Reflexión en la madrugada de Navidad

Que las luces del árbol sean un reflejo de la alegría del nacimiento de Dios.
Que la ternura, el amor, el cariño con el que María y José miraban, cuidaban, protegían al Niño Jesús tenga fiel reflejo en nuestras vidas a la hora de tratar con los demás.
Que la paz encarnada del Niño Jesús inunde nuestras vidas.
Que el amor que se respira en el portal de Belén se transmita a nuestras vidas.
¡Ofrezcámonos a Jesús para ser sus discípulos! ¡Entreguémosle nuestra alma como presente en este día en el que el mismo Dios se ha hecho Niño para nosotros!

Acompañemos al Niño Dios y ayudémosle a cargar con la cruz que nosotros le pusimos encima. Acompañemos su vida, alegrémonos con Él, riámonos con Él, esperemos en Él, tengamos fe en Él. No le abandonemos cuando vengan a prenderle. Acompañémosle, como Juan, como María, hasta el final, hasta su resurrección.

Sigamos toda su vida de cerca, porque su vida es eterna y nos transforma de raíz.

El Niño Jesús nos guarde y nos transforme.

Paz y bien.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

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