Tras el V Encuentro Mundial de las Familias

Si en algún otro momento de mi vida he pensado que estaba agotado, estaba equivocado. Estos tres días de peregrinación han sido los más agotadores de mi vida, especialmente por el clima valenciano, que no es precisamente el que más me gusta. El calor que hacía, el sol abrasador, la humedad constante es justamente el tipo de clima con el que no me llevo bien. De hecho, en más de una ocasión estuve casi al borde de la lipotimia. Sin embargo, con todo, debo reconocer que la experiencia mereció la pena. No pude ver al Papa en la Catedral, ni en la estación de metro, y en su camino por las calles de Valencia sólo pude verle fugazmente, ya que estaba intentando sacarle una foto con un teleobjetivo pero el movimiento del papamóvil y las manos y banderas que se interpusieron entre mi objetivo y él me lo impidieron. Pero fue emocionante el momento en el que Benedicto XVI llegó el sábado al altar situado en el puente Monteolivete, así como el hecho de vivir esa experiencia, de ver la enorme cantidad de personas, alrededor de un millón y medio (de los cuales una gran parte éramos jóvenes) que se había dado cita allí por un único motivo: dar testimonio de la importancia de la familia, escuchar las palabras del Papa, que son las palabras del Evangelio. Es el tipo de experiencia que hasta que la vives no sabes de qué se trata. Hemos visto un Papa muy cercano, con sentido del humor, pero también firme a la hora de hablar de los valores evangélicos, que no están sujetos a ningún tipo de negociación. Algunos periodistas se extrañaban de que no hiciera ninguna crítica al gobierno. Es obvio que no tienen muy claro lo que sucedió allí. El Papa no vino por el gobierno. De hecho, el gobierno es absolutamente irrelevante en las visitas del Papa, ya que se trata de visitas pastorales. De todas formas, cualquiera que oyera el mensaje del Papa, especialmente cuando afirmó que el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer, y viera la reacción de los que estábamos allí reunidos (a mí todavía me duelen las manos de todo lo que pude aplaudir esos días) se daría cuenta de que, aunque el mensaje del Papa no iba dirigido a ningún gobierno en particular, choca con el pseudo progresismo que se ha hecho con el nuestro y choca con lo que los allí reunidos creemos y vivimos, y que es lo que creemos y vivimos no sólo los católicos, sino también muchas otras personas. No lo olvidemos, somos una enorme mayoría, no estamos solos en absoluto.

De estos días quiero hacer hicapié en algunas cosas. En primer lugar, en la idea, en el hecho, de que la Iglesia es una gran familia, donde todos somos hermanos, cada uno con nuestra forma de ser, pero que debemos apoyarnos mutuamente. Además, la familia es una iglesia doméstica, en la que la fe se nutre y crece. La familia es el germen de toda sociedad, ya que no hay sociedad, ni moderna ni antigua, ni tribu ni gran ciudad que no haya tenido su origen en la familia. Si no hay familia, no hay sociedad. Además, hemos visto una Iglesia en comunión, tanto entre los cristianos como con Cristo. Quiero quedarme también con esa fuerza que hace que todos nos reunamos en un lugar concreto, pasando todo tipo de penurias, para oír el mensaje que nos dio Cristo. Igualmente quiero recalcar que “ver al Papa” es algo emotivo, algo que realmente te afecta interiormente. Pero no es el hecho de “verle”, sino de escuchar sus palabras, que no deben sólo ser escuchadas, sino sobre todo llevadas a la práctica. El cristianismo no es una teoría, hay que practicarlo. Y siempre deben estar por delante nuestros valores. No podemos decir: “Bueno, para esto hago caso a mis valores y para esto otro hago caso a mi político preferido”. Eso no es propio de un cristiano. Lo primero es Cristo.

En fin, hay tantas cosas que quiero expresar que no puedo expresarlas todas. Quien haya estado seguro que me comprende. Y, quien no haya estado, me gustaría animarle a ir a algún encuentro, sea una Jornada Mundial de la Juventud o un Encuentro Mundial de la Familia. No se arrepentirá.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

Jorge Sáez Criado
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