Y ahora Maragall

Leo en ABC que Maragall opina que “un niño tiene derecho a tener cariño y eso no quiere decir necesariamente un matrimonio clásico”, que en algunos casos “hacen pasar muchos malos tragos porque no se entienden”. Para Maragall, el nombre de la unión entre parejas homosexuales “es lo de menos” y aseguró que en esta cuestión “no estamos discutiendo sobre el nombre, sino sobre otras cosas”.

Bien, vayamos poco a poco.

En primer lugar, por supuesto, un niño tiene derecho a tener cariño. Pero la ley no debe (ni siquiera puede) indicar por parte de quién tiene que venir el cariño.

Además, el muchacho olvida un dato esencial: Un niño también tiene derecho a tener un padre y una madre, igual que él los tuvo. ¿Ese es un derecho de segunda? ¿O es que no le convenía mencionarlo?

Indica que en algunos casos, un matrimonio clásico no se entiende. Bien, las estadísticas indican que en la mayor parte de los casos las parejas homosexuales son altamente inestables. ¿Eso es lo que quiere Maragall? ¿Que el niño vea cómo sus padres (o sus madres) hoy están con uno, mañana con otro, etc? Siempre será mejor elegir la opción más estable, aunque sea hablando con datos puramente estadísticos. Pero claro, eso tampoco le convenía mencionarlo.

Como nota, indicar que las comparaciones, para ser válidas, siempre deben hacerse en igualdad de condiciones. Como es obvio, no es válido preguntar si es mejor una pareja homosexual modelo que una pareja heterosexual donde hay maltratos. Sin embargo, haciendo la comparación como debe ser, es decir, entre un matrimonio heterosexual y una pareja homosexual, ambos que sean estables, ambos que den cariño al niño, ¿con cuál nos quedamos? Lo lógico sería primar los derechos del niño, y el derecho a tener un referente masculino y otro femenino es indudable. La elección es fácil. No es discriminar a los homosexuales, es favorecer a los niños. Son cosas muy distintas, aunque los políticos tengan esa tendencia a retorcer las palabras para que parezcan lo que ellos quieren que parezcan.

Y, ya que estamos con las palabras, el tema del nombre. Pues resulta que es un tema muy importante. Toda manipulación ideológica pasa por la manipulación del lenguaje. Un ejemplo evidente lo tenemos en el nacional socialismo, donde palabras como fanático, odio, etc. pasaron a tener una connotación positiva. Se insistía en no llamar a los enemigos personas, para que se quedara en la conciencia colectiva la idea de que aquellos a quienes se buscaba exterminar no eran personas, y así resultara más fácil para las propias conciencias atacarlos.

En este caso, es lo mismo: Una manipulación del lenguaje. Se equiparan dos cosas que no tienen nada que ver para dar la sensación de que es lo mismo, de que da igual. Aunque no soporte ningún examen objetivo, se insistirá en que sí, que es lo mismo, es un matrimonio.

Caer en este tipo de cosas es lo que tiene no estudiar historia. Nadie va a inventar ahora un nuevo método de manipulación de masas, ya están todos inventados. Hay que tomar conciencia de lo importante que es conocerlos y conocer la historia, y, sobre todo, lo tremendamente importante que es aprender a pensar por uno mismo, independientemente de la opinión de la mayoría. Los medios de manipulación de masas son eso, de masas. A una persona que piensa por sí misma no se la puede engañar tan fácilmente, porque puede ver las falacias que se esconden tran los prejuicios y los giros lingüísticos del manipulador de turno.

Decía Marco Tulio Cicerón: “Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo.” Es una lástima que no pueda decir que sea un pensamiento generalizado.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.

Jorge Sáez Criado
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