Una vez más, elecciones

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Se va acercando el momento de elegir, de nuevo, quién gobernará nuestro país los próximos cuatro años. Tarea complicada, visto el panorama político. Es ver a los partidos mayoritarios y entran ganas de echarse a llorar. Y que seguramente gane el principal partido de la oposición, el que se suponía que tenía como base el humanismo cristiano (y que al final parece que sólo se preocupa de la economía) no es precisamente para alegrarse. De verdad que no entiendo cómo es posible que se lleve ese partido buena parte de los votos católicos. ¿Cómo un partido que no se compromete a proteger la vida, que es abortista, que tiene delante una ley de aborto libre y sólo va a cambiarla para que las niñas tengan que abortar con el consentimiento de los padres, puede recoger el voto de un solo católico? ¿Cómo ciertas plataformas provida tienen a ese partido como una esperanza para el futuro?

Me temo que muchos siguen pensando en la teoría del mal menor, que al final te hace votar un mal en lugar de un bien. Y el mecanismo del miedo hace que siempre votes a un mal, porque el bien no termina de llegar. Lo que es normal, porque nunca se le vota.

Sin embargo, la nota de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales de 2011 es muy clara: “Cada uno deberá sopesar, en conciencia, a quién debe votar para obtener, en conjunto, el mayor bien posible en este momento.” Ojo, aquí habla del bien mayor, no del mal menor. Como católicos, nuestro deber moral es buscar el mayor bien posible, no conformarnos con males que, si bien no son el mal absoluto, tampoco es que sean muy buenos que digamos. Y el PP no es un bien precisamente. Cada vez menos.

¿Qué es lo que queda? Pues los pequeños partidos que realmente tienen en su programa los famosos principios no negociables. Eso es lo mínimo que le podemos pedir a un partido. El problema está cuando uno se da cuenta de que esos partidos son incapaces de unirse en una coalición tomando como nexo de unión esos principios y se dejan llevar por diferencias que, francamente, son superfluas. Hay veces que son más un contraejemplo que otra cosa, y eso también contribuye a que los votantes salgan espantados a esconderse bajo el PP. Además de las particularidades de algunos de los partidos en cuestión, que también son para echarles de comer aparte.

Debo reconocer que me parece ridículo que partidos que se supone que están buscando esos puntos no negociables sean incapaces de unirse para esa búsqueda común. Si ni entre nosotros nos unimos, ¿cómo vamos a romper la condena cíclica del bipartidismo PSOE-PP? ¿Qué es más importante para ellos, lo no negociable o sus particularidades? ¿No pueden ponerse de acuerdo en una forma de gestionar esas diferencias? ¿No es eso un poco patético?

Lo dicho, el panorama político español me resulta algo francamente asqueante. Pero, como católico, buscaré en estas elecciones, como siempre, el bien mayor. Eso excluye automáticamente a PP, PSOE, IU y UPyD. En mi ciudad no hay muchos partidos comprometidos con los principios no negociables que se presenten a las elecciones (de hecho, creo que sólo hay uno), con lo que no será difícil elegir. Pero sigo esperando algún día ver una coalición de partidos que han sabido unirse en lo fundamental para poder unir a quienes buscamos un cambio realmente a mejor. Dios quiera que llegue a verlo.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

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