Pan y circo

Este artículo fue publicado en la revista Icono de la editorial Perpetuo Socorro, año 108, número 10, de Noviembre de 2007. Está sacado de mi libro La Escala de la Felicidad.

Pan y circo

Decían los romanos que la forma de mantener al pueblo contento con su gobierno era darles pan y circo. Y, obviamente, estaban en lo cierto. Mientras el ciudadano de a pie tenga algo que llevarse a la boca y alguna distracción de su vida habitual, normalmente no protestará.

De hecho, este principio de pan y circo es una buena base para la manipulación. Y es que mientras el pueblo esté entretenido no reparará en el resto de cosas que haga el gobierno en cuestión. Lo valorará únicamente por su visión parcial, en la cual se preocupa de su alimentación y de que no tenga que molestarse en buscar respuestas, dándole medios suficientes para divertirse, sin necesidad de tener que encarar el mundo real. Puede haber alguna protesta esporádica, pero suelen pasarse sin mayor trascendencia. Podemos ver como ejemplo esa oportuna manía de aprobar leyes polémicas coincidiendo con la temporada de vacaciones, cuando mucha menos gente hará caso a las acciones de su gobierno, preocupándose únicamente de disfrutar del tiempo libre.

Mientras nos acostumbran a contentarnos con tener comida y entretenimiento para hacer nuestras vidas más llevaderas, nos van anestesiando sobre todos los demás aspectos que nos conciernen. Hoy nos creemos más listos que nunca y caemos exactamente en las mismas trampas de siempre. Mientras no se dé a la población la oportunidad de pensar por ella misma y se la tenga entretenida, no habrá problemas. Ahora bien, si se da que algunos grupos empiezan a pensar por sí mismos, es menester burlarse de ellos, aplastarlos y humillarlos hasta que nadie tenga la tentación de querer actuar de la misma forma. ¿Cuántos jóvenes hoy en día elegirían leer a Descartes en lugar de salir de juerga? Es un indicativo bastante revelador. Nuestra sociedad favorece los placeres egoístas antes que la reflexión y la búsqueda de la felicidad real, porque es la mejor forma de que no se hagan preguntas y se contenten con estar así. Una fábrica de esclavos que, además, están deseosos de serlo.

No es más que la misma historia de siempre: es mucho más sencillo manipular a las masas que a un grupo de personas que piense individualmente. La masa no tiene conciencia, no tiene responsabilidad. El individuo sí. Y eso es lo que más miedo les dio y les sigue dando a tantos gobernantes, tales como Lenin, Hitler, Castro, y otros de los mismos pelajes que dicen ser más moderados y democráticos pero que, al final, siguen siendo los mismos pero disfrazados de corderos.

 

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

Jorge Sáez Criado
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