. Esto es un poco… la verdad es que no sé muy bien cómo describirlo. Un ejemplo: Si una madre ve que su hijo se está equivocando en algo, ¿no tratará de corregirlo? Para ello tendrá que detectar antes el error. Creo que este ejemplo se entiende perfectamente. También habría que ver qué es lo que el autor quiere decir con “fomentar la vida plural”, ya que ya hay gran cantidad de organizaciones, movimientos, etc, tanto laicos como eclesiales, donde entra gente de lo más dispar. Pero, eso sí, siempre observando las normas de la Iglesia.

Que no excluya a nadie en función del género o de los sacramentos. Eso, que yo sepa, no ocurre. La Iglesia no excluye a nadie. Son las personas quienes se excluyen. No se puede hacer una Iglesia a la carta.

– Más cosas: “En segundo lugar, libertad de opinión en la Iglesia, lo que no es una patente de corso para que cualquiera ponga en cuestión los dogmas o la auténtica tradición. No, deseamos que las diferentes corrientes, los pareceres distintos, las ideas o mentalidades diversas, las múltiples culturas o formas de pensar tengan cabida cómoda en la comunidad cristiana. Que puedan expresarse con respeto y humildad, aunque puedan sorprender o incluso escandalizar por ignorancia a algunos. No hay que tener tanto miedo al pluralismo. La uniformidad impuesta, hasta en lo nimio, resulta atosigante“.

Bien, que hay libertad de opinión dentro de la Iglesia lo demuestra que el autor de ese Editorial ha podido expresar esas opiniones, y que yo (como laico bautizado también soy parte de la Iglesia) puedo opinar también. Y nunca nadie me ha amenazado con expulsarme si me dedico a opinar. Sencillamente, cuando tengo una cierta opinión dispar con el magisterio de la Iglesia se discute, se debate y se razona. Ahora bien, si lo que quiere es que en la Iglesia cada uno vaya con su opinión como si fuera la verdad, pues es algo que no puede ser, porque sólo hay una Verdad.

Y, si se fija el autor, verá que la comunidad cristiana es la más multicultural de todas las religiones. Tienen cabida todos los que quieran, de todos los países.

Sobre lo de que puedan escandalizar, recordarle el Evangelio (que debería conocer bien), donde Jesús dice: Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino, de las que mueve un asno, y sea arrojado al mar.”(Mc) Quiero pensar que se refiere a un escándalo distinto de aquel al que se refiere Cristo, el que usa su libertad para el mal y para hacer que los demás le sigan a ese mal.

– Seguimos: “La autoridad en la Iglesia no debería confundirse, por su raíz evangélica, con el absolutismo monárquico, en el que todavía parecen ancladas todavía ciertas estructuras de gobierno. Tampoco el estilo de su ejercicio ha cambiado en muchos ámbitos. Algunos procedimientos disciplinares rozan la vulneración de los derechos humanos. Que la Iglesia sea jerárquica no obsta para que sea un poco más democrática“.

Vamos a ver, él, como católico, se supone que considera al Papa como vicario de Cristo y sucesor de Pedro. Lo lógico es que el mando lo tome él. No yo, o cualquier otro. Si eso le parece absolutismo monárquico, que vea lo que ocurre en cualquier democracia (por ejemplo, en España ahora mismo) en cuanto un partido sube al poder.

Lo de los derechos humanos ya me llega al alma. Si eso fuera así, me gustaría saber la razón de que no ponga la correspondiente denuncia. Parece más una pataleta que una crítica seria este artículo, la verdad.

Alguna cosa más. Trataré de resumir para no hacerlo tan largo: “Ojalá también la participación de los laicos en la vida interna de la Iglesia no fuera tan pequeña y limitada… La insistencia.. en el mantenimiento de venerables prácticas, ceremonias y ritos… impiden la variación e incluso acomodación a las diferentes circunstancias y culturas… Una mayor frescura, espontaneidad y novedad sería de agradecer, ahora que, además, las presentaciones multimedia nos han acostumbrado a una dinámica y sensibilidad bien distintas“.

