Sólo Dios es bueno

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Sólo Dios es bueno«No hay nadie bueno más que Dios» (Mc 10, 18). Así responde Jesús al joven rico que se le acercó en una ocasión. Dios es el único en el que se cumple la bondad absoluta.

La bondad es un fruto del Espíritu Santo. Dado que lo bueno es aquello que acerca a Dios, la bondad no será otra cosa que la cualidad de buscar acercar a los demás a Dios. La inclinación a ocuparse de los demás. Y eso se traduce en actos. Será bueno un acto que acerque a Dios, que ayude a crecer a la otra persona. Será malo un acto que aleje de Dios.

Esto, que parece muy sencillo, en ocasiones no lo es. De un tiempo a esta parte parece haberse puesto de moda ser dulce, hasta llegar a un punto en el que puede hablarse de un exceso de dulzura, un buenismo que, en muchas ocasiones, más que buscar acercar al otro a Dios lo que pretende es no involucrarse, ponerse una fachada de bondad y misericordia mientras se esconde miedo, vergüenza y cobardía.

La bondad y el buenismo son cosas muy diferentes. Alguien bueno corregirá a su prójimo si ve que no está en la verdad. Le corregirá con amor, por supuesto, pero con firmeza. El buenista dejará al pecador en su pecado para no meterse en su vida ni «condenarle». ¿Acaso avisar a alguien de que si sigue por un camino va a acabar en un precipicio es lanzarle por el precipicio? ¿No es justo lo contrario?

Alguien bueno no tiene ningún problema en defender a otra persona, incluso físicamente si es posible y necesario. El buenista no, para no mancharse con la supuesta violencia. ¿A quién le importa más el prójimo? ¿Al que le defiende o al que le deja a su suerte para no ser violento, pudiendo ayudarle?

El Jesús del Evangelio no es esa caricatura indigesta por dulzona que tanto se repite. Es el Dios que perdona, pero también es el que dice que no peques más. Es el Dios que acoge, pero también el que hace un látigo y expulsa a los mercaderes del templo. Es el Dios que sale a tu encuentro antes incluso de que te arrepientas, pero también el que no duda en denunciar la hipocresía del fariseo y llamarle nada menos que sepulcro blanqueado.

Y Jesús, Dios, es bueno; pero según los parámetros buenistas, en más de una ocasión sería demasiado violento, demasiado condenador.

La bondad viene del Espíritu Santo. Del Espíritu de la Verdad. Por eso, bondad y verdad van unidas. Y, para que se trate de una bondad auténtica, el amor, la caridad, debe impregnarlo desde sus cimientos. Continuando con el ejemplo de la corrección, esta debe ser fraterna. No es una ocasión para que el que corrige muestre su superioridad intelectual o moral. Es, más bien, una
ocasión para ayudar a un hermano a cambiar su vida y acercarse más al bien último, a Dios, a la Verdad.

Sólo Dios es bueno. En Él nos tenemos que fijar para actuar con auténtica bondad. Y, a partir de la bondad divina, avanzar por el camino de la santidad, auténtico horizonte de perfección cristiana.

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

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