Valores cristianos sin cristianismo

Valores cristianos sin cristianismoHay veces que los hijos salen un tanto respondones. Y los hay, incluso, que no dudan, como el hijo pródigo de la parábola, en tomar lo que quieren del padre y luego aborrecerle, como si no tuviera ninguna relación con él. Como si no existiera. Como si estuviera muerto.

Este es uno de los síntomas de la degradación de Europa. Personas que aborrecen a la Iglesia se adueñan de valores y principios que nacieron del cristianismo, pero sin querer saber nada del origen de todo eso. Como si se los hubieran inventado ellos.

Es paradójico oír hablar de derechos humanos, de valoraciones éticas y morales a personas que rechazan a quien les dio esos conceptos. Unos conceptos que sólo tienen sentido en la cosmovisión cristiana de la que ha surgido la civilización que ahora mira hacia otro lado. Fuera de esa cosmovisión no son más que palabras vacías. Ideas lanzadas al viento para que queden bonitas.

Sí, es verdad que muchos creen en esos valores. Pero el problema llega cuando les preguntas el por qué. ¿Por qué es mejor no matar que matar? ¿Por qué hay que respetar a los demás? ¿Por qué no seguir la ley de la jungla y que el más fuerte sea el que haga lo que quiera?

¿Por qué?

Para el hijo pródigo, Europa, no hay respuesta definitiva. Unas difusas convenciones sociales, un falso relativismo que cae en cuanto le afecta al que se supone que lo defiende… Tonterías.

El hecho, por mucho que le duela a Europa, es que sólo puedo tratar al prójimo como hermano si soy consciente de que tenemos el mismo Padre. El hecho, por mucho que le duela a Europa, es que ninguno de esos valores se sostiene si no hay un punto de referencia fijo en el que sostenerlos. Un punto de referencia que no vaya a cambiar nunca. Y que sea cierto. Que no engañe. Que sea la Verdad.

Lo único que cumple esos criterios es Dios.

O creo que todos hemos sido creados iguales, a imagen y semejanza de Dios, o no tiene ningún sentido pensar que yo soy igual que el de al lado que me cae tan mal o que el otro que es más débil y podría quedarme con sus pertenencias sin mucho esfuerzo.

Ese divorcio intelectual nos ha llevado a que, poco a poco, esos valores, desconectados de quien les da sustancia, se hayan ido corrompiendo. Ya el no nacido no tiene derechos. El enfermo, cada vez menos. Por poner un par de ejemplos.

Y, de seguir así, Europa se destruirá a sí misma, porque estará tan desorientada a la vez que se creerá tan libre, que no sabrá solucionar sus problemas internos ni externos.

La única opción que le queda: la del hijo pródigo. Volver junto al Padre.

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Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.