Muditos

En la Iglesia tenemos un grave problema de comunicación. Seguro que lo habéis oido una y mil veces. Yo, al menos, sí. Y es verdad. Pero el punto principal, el núcleo de ese problema, está en la cantidad de católicos que se vuelven como el famoso enanito de Blancanieves, muditos. Totalmente muditos. En cuanto hay que defender la fe, en cuanto hay que dar razón de ella, en cuanto hay que mostrar que se tiene fe, en cuanto hay que confrontar abusos litúrgicos… En esos momentos, de pronto, desaparece la comunicación.

En mi opinión hay varias causas para tan peculiar fenómeno:

1) No tener conciencia de formar parte de la Iglesia: ante un ataque a la Iglesia no se ve como si fuera también a uno mismo, sino hacia una etérea jerarquía, causa de todos los males posibles.

2) Catolicismo cultural: puede que  el sujeto en cuestión vaya a Misa todos los domingos y fiestas de guardar, pero lo hace por costumbre. Le gustan las Misas rápidas y entretenidas. Aparte de eso, cree en lo que se le antoja, si es que cree en algo (de lo que dice la Iglesia, me refiero).

3) Renuncia a la razón: no es ningún secreto que un amplio sector de los católicos ha renunciado a la razón, considerando como único importante “sentir a Dios”. Es decir, cómo se sienten ellos. La fe no es algo que se pueda explicar ni que afecte a la esfera racional del ser humano.

4) Confundir la caridad con el buenismo: se olvida demasiado a menudo que la caridad también implica la corrección al prójimo. Incluso puede incluir la defensa propia o ajena. Lo diré una y mil veces: el buenismo es un cáncer para el catolicismo, así como el sentimentalismo.

5) Falta de formación por desidia: si se renuncia a la razón, si limitamos la caridad a poner cara aborregada y cerrar el pico por si acaso, evidentemente no se tiene una necesidad de formación. Sin una mínima formación, en cuanto alguien te discuta algo, sólo te quedará el silencio. Perderás la oportunidad de poner algo de luz en la mente del otro. A menudo, personas con poca formación plantean una defensa férrea de la Iglesia y de la doctrina, al contrario que otros con muchos estudios, porque lo ven como algo importante en sus vidas, no algo secundario.

6) Miedo atroz a que se descubra que uno es católico, a perder clientes, lectores o lo que sea porque se den cuenta de que se es católico.

Desde luego, no podemos asombrarnos de que tantas veces algunos ateos se lancen a discutir con los católicos como si fueran los adalides del razonamiento y la coherencia. Si nosotros abandonamos la lucha sin decir ni mú, si nos negamos a usar nuestras capacidades intelectuales en favor de nuestra fe, si reducimos el catolicismo a ir de mamarracho desencarnado por la vida, como si sólo fueramos espíritu y lo tuvieramos ya todo hecho, en el fondo les damos la razón. Quizá no está en manos de todos una discusión apologética con un ateo o con alguien de otra religión, pero lo que sí está en manos de todos es la coherencia, el que la fe no sea algo puramente privado, el que se note la fe en nuestra vida diaria. Y, para eso, la fe debe realmente impregnar todo nuestro ser.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

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