Vuelta de vacaciones

Bueno, pues ya se han terminado las vacaciones, por lo menos para mí. Ha sido un verano interesante en varios aspectos, ya que de alguna forma he podido ver lo mejor y lo peor del ser humano.

La primera semana fuimos un día mi novia y yo a ver la Granja de San Ildefonso. Un lugar muy bonito, en un paraje precioso, rodeado de montañas y verde. Sin embargo, más que el palacio nos llamaron la atención los jardines y las fuentes del palacio. Un buen lugar para pasar una tarde dando una vuelta y viendo las distintas fuentes, los jardines, el laberinto, y alguna que otra sorpresa que da la naturaleza, un pájaro por aquí, o un grupito de crías de rana por allá. Por desgracia, tuvimos que hacer prácticamente toda la visita a los jardines con lluvia, pero bueno, qué le vamos a hacer.

Después estuvimos 6 días en Galicia. Pusimos nuestra “base de operaciones” en Santiago de Compostela, y desde allí fuimos viendo La Coruña, Pontevedra, la isla de La Toja, y O Grove. Pero sobre todo me quedo con el paseo marítimo de La Coruña, con ese olor a mar, esa tranquilidad, ese relajante sonido de las olas, que a la vez te indica el poder que tiene el mar.

Santiago es un lugar muy curioso. Se mezcla ese ambiente de lugar de peregrinación con un ambiente de lugar muy turístico. Así, las tiendas de recuerdos se suceden de forma interminable a lo largo de algunas calles, a la vez que siempre está presente su catedral, con el apóstol Santiago esperando dentro.

Ahí es donde se ve la fuerza del espíritu humano. Ves peregrinos que han caminado cientos de kilómetros impulsados por su fe para llegar hasta ese lugar concreto. Si es ya de por sí emocionante entrar en la catedral, dar un abrazo al apóstol y luego bajar a rezar una breve oración ante sus restos, no puedo imaginar la emoción de aquellos que hacen el Camino, no por hacer turismo o deporte, sino por un encuentro consigo mismos y con Dios, enfrentándose a tantas penurias durante tantos kilómetros. Esa es la fuerza de la fe, que te impulsa a hacer cosas que a los demás les pueden parecer locuras. Esa es la esencia del Camino, y no otra: la fe. Un río de fe surca Europa en dirección a Santiago, y es algo que todos sabemos, aunque haya quien lo prefiera ignorar. La columna vertebral de Europa no es otra que la fe.

Toda Galicia está salpicada de iglesias, y no me gustaría desmerecer a ninguna. Sin embargo, aparte de la catedral de Santiago de Compostela, recuerdo especialmente dos: el convento de San Francisco, también de Santiago de Compostela, y el convento de San Francisco de Pontevedra (siempre le he tenido una cierta simpatía a los franciscanos). Del primero me llamó especialmente la atención su crucero, una verdadera obra de arte. Del segundo, me quedo con su ambiente interior, el silencio que se respiraba (dentro de poco se iba a celebrar la liturgia), la oscuridad que había, sólo rota por las enormes cristaleras de colores que había tras el altar, que dejaban ver una figura de San Francisco.

Sin embargo, también vimos la parte oscura del ser humano. Desde Santiago vimos un pequeño incendio en uno de los montes cercanos. Igualmente, desde el paseo marítimo de La Coruña vimos dos incendios, estos no pequeños precisamente, que estaban muy cerca de la ciudad. Igualmente, en la autopista A9, volviendo de Pontevedra, tuvimos que detenernos y dar la vuelta, porque había un incendio prácticamente al lado. No es algo agradable estar ahí viendo cómo un incendio va avanzando. Y el último que vimos fue volviendo de La Coruña, un pequeño incendio en la mediana de la autopista, que no obligó a cortar la autopista y que estaba perfectamente controlado, pero cuya llamarada, por acción del viento, quedaba prácticamente pegada al coche al pasar. Y, por supuesto, los políticos, en lugar de tratar de colaborar, a dedicarse a culpar a los anteriores.

Dejo aparte a los políticos, que ya no tienen capacidad de decepcionar a nadie, y que dedican prácticamente toda su vida a insultar y despreciar a los contrarios en lugar de buscar formas de que se progrese realmente. En quienes me quiero concentrar es en quienes comenzaron esos incendios. ¿Cómo puede alguien ser tan irresponsable, tan sádico, cómo puede alguien tener tan poco aprecio por la vida humana, como para poner en peligro no sólo la fauna y flora, tan necesarias, sino también a todos aquellos que viven en lugares cercanos, o sencillamente pasaban por ahí, o trataban de extinguir los incendios que ellos habían comenzado? ¿Tanto cuesta pensar en las consecuencias de lo que se hace? Es evidente que si estás por el campo con un vehículo tal como un ciclomotor, un quad o un coche, puede saltar una chispa en cualquier momento. Antes, ni siquiera ICONA podía entrar en un bosque con un vehículo, para evitar riesgos. Ahora, cualquiera puede ir con su trasto a meter ruido, destrozar el suelo y quizás provocar un incendio.

Igualmente, es evidente para cualquier persona con dos dedos de frente que si vas a un lugar, lo mínimo es, al irse, dejarlo como estaba o mejor. Bueno, pues eso parece difícil de entender incluso para los del botellón. No quiero recordar cómo se quedan las márgenes del río Arlanzón los fines de semana, o cuando hay fiestas. Pues así seguramente quedará el monte cuando un irresponsable va a pasar el rato allí: Todo cubierto de botellas, que además de traer contaminación, pueden hacer efecto lupa y originar un incendio.

Lo mismo al usar el campo como cenicero. ¿Qué es eso de ir con el coche y lanzar el cigarro fuera cuando se termina? ¿O fumar en el campo y tirar la colilla sin preocuparse siquiera de si está bien apagada? Pues es una enorme muestra de irresponsabilidad y de egoísmo, ya que a quien haga eso no le importa en absoluto nadie más que él.

En fin, voy a dejar el tema, que me incendio yo también.

Después, otro día fuimos a ver el Valle de los Caídos y el Escorial. La verdad es que el Valle de los Caídos es un lugar que me encanta. Es todo un canto a la reconciliación. Saber que allí están enterrados combatientes de los dos bandos de la Guerra Civil es algo que te hace reflexionar. Para Dios no somos de un bando o de otro. Sencillamente somos hijos suyos, y nos acepta y quiere a todos por igual. Así, bajo la gigantesca cruz del Valle todos somos bienvenidos. Dentro de la basílica no hay ideologías, todos somos hijos de Dios. Da igual quién lo construyera, lo importante es lo que simboliza: Reconciliación, fraternidad, unión.

Es lamentable que haya quienes, por falta de información o por mala fe se empeñen en desprestigiar lo que realmente simboliza el Valle y cómo fue construído. Pío Moa ha escrito un artículo al respecto, pero con ir a los documentos se encuentra la verdad sin necesidad de mucho buscar.

En fin, ese es un pequeño resumen de mis vacaciones. Espero que todos los que hayan tenido también vacaciones lo hayan pasado bien y les haya servido para relajarse y reflexionar.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

Jorge Sáez Criado
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