Y esto, ¿en qué se diferencia realmente de la esclavitud?

Aquí una noticia que me ha dejado asqueado: Nueva lotería en el Reino Unido: un bebé por 20 libras. Un sorteo de niños. Puede participar cualquiera, da igual. El premio, un bebé. ¿A qué cotas de degeneración y perversión puede llegar el ser humano? ¿Quién es nadie para arrogarse el derecho a “fabricar” un niño como si fuera un vulgar trofeo o una mascota?

Este es el verdadero rostro de las famosas “terapias reproductivas” de fecundación artificial. Si alguien tiene el capricho de tener un niño, le fabricamos el niño. No importa nada más. El capricho manda. Como si fuera un perro, que pasamos por la tienda y lo compramos. Descartamos los que no vengan con las condiciones que queremos (ya que compramos un capricho, que esté bien hecho) y el que quede, nos le quedamos. Ya está: quien quería a toda costa tener un hijo ya lo tiene. Asunto arreglado. ¿Qué más dan los derechos del niño? ¿Qué más dan los embriones desechados? El capricho está satisfecho.

Cuando el ser humano juega a ser Dios, sólo consigue abominaciones.

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Jorge Sáez Criado
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Informático y escritor, ha publicado más de cuarenta artículos en las revistas Icono, Punto de Encuentro, Ecclesia y Sembrar, además de en medios como Católicos con Acción. Autor de los ensayos La Escala de la Felicidad y Cartas desde el corazón a un hijo no nacido y de la novela Apocalipsis: El día del Señor. Puedes echar un vistazo a mis proyectos en la sección de Libros.