Seguimos con la Guerra de las Galaxias

Sí que es verdad que la Guerra de las Galaxias hace gala de un cierto panteísmo, con todo eso de “La Fuerza” que nos rodea. Pero eso no hace que no tenga cosas interesantes en las que nos podamos fijar.

Por cierto, si alguien no ha visto las películas y no quiere que le destripe parte de ellas, mejor que no siga leyendo. El que avisa no es traidor.

Yo diría que el protagonista absoluto de las dos trilogías es Darth Vader. Es, como ya adelanté en la anterior entrada, un personaje muy especial. No es un malo absoluto, aunque pueda parecerlo al principio, sino que se ve que tiene algo más detrás de esa máscara. Interesante detalle, por cierto, cómo mientras está en el lado oscuro permanece con la máscara puesta, pero cuando se “convierte” se la quitan. Luke, en ese momento, pasa a ver la realidad de ese hombre, con sus miserias pero también con sus grandezas.

La historia de Darth Vader, de Anakyn Skywalker, es una historia de amor. De amor y redención. Todo empieza con un amor, en cierto modo, imposible. Pero también con un cierto egoísmo, alimentado por el que pasaría a ser el Emperador. Así, Anakyn pasa de un amor real a un “amor” egoísta, que busca obtener lo que él considera lo mejor, a cualquier precio. La forma en la que Palpatine le va empujando hacia el mal tiene claras reminiscencias diabólicas. Él sí que representa el mal absoluto. Anakyn es engañado. Es tentado y va cayendo cada vez más, hasta convertirse en Darth Vader. Alguien que ya es manejado por el Emperador. Un esclavo del mal, convencido de que todo lo hace por una buena causa.

Pero hete aquí que aparece en escena Luke, su hijo, que está en el lado de los buenos. Su hijo, al que creía perdido. Y el Emperador, que tonto no es, se da cuenta de que si junta a su lado a ambos, el poder de los dos sería inconmensurable. Pero algo empieza a remorder a Vader. Se enfrentan, sí, pero en él va renaciendo el amor a su hijo, un amor de verdad, como el que una vez tuvo y perdió. Luke sirve de catalizador, parece que se acerca al lado oscuro pero, una y otra vez, le rechaza. Lo que Vader no hizo. Y eso afecta profundamente a Vader.

Finalmente, en el duelo final, Vader, herido, tiene que elegir entre el Emperador, el mal, y el amor con el que se ha reencontrado. Esa elección tendría consecuencias definitivas en cualquiera de los dos casos. Y ese es el momento en el que Vader elige el amor, elige la verdad, elige la redención. Por amor, ahora sí un amor puro, absoluto, se enfrenta al mal y vence, aun a costa de su vida. En otros tiempos, mataba por lo que creía que era amor. Ahora se da cuenta de que el amor es entregar la vida. Vader muere, pero vence al mal. Y, en ese momento, vemos su rostro. Un rostro destrozado, un cuerpo aniquilado. Una metáfora de lo que nos hace el mal, el pecado. Pero la máscara ya no está.

La máscara ya no está.

Sí, hay más protagonistas. Incluso hay elementos totalmente ridículos como ese Jar Jar que se inventaron. Pero para mí, esa es la historia principal, la que realmente vale, la que hace que valga la pena ver estas películas.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

4 Respuestas

  1. La mejor peli sobre este tema es La venganza de los siths, o como se llame: toda la tensión se basa en el balanceo de Anakin entre uno y otro lado. ¿Te has preguntado alguna vez que eso es lo que le pasa a todo el mundo? ¿Qué es lo que hace que nos decantemos por uno u otro lado?
    Enhorabuena por la entrada.

  2. Muchas gracias por tu comentario, Juan Carlos. Cierto, a todos nos ocurre que tengamos que decidir nuestro bando.
    La reflexión que propones, sobre nuestros motivos para la elección, es algo que debería servir de motivo de meditación incluso para un examen de conciencia. ¿Por qué hice eso? ¿Por qué he caído?

  3. Se me olvidó decir que lo que Anakin falla por fiarse sólo de las palabras y no de los hechos, o de los testimonios de quienes le rodean. Qué importante es el ejemplo

  4. Cuando las palabras van por un lado y los hechos por otro, hay que tener una buena claridad mental para poder discernir.