Nacionalismos excluyentes

Otra de esas cosillas tan curiosas que a la mayoría de los medios de comunicación les da la sensación de que no interesan: En el 18 Congreso del Partido Socialista de Mallorca, un tal Javier Maqueda, senador del PNV, ha soltado la siguiente perla: “El que no se sienta nacionalista ni quiera a lo suyo no tiene derecho a vivir”. Sorprendentemente, los asistentes al acto, aplaudieron la susodicha frase. Fuente: Libertad digital.

Vale, de acuerdo, es verdad. No hace falta ni entrar en análisis lógicos para ver la insensatez (por no utilizar otros términos) de la frase de marras, así como no hace falta tampoco comentar la reacción de los socialistas presentes en el acto. Pero ¡qué le vamos a hacer!, tiendo a racionalizar todo. Así que vamos a ello.

La falacia más enorme que hay en tan breve muestra de ingenio propagandístico (del malo, ya que usa la falacia) está en esa unión que no pega ni con cola, de los términos “no sentirse nacionalista” y “no querer a lo suyo”. ¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro? Básicamente, nada. Pero la falacia está precisamente en unificarlos, dando a entender que realmente tienen alguna relación. Pues bien, alguien (pongamos, yo mismo) puede no sentirse en absoluto nacionalista y querer a lo suyo (otro matiz: Suyo es una palabra muy amplia). Quiero a mi familia, a mis amigos, a mi tierra, a la cultura en la que nací… y todo ello sin sentirme nacionalista. Y es más, al contrario también es así: Pongamos como ejemplo a los chicos de la boina y la capucha (como Casper con boina). Se supone que tienen un fuerte sentimiento nacionalista (por lo menos, parece que aceptan perfectamente las tesis como las que tiene el senador éste del PNV). Sin embargo, ¿acaso no extorsionan y matan también a aquellos a quienes tanto deberían querer, a los hijos de esa Euskal Herria tan romántica para ellos y tan inventada para la historia real? ¿O en su caso “lo suyo” sólo incluye a sus boinas, sus capuchas y sus armas?

Vemos, por tanto, que el engaño está servido. Pero no termina ahí. Porque… ¿quién es ese personaje para pontificar sobre quién merece la vida y quién no? ¿Acaso él la merece? Seguro que eso no lo ha pensado nunca, pero seguro que llega a la conclusión de que sí que la merece, porque es nacionalista. Bueno, más bien es un lamentable fanático, de los que hay muchos en ese terreno de los nacionalismos. Y cuando se juntan con los socialismos… pues tenemos a Hitler, del cual sería perfectamente propia una frase como la del elemento del que hablamos.

Tiene narices que, en una supuesta democracia, tengamos que aguantar que aspirantes a dictadorcillos de segunda vayan por ahí diciendo quiénes deben vivir y quiénes no, mientras otro supuesto partido democrático les ríe las gracias y les aplaude. ¿Y ellos pretenden enseñarnos a ser demócratas? Si alguien dudaba de que decir PNV y decir ETA es prácticamente lo mismo, ahí tenemos una opinión de uno de los interesados. Supongo que si ganaran una elecciones generales nos mandarían a los no nacionalistas a cámaras de gas… democráticamente, claro.

¡Qué distinto de la forma de ser cristiana! ¿Habrá alguien que se sorprenda de que, una y otra vez, Juan Pablo II advirtiera de los peligros y el error de los nacionalismos excluyentes? Van totalmente en contra del cristianismo desde su esencia, ya que es un sentimiento egoísta y ególatra, un sentimiento de complejo de superioridad frente a los que no son de esa etnia (bueno, raza, que ya ha proclamado también alguno del PNV la “raza vasca”). El nacionalismo excluyente divide a los seres humanos, que por esencia son iguales, en superiores e inferiores. Y es una posición de odio (sólo hay que ver la afirmación del senador del PNV). Y eso es algo que ningún cristiano puede ni debe admitir nunca. Nadie tiene derecho a decidir sobre la vida o la muerte de nadie. Sólo Dios puede juzgar eso. Ni se debe admitir el odio. Por ello, todo cristiano debe defender la vida desde su primer momento hasta su final natural, sin importar etnia, sexo, ni ninguna otra circunstancia. Si se quiere defender una postura nacionalista mínimamente digna, debería ser desde una posición de respeto y entre iguales, no unos mirando por encima del hombro a los demás, disparándoles, o diciéndoles que no merecen la vida. Respetando la dignidad inherente a todo ser humano. Pero… ¿veremos eso alguna vez?

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

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