¿Oración larga u oración corta?

Como sabe todo el que tenga hijos, muchas veces encontrar un rato un poco extenso para la oración individual puede ser un esfuerzo titánico. Pero también es verdad que no es necesario que nos obsesionemos con ello.

No es raro tener la sensación de que, si no pasamos un rato más o menos largo rezando, no hemos rezado. ¿O no? A mí al menos sí que me pasa a veces. Y esto tiene su parte de razón. Al fin y al cabo, en el amor es vital relacionarse con la persona amada. A nadie se le ocurre que un chico y una chica puedan ser novios sin hablar nunca, sin comunicarse, sin conocerse. Eso da origen a largas charlas prácticamente por cualquier tema. Estás a gusto con la otra persona y quieres conocerla más.

Por tanto, cuando el amado es Dios, vemos también la necesidad de tratar con Él ratos largos hablando con Él, adorándole… Pero las miles de responsabilidades de cada día va haciendo que vayamos posponiendo ese momento hasta hacerlo inviable.

Pues bien, una buena posibilidad es olvidarse un poco de la cantidad y centrarse en la calidad. En hacer oración más breve, quizá más intensa, cada menos tiempo. Parar cada cierto tiempo en el trabajo para tener presente a Dios, rezar quizá una jaculatoria, elevar el corazón hacia el Amor.

Posiblemente, la mejor definición que he visto de oración es: “la relación consciente con Dios“. Eso es mucho más que el clásico “hablar con Dios”. Implica que el mero hecho de, por ejemplo, hacer tu trabajo teniendo presente a Dios u ofreciéndoselo ya es oración, porque eres consciente de su presencia, porque te estás relacionando con Él. Esos breves momentos en los que le recuerdas son oración. Y todas esas pequeñas oraciones, al final, hacen una oración mucho más larga y continuada que un rato de oración al día. Se trata de orar todo el día, desde las oraciones al levantarse hasta las oraciones al acostarse.

Muy bien, esa forma de orar proporciona, al final, una relación continuada con Dios. ¿Eso invalida la oración “larga”? Va a ser que no. Recordemos el ejemplo de los novios: todos queremos pasar un buen rato con la persona amada. Así nos impregnamos de ella, nos llenamos de ella. Esto es más cierto aún en el caso de Dios. Es importante lograr encontrar algún momento a la semana en el que estar en intimidad con Dios durante un tiempo. Por motivos obvios, yo recomiendo ir a alguna de las capillas en las que se expone el Santísimo e ir a adorarle una hora a la semana. Si se puede más, pues más.

Esa oración breve pero continua sumada a la oración larga de vez en cuando creo que nos mantendrán cerca de Dios. No se trata de preguntarse si la oración debe ser larga o corta, sino que tenemos que buscar hacer de todo una oración.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

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