De acuerdo en que los laicos deberían participar más. Pero eso debe partir de los laicos. Hay innumerables organizaciones de laicos, por lo que ahora mismo el laico que no participa en la vida de la Iglesia es porque no quiere. Ni siquiera es necesario pertenecer a ninguna organización, sino tan sólo interiorizar el mensaje del Evangelio y llevarlo donde vaya uno.

Sería interesante que diera propuestas en lugar de quedarse sólo en quejarse.

En lo de renovar los ritos, estoy en parte de acuerdo. Creo que más importante que renovarlos es recordar a los fieles lo que significa. Es decir, no quedarse en meros gestos y palabras, sino mostrar y vivir lo que hay detrás de esos gestos y palabras. Igualmente, estaría bien que diera propuestas, porque a lo mejor resultan escuchadas. Por cierto, que las celebraciones se pueden hacer más frescas e innovadoras. Yo he estado en vigilias con elementos audiovisuales, con cánticos, y con bastante participación de los fieles.

– Por último: “Son más extensos nuestros sueños… Ojalá este Papa, recién elegido (dicho sea de paso, por un procedimiento que no deja de ser singular y mejorable) recorra esta senda con el concurso de todos los fieles“.

Es curioso que hable en plural, como si representara a toda la Compañía de Jesús, cuando tan sólo es su opinión. Eso por un lado. Luego, tampoco le gusta cómo se elige al Papa, pero tampoco da ideas. Es un procedimiento democrático, en el que los que conocen la Iglesia y sus necesidades votan al más adecuado. Personalmente me parece ideal, ojalá el resto de democracias hicieran siempre lo mismo, en vez de elegir a veces al más popular.

Conclusiones mías (son sólo una opinión, como las matizaciones que he hecho antes):

– El autor del Editorial no representa a toda la Compañía de Jesús. Únicamente ha expuesto sus opiniones personales, a mi parecer muy desafortunadamente, entre otras cosas porque hace como si fueran opiniones de todos los jesuítas y porque, si tanto le inquieta lo que dice, lo lógico es comentarlo con las autoridades eclesiásticas pertinentes, y no airearlo como quien se enfada con alguien y luego va diciendo por ahí todo tipo de barbaridades.

– Por otro lado, recordar que los jesuítas hacen voto de obediencia al Papa. Son ellos los que eligen obedecer, nadie les impone nada. Sin embargo, está claro que pueden opinar, igual que podemos opinar todos.

– La Compañía de Jesús últimamente, en algunos puntos, está un tanto alejada del ideal primigenio de San Ignacio de Loyola. Lo digo con gran tristeza, ya que siempre me ha unido a la Compañía un gran cariño. Y por eso creo que es importante. Pone en la portada de la revista “Id y evangelizad”, en su número 42, de Enero y Febrero de 2005, que “La Compañía de Jesús no está siendo fiel a la opción por los pobres y la lucha por la justicia”. Ese artículo también lo firma un sacerdote jesuíta.

¿Qué ha sido de ese espíritu de la Compañía de Jesús original? Ese espíritu de lucha por la justicia, de llevar a Cristo y a la Iglesia dentro, de humildad, ese espíritu de misionero que hace frente a todos los relativismos e injusticias con la fuerza de la fe y del amor. Muchos lo siguen teniendo. Pero otros, por desgracia, ya no tanto.

En el mismo artículo que he citado anteriormente de “Id y evangelizad” pone: “… La historia de la Compañía, en los últimos cuarenta años, es elocuente en este sentido. De hecho, los jesuítas que, por defender causas justas, han ocasionado serios problemas a la Compañía ante los poderes políticos y económicos o han dañado su imagen pública, con frecuencia se han encontrado solos, han sido vistos como hombres sospechosos o han vivido graves dificultades ante sus superiores“.

Creo que la Compañía de Jesús debería hacer un poco de limpieza de puertas adentro, para eliminar la tibieza y el acomodamiento de entre sus filas, y volver a aquello que quería San Ignacio: Misioneros con gran mansedumbre y gran respeto hacia el contrario, pero muy bien instruidos para poder combatirlo. Instruidos tanto a nivel intelectual como espiritual. Lo espero con toda mi alma.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

Jorge Sáez Criado
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