Y a nadie le importa

Estos últimos días hemos podido comprobar algo que, no por repugnante, era menos lógico: la venta de órganos de niños abortados. Sí, esos “cúmulos de células” que dicen algunos, y que resulta que tienen órganos humanos al que los degenerados de los abortistas y sus adláteres le ponen precio. Ser humano para venderlo, cúmulo de células para matarlo.

Y digo que no es sorprendente por un motivo muy sencillo: una vez que alguien ha entrado en la dinámica de la instrumentalización de la vida y de los niños, pretendiendo tener derecho a eliminar uno si no viene en el momento exacto que nos dé la gana y con el aspecto que nos dé la gana, pretendiendo un derecho a tener un hijo sea como sea, aunque caigan otros por el camino, pretendiendo que los derechos de los adultos caprichosos están por encima del derecho de los niños a un padre y una madre, pretendiendo, en definitiva, que los niños sean un producto del que disponer, poco puede sorprender el remate de la instrumentalización: ya que acabo con él, saco el mayor provecho que pueda.

Tampoco es sorprendente que Obama, ese “respetable” Nobel de la paz, financiado por y financiador de todo esto, busque actuar contra quienes han destapado el tráfico de órganos y vete que se cancele la financiación a esos asesinos. Es lo normal. Lo que le importa es el dinero. Es el poder. Eso se lo dan los trituradores de niños. Pues a ellos les debe lo que es y a ellos se lo paga con creces.

Tampoco sorprende que no haya habido manifestaciones multitudinarias por todo el mundo mostrando repulsa por esto. Si no las hay por la masacre de niños no nacidos, ¿por qué tendría que haberlas por la venta de sus cachos? La mentalidad “globalizada” es una mentalidad mercantilista.

Todo es comercializable. Hace unos días salió la noticia de que Amnistía Internacional también defendía el derecho a la prostitución. ¿Alguien ha visto alguna noticia al respecto en alguno de los medios del régimen o alguna feminista llamando a boicotear a esa gentuza? Yo, desde luego, no.

Todo es un producto. Todo. Y a nadie le importa. Estamos tan impregnados de esta ideología opresora, asesina y asfixiante que reduce todo a las apetencias de cada uno, que da igual. Nos montaremos los razonamientos todo lo rocambolescos que sea necesario para justificarlo, pero seguiremos dando el poder a quienes perpetúan esta ideología. Sean PP, PSOE, Podemos, Ciudadanos… Da igual. Nos justificaremos en un supuesto “mal menor”, en la economía, en la utopía del que quiere vivir sin dar palo al agua, en lo que sea. No hay verdadera ruptura en el sistema ni siquiera en los llamados “antisistema”.

Hemos caído en la trampa. Hoy por hoy, en el aborto, nadie que no quiera ser engañado lo es. Todo el mundo tiene muy claro lo que significa: matar a tu hijo. Es así de simple y no creo que haya nadie tan rematadamente estúpido como para no saberlo. Pero importan más nuestros “derechos de bragueta”, como diría Juan Manuel de Prada. Importa más la economía. Importa más creerse el centro de todo y creer que todo debe manipularse porque puede ser manipulable. Importa más incluso si alguien caza un león o no.

¿A nadie le importa? No, sí que hay gente a la que le importa. Muchos, demasiado bien amaestrados en el buenismo como para decir una palabra más alta que otra. Otros, con pánico a decir “esta boca es mía” fuera de sus propios círculos para que no les miren mal. Los que se atreven a hablar, se encuentran que acaban hablando sólo para los que están ya convencidos. Fuera de ahí, se les asume como ridículos fanáticos extremistas. A veces, incluso por parte de los buenistas que, supuestamente, son del mismo “equipo”.

La sociedad se autorregula para marginar al que no piensa igual. Y ese mismo mecanismo hace que los individuos acepten la forma de pensar que la sociedad impone. No es agradable quedar marginado, ser señalado. Adormecemos la conciencia para que acepte lo que sea y luego nos encontramos con que ya todo da igual. Siempre, claro está, que nadie cuestione los sacrosantos principios que esta sociedad enferma inventa y acepta como dogmas.

¿Pesimismo? En parte, sí. Porque no veo católicos renovar el mundo de la cultura, que es el mundo de las ideas, y las ideas llevan a los actos. Porque los mismos católicos silenciosos que callan ante todas estas barbaridades, educarán a sus hijos tal como ellos mismos son. Porque hemos renunciado a pensar a cambio de sólo sentir. Porque hemos sido domesticados para que no seamos la piedra de toque que deberíamos ser para este sistema corrupto. Porque tenemos la coherencia bien guardadita en casa, por si acaso.

Y optimismo. Porque siempre quedará quien de verdad deje que su fe guíe su vida. Siempre habrá quien quiera luchar por la Verdad. Porque sé quién gana al final. Me gustaría estar en este grupo, en el de los que son valientes. ¿Y a ti?

email

Entradas relacionadas

Jorge Sáez Criado
Seguir Jorge Sáez Criado:

Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